nobles que armen el brazo
frágil de mi flaqueza.
Tus ojos, dos cristales
caídos del misterio
del elevado muro
que cerca el firmamento.
Sean, para mi espíritu
caprichoso y enfermo,
ventanales por donde
se asome hacia lo eterno.
nobles que armen el brazo
frágil de mi flaqueza.
Tus ojos, dos cristales
caídos del misterio
del elevado muro
que cerca el firmamento.
Sean, para mi espíritu
caprichoso y enfermo,
ventanales por donde
se asome hacia lo eterno.