Cerré mis ojos al encanto

y al pensar, para mí: «la última vez»,

vi una azucena tinta en llanto

de sangre, ¡Oh, siniestra rojez!

II

Lo que antecede es obra de un amigo

que es poeta sentimental.

Yo, por raro incidente, fuí testigo

de la escena narrada. La vestal

Helena es una daifa de estipendio