Yo no soy congregante, porque, al parecer, soy bastante enredoso. Lo fuí una vez, y en seguida me echaron. Me acuerdo del oficio de la Virgen, que cantábamos. ¡Qué hermoso es! La música da mucha tristeza. La letra no la entiendo toda, porque está en latín; pero hay dos versículos que no los puedo apartar de la cabeza. Uno sobre todo.

Sicut cinamomo.

Verdaderamente, yo no sé si es cinamomo ó cinamomus. ¿Qué más da? Lo tengo pegado á la memoria, y el repetirlo con el pensamiento me produce mucha alegría y me emociona; vamos, no sé explicármelo. ¿Por qué será? Como el cinamomo... La Virgen es como el cinamomo. En el parque de San Francisco, mi tío Alberto me enseñó una vez una mata de cinamomo. Las flores eran muy blancas, muy ligeras, olían muy bien y tenían el corazón de oro... ¡Qué guapa debía de ser la Virgen!... Y la señora Ruth, de seguro, es también como el cinamomo. Desde que se mató el marido, no hemos vuelto á verla en los paseos. Si yo no fuera un niño, me casaba con ella, ahora que está viuda. ¡Cómo llorará la pobre!...

Hoy, que es lunes, han salido los congregantes para hacer sus oficios. Nos hemos quedado aquí en el estudio unos pocos, los informales. El Padre Sequeros nos ha dicho que, de todos los que quedamos aquí, sólo se salvará uno. Cuando él lo dice... ¿Quién será? ¿Ricardín? ¿Yo? Y como llegan los ecos de los cánticos, sicut cinamomo, me han entrado ganas de llorar.

Diciembre.

El temor de Dios.

Yo quiero á la Virgen porque es muy buena y hace milagros con los que son sus devotos. En cambio, Dios, tal como nos lo pintan los Padres, es muy malo. ¡Perdón, Dios mío! Quiero decir que castiga mucho y no perdona nunca. ¡Qué horror! Ya veis, la Virgen sólo quiere que se la quiera; Dios quiere que se le tema, que uno se maltrate y haga penitencias para salvar el alma. Yo quiero salvarme. Al parecer, ningún jesuíta se ha condenado. Seré jesuíta. Vamos, me asusta el que suelen ser muy sucios. Ese Padre Olano... Pues ¿y Conejo? No digamos Mur.

Yo hago muchas mortificaciones, para que Dios se apiade de mis pecados, y porque me lo ordena el Padre Espiritual.

Anoche me dijo Conejo que por qué me arrodillaba en los tránsitos y besaba el suelo, lo que le parecía una majadería. Yo no supe explicar por qué lo hacía, y me dijo que me iba á prohibir que confesara y comulgara. ¡Virgen mía; yo no sé qué pensar ni qué hacer! Tú eres guapa y buena...

Ayer, el papá de Pelayo lo sacó del colegio. Un día vi á Marujina, su hermana; cómo me gusta...