—Respondo. En cuanto a lo primero, me remito a su juicio de usted. Dice usted que yo soy una persona périta. ¿Qué quiere usted dar a entender con esta palabra?

—Hombre…—tartajeó, turbado, el dentista—, eso la misma palabra lo dice…. Périto es el que conoce una cosa.

—Entonces, ¿por qué no dice usted conocedor, como la mayor parte de las personas?

—Hombre, me pone usted en un aprieto. Périto es también el que conoce mejor una clase de cosas. Yo soy périto en odontología….

—Entonces, ¿por qué no dice usted especialista, como la mayor parte de las personas?

—Me envuelve usted, en lugar de aclarar mis dudas. Yo he dicho périto porque he querido dar a entender varias cosas con una sola palabra.

—Justamente, eso es lo que pretende Belarmino; dar a entender varias cosas con una sola palabra. Y como las palabras que él sabía únicamente expresaban cada cual una cosa, ha inventado un nuevo idioma en que cada palabra indica varias cosas, por lo menos la serie de cosas que producen la cosa más particularmente designada por cada palabra.

—Bien; pero no ha contestado aún a mi primera observación.

—Allá voy. Tengo ya reunido un número considerable de vocablos belarminianos y entiendo algunas de sus sentencias. Por ejemplo: en la conferencia de hoy, la frase «está el que come ante el Diccionario, en el tole tole, hasta el tas, tas, tas», significa: «está el hombre ante el universo, mientras vive, hasta que muere». Esta es la versión literal.

—Bueno; pues esa frase es una perogrullada, y no merece la pena perder el tiempo en estudiar el idioma del zapatero, para, en definitiva, venir a averiguar eso. ¿De manera que el diccionario es el universo? ¿Y qué necesidad hay de mudarle el nombre?