Arostegui

Procuren la enmienda de la división. (Salen Sequeros, Eraña y Mur. Conejo piensa): «Este viborezno no escatima su ponzoña».


PEDAGOGÍA LAXA

RARA AVIS


El estudio de la tarde era el más pesado; dos horas y media de inacción y recogimiento, desde las cinco y media hasta las ocho, sin otro respiro que la media hora de rosario y lectura espiritual, los cuales solían comenzar á las siete. Terminada la lectura, entraba el Padre Mur á sustituir al Padre Sequeros, promoviendo entre los alumnos cierto malestar medroso. Tras de la aridez del largo día y monótonas faenas de clases y estudios, aquellas dos horas pesaban con abrumadora gravedad. Algunos se dormían sobre los libros, pachorrudamente, contando con que el Padre Sequeros no les había de traer á la vida consciente. Les consentía dormir, que es una manera de guardar compostura, siempre que no roncasen. El pobre Coste estaba incapacitado para este dulce y acomodaticio reparo del tedio, porque, debido á la curiosa configuración de sus carrillos, lo mismo era caer en blando sopor que convertirse en un instrumento que exhalase los sonidos más descompuestos y risibles. Un día ensayó á obturarse la boca con el pañuelo; el remedio le fué fatal, porque si ya en estado de vigilia la exuberancia gaseosa de los intestinos le ponía en feroces aprietos, así que se zambulló en las linfas del sueño, teniendo cegado el desahogo de la boca, las flatulencias de que adolecía se acumularon, buscando otro escape por donde insinuarse libremente, lo cual hicieron con magníficas explosiones. El escándalo fué mayúsculo. Coste despertó, rojo hasta el blanco de los ojos, bien á causa de la vergüenza en que su flaco le puso, bien porque anduviese á punto de ahogarse, faltándole la respiración. Las manifestaciones de sonoridad que caracterizaban á Coste eran de ordinario bastante inoportunas. Por ejemplo, rezábase un día el rosario. Iba conduciéndolo Trinidad, con su voz de contrahecha devoción. Terminada la letanía se llegó á las oraciones finales, que se rezan en silencio.

—Un Credo al sacratísimo Corazón de Jesús.

Y todos oraban en voz baja.

—Una Salve al sacratísimo Corazón de María.