Hay un refran que dice: «Bien vengas mal, si vienes solo.»
El refran debia cumplirse, y una mañana, al presentarse en su oficina, supo Juanito que estaba cesante.
El golpe no podia ser más terrible.
Habia perdido el objeto de su amor, y perdia tambien su empleo, que era lo mismo que perder la comida, puesto que no tenia otro recurso para vivir.
El fingido calavera quedó anonadado.
Le perseguia la más negra fatalidad, mientras que la fortuna sonreia á la mujer que lo miraba desdeñosamente y lo rechazaba con espantosa crueldad.
¿Qué le era posible hacer en tan triste situacion?
Nada tenia que hacer más que acudir á los que otras veces lo habian protegido, para que empleasen su influencia y lo repusiesen en su empleo.
En hacerlo así se ocupó Juanito, y despues de dos semanas consiguió que le diesen una carta, recomendándolo al conde de Romeral, que necesitaba los servicios de un jóven honrado, bien educado y de mediana inteligencia.
No le ofrecian otra cosa á Juanito, y le fué preciso aceptar, pidiéndole á Dios que el conde lo encontrase de su agrado.