Á los diez ó doce segundos, Anabitarte tocó en un vaso con un cuchillo. Como por ensalmo cesó el rumor de penitencia. Tan sólo, junto al postigo, algún lego montaraz se aplicaba unos zurriagazos de propina.
Y se fueron todos tan frescos á sus celdas. Avellaneda estornudaba. Los legos llevaban las costillas largueadas de verdugones.
Aquella noche, Sequeros recibió otra esquelita azul:
«Desde mañana puede usted bajar á la división. Queda desobligado del retiro.
P. Arostegui, S. J.»
HORTUS SICCUS
Estos son retazos de unas memorias íntimas de Bertuco. Los transcribimos tal como aparecen de mano del niño.
Noviembre.
Sicut cinamomo.