Sequeros

Adelantar los ejercicios de San Ignacio este curso. (Eleva los ojos al cielo.) ¡Oh, santos y divinos ejercicios hechos de luz especial de Dios! ¡El maná guardáis, la médula del Líbano y el granito de mostaza del evangelio!

(Conejo le mira sorprendido; Mur, con aspereza y despego.)

Arostegui

Bueno, bueno; todo eso ya lo hemos oído muchas veces. (Sequeros se encoge de pronto, como caracol al cual trincan un cuerno; indudablemente ha pisado en falso al sacar su alma al sol del entusiasmo.) Habíamos dicho que adelantar los ejercicios este curso; bien. Los adelantaremos. Y hasta entonces, ¿qué remedio ó medicina...?

Sequeros

(Con timidez.) Aumentar la dosis del único que está en mi mano, el que hasta ahora vengo administrando: el amor. Decir tratamiento de amor, es decir tratamiento de indulgencia. Nuestro Padre San Ignacio, en sus Constituciones...

Arostegui

(Frío.) Sí, sí; recomienda la indulgencia; pero es en teología moral, en los ministerios, que en el magisterio y disciplina fué siempre inflexible. ¿Y usted, Padre Prefecto?

Conejo