—Con el amor de Eduardo no hay nada que envidiar á ninguna mujer. ¡Cuánta ternura, cuánta delicadeza!... Y dice que quiere que nos casemos en seguida, muy pronto.
—Te casarás antes que Paquita, yo te lo prometo.
—Jura que no puede vivir así, y yo... ¡Ay!
Aquella noche cenó más que nunca la mofletuda niña, porque la felicidad abre el apetito; pero lo que no consiguió fué soñar como Paquita soñaba, porque no era tan nerviosa como esta.
Al dia siguiente, todas sus amigas supieron que el matrimonio debia realizarse en un breve plazo.
Juanito llevó la noticia á la morada de don Pascual.
Paquita escuchó desdeñosamente, y dijo con ironía:
—Me alegraré que Dios los haga felices.
Doña Robustiana estaba loca de contenta, porque habia conseguido hacer un matrimonio más.