Marzo.
Solo.
Cuando me acuerdo de mi papá creo volverme loco. No me quiere, ni me ha querido nunca. ¿Por qué será? Yo soy bueno. El único que me quiere es mi tío Alberto y la pobre Teodora...
Hoy me escribe el tío: la infeliz Teodora, después de pasar muy mal invierno con sus achaques reumáticos, ha fallecido. Como de tu padre no se sabe nada y se acercan las vacaciones, lo más probable es que las tengas que pasar en mi compañía. ¿No te alegras?
Pues, sí, señor; me alegré, y no sentí remordimiento por haber matado á Teodora, que yo fuí quien la mató. Pero después, sin saber cómo, me sentí muy solo, muy solo.
No conocí á mi madre, Virgen mía.
En su regazo nunca me dormí,
Ni su mirada se posó en la mía.
¡Sé tú mi madre; ten piedad de mí!
No he conocido maternal regazo,