—Sí, yo lo leo, y me gusta mucho. —Y luego, al oído de Alberto—: Me llamo Magdalena: he sido institutriz. Sé tocar el piano y algo de francés. ¿Quieres que te diga un verso?
Laissons à la belle jeunesse
ses folâtres emportements;
nous ne vivons que deux moments;
qu’il en soit un pour la sagesse.
—Me parece que la cita no es muy oportuna...
—Habla bajo —se apresuró á decir la institutriz—. Luego se ríen de mí.
Alberto permaneció pensativo un lapso de tiempo. Magdalena le inspiraba repulsión y simpatía juntamente.
—Ea, me voy —decidió con violencia.
—No, no —y se abrazó á él, presentándole muy próximo el rostro, con las cejas angustiadas y la boca entreabierta.