Un criado con librea subió para decir á las señoras que el carruaje esperaba.

Se bajó el equipaje, que se encerraba todo en un cofre de respetable antigüedad.

Paquita estaba ataviada vistosamente, y su madre se habia puesto el mejor de sus vestidos.

Don Pascual iba y venia por la habitacion sin pronunciar una palabra.

Llegó el momento feliz.

Bajaron los tres.

Las dos mujeres se acomodaron en el carruaje, con asombro de los vecinos, que las contemplaban y hacian toda clase de comentarios.

Don Pascual tenia que ir á su oficina.

El faeton se puso en movimiento, y desapareció en pocos instantes.

Exhaló un triste suspiro el infeliz Bonacha.