Sí, sí, la disciplina; una disciplina militar, ¿qué duda tiene? Pero con su cuenta y razón. Lo primero, probar á la división, baquetearla, apretarla las clavijas, de modo que se atemorice y considere lo que se le puede echar encima. Luego, llegada la hora de la sanción... hablo tal como pienso, me inclino al Padre Sequeros, esto es, á la indulgencia. Desde hoy en adelante, y le ruego al Padre Inspector no crea que con esto pretendo desacreditar su conducta, pienso tomar una acción más inmediata sobre la división.

Arostegui

¡Bien, bien! Tú, Mur, ¿qué dices?

Mur

¿Quién soy yo, reverendo Padre?

Arostegui

Pues que te pregunto, señal de que me importa tu opinión y la juzgo de peso.

Mur

Aun cuando mi experiencia es corta, me basta para saber que el hombre es naturalmente malo. Pero ¡qué la experiencia propia! ¿No nos lo dice la sabiduría eterna? El corazón humano es seco, pedregoso, y no lo ablanda si no es el temor de las penas venideras ó el recuerdo de las pasadas, y muchas veces, ni aun eso. Amor... Sí, amor á todo y á todos; es cosa debida. Amor, señaladamente á nuestros santos fines, de los cuales son medios de mucho fuste estas criaturas que se nos encomiendan y en las cuales apuntan ya todos los malos instintos: la sensualidad, el orgullo, la rebeldía; la rebeldía. Amor... No en balde la ciencia, que la tradición elabora, afirma: Quien bien te quiere, te hará llorar.

(Una pausa.)