—Un caballero quiere verla á usted.

—¿No lo conoces?

—Dice que se llama don Alfredo de Saavedra.

—¡Don Alfredo!...

—Y es muy guapo y muy elegante...

—Que entre, que entre,—dijo la viuda sorprendida.

Alfredo se presentó, saludando con la delicadeza que á su clase convenia, y diciendo despues:

—Señora, hay situaciones en que es preciso apelar á supremos recursos.

—Caballero...