—Que no te parta, Dorín. Me quedaría yo solo.
Dorín sonreía, con su rostro benévolo y bobalicón.
¡Nunca te olvidaré, Gonzalfáñez; hombre extraño y nombre de romance antiguo! En los paseos nos sorprendías á la vuelta de una calleja, en la linde de un bosque, en la margen de un río, donde menos lo pensáramos. Recuerdo tu esclavina, y tu capucha, y tu bastón enarbolado cual si fuera un báculo, y tu rostro ceñudo y bíblico, cuando repetías infinitas veces según pasábamos y á tiempo que hundías tu pupila torva en los inspectores: «¡Oh, puericia! ¡Oh, puericia santa!» Los inspectores bajaban los ojos y nosotros nos apelmazábamos en las ternas, como rebaño pusilánime, porque los padres nos habían dicho que eras ateo. ¿Qué habrá sido de ti, Gonzalfáñez, nombre alto y sonoro, deidad esquiva de las encrucijadas rústicas?
III
¿Cómo y con qué recursos se edificó el colegio?
Dios, que viste de piedra, cuando no de ladrillo, las buenas intenciones, y de hermosura el lirio de los valles, y da alimento al pajarillo, y pajarillos al milano, dispuso la marcha de los días de manera que en Regium se alzase un cuartel de su amada milicia.
La Compañía de Jesús tiene por norma indeclinable no comenzar la construcción de una nueva casa si no se cuenta de antemano con todo el dinero preciso para darla fin. Lo contrario redundaría en deshonra del instituto, poniéndole quizá en pie de pedigüeñerías y mendigueces.
Las primeras avanzadas de batidores, en este fornido ejército ignaciano, llámanse residencias. Son las residencias pequeñas delegaciones que andan desparramadas por capitales de provincia y pueblos ricos, viviendo de la misa y de la predicación y explorando el terreno por si fuera á propósito para hacer una magna sementera de gracia.
En las últimas décadas del pasado siglo llegó á Regium una de estas delegaciones. La componían los Padres Anabitarte, Olano, Lafont y Cleto Cueto, con el Hermano Mancilla. Los enviaba el cacique de la región, don Nicolás Sol é Il, aquel célebre y ridículo político de la barba enmarañada y esponjosa, de la elocuencia enmarañada y esponjosa, del intelecto enmarañado y esponjoso. Alojáronse en un segundo piso de la plaza de Sol é Il, improvisaron una capillita, y con esto rompieron ya el avance hacia la conquista de la madreselva, que es como ellos, en la intimidad, llaman á la beata.
Las primeras jornadas fueron duras. Hubo noche en que los cinco religiosos se acostaron con las tripas horras.