ni tu cuerpo sutil de pantera.

Eso era en un tiempo mejor;

cuando, insaciable adolescente,

vi, la corona en el laurel,

una Aganipe en cada fuente

y un Pegaso en cada corcel.

Ahora, advierto en la frase horaciana

de la cicuta el amargor.

De las cosechas del mañana

yo mismo seré el sembrador.