El ensayo de instrumentación religiosa que Coste hizo rezándose el rosario, y el comento sonoro que puso á la plática de Conejo acontecieron en la misma semana. El carrilludo mancebo estaba maravillado viendo que sus manifestaciones explosivas no le acarreaban complicación ni contratiempo. Llegó el domingo. Después de la segunda misa, el Prefecto recorría los estudios, con un gran libro debajo de la axila derecha, y leía las notas semanales que los alumnos hubieran obtenido. Las calificaciones eran las siguientes:
A = Muy bien.
AE = Bien.
E = Bastante bien.
EI = Regular.
I = Bastante mal.
IO = Mal.
O = Muy mal.
Las oes se aplicaban en contadísimas excepciones.
Conejo iba leyendo las notas lentamente. Cada alumno, para oir las suyas, poníase en pie.