De otra meditación, sobre el Pecado de los Ángeles y de nuestro padre Adán.
«Son palabras del Santo. El primer punto será traer á la memoria sobre el primer pecado, que fué de los ángeles; y luego, sobre el mismo, el entendimiento, discurriendo; luego la voluntad, queriendo todo esto memorar y entender por más se avergonzar y confundir, trayendo en comparación de un pecado de los ángeles, tantos pecados míos; y donde ellos, por un pecado, fueron al infierno, cuántas veces yo lo he merecido por tantos... El segundo es hacer otro tanto, es á saber, traer las tres potencias sobre el pecado de Adán y Eva, trayendo á la memoria cómo por el tal pecado hicieron tanta penitencia, y cuánta corrupción vino en el género humano, andando tantas gentes para el infierno. Digo traer á la memoria el segundo de nuestros padres, como después que Adán fué criado en el campo Domaceno, y puesto en el Paraíso terrenal, y Eva ser criada de su costilla, siendo vedado que comiesen del árbol de la Ciencia, y ellos comiendo, y asimismo pecando; y después, vestidos de túnicas pellíceas, y lanzados del Paraíso, vivieron sin la justicia original que habían perdido, toda su vida en muchos trabajos y mucha penitencia... Se describe el Paraíso, sin frío, calor, lluvias ni vientos; flores, frutos sabrosísimos, pájaros y animales dóciles; la felicidad del cuerpo de Adán y Eva... y cómo se pierde todo por un pecado.»
«Derívase el afecto del arrepentimiento. El cielo y la tierra me dan testimonio de que Dios tiene un odio infinito al pecado. ¡Ah, si cayese una sola gota de ese santo odio en mi corazón! ¡Cuánto mejor hubiera sido para mí haberme podrido bajo tierra antes que pudiese pecar!»
De la MEDITACION V, también acerca del pecado. «No hay cosa más vergonzosa que el pecado, ni más infame que el pecador. Figúrate, alma mía, que Dios abre los ojos á todos de modo que puedan ver claramente en tu corazón todos los vicios y todos los pecados que has cometido en tu vida en pensamientos, palabras y obras. ¡Oh, Dios, qué rubor y qué vergüenza sería la tuya! ¿No irías antes á esconderte en las grutas y cuevas de los desiertos, que comparecer delante de los hombres?»
«MEDITACION VI. De las penas del infierno, y singularmente de la pena de daño. Con grande acuerdo propone San Ignacio la meditación de las penas del infierno inmediatamente después de las del pecado, para que así más lo deteste y llore quien por desgracia lo cometió, viendo el reato que trae como consecuencia necesaria.»
«Son palabras de San Ignacio:
«Primer preámbulo, composición de lugar, que es aquí ver con la vista de la imaginación la longura, anchura y profundidad del infierno.»
«El segundo, demandar lo que quiero; será aquí pedir interno sentimiento de la pena que padecen los dañados, para que si del amor del Señor eterno me olvidare por mis faltas, á lo menos el temor de las penas me ayude para no venir en pecado.»
«El primer punto será ver con la vista de la imaginación los grandes fuegos y las ánimas como en cuerpos ígneos.»
«El segundo, oir con las orejas llantos, alaridos, voces, blasfemias contra Cristo nuestro Señor y contra sus santos.»