Y desde aquel punto se aplicó á convertir á Azor en un perro sabio y acróbata. El animal se prestaba á todo de buen grado, si bien el aprendizaje era prolijo y penoso. Con lo cual perro y amo ganaban; Azor, en habilidad; Alberto, en instinto; á tal punto, que los sentidos llegaron á ejercer una especie de tiranía sobre él.
VI
El autor aconseja al lector que deje de lado este capítulo y vuelva sobre él, si así le place, en concluyendo la novela.
Alberto empleaba sus ocios en aproximarse, moralmente, á sus animales domésticos. Sultán, el perro setter, y Calígula, el gato negro, le hostigaban con misteriosa fuerza la curiosidad. Estudiábalos y pretendía desentrañar en ellos algo así como patrones morales que al pasar hereditariamente transmitidos al hombre hubieran perdido su genuina y originaria sobriedad.
Otro campo de observación fué el gallinero, y en particular el gallo que allí había, de color giro, como dicen los entendidos en animales de pelea; esto es, pardo, con caparazón ó gualdrapa aurina sobre el espinazo. Era una bestezuela estúpida, fanfarriosa, olímpica. Alberto le puso el nombre de Alectryon.
Por último, descubrió un hormiguero en la pomarada de su huerta, y en él un nuevo tema de indagaciones y manantial de fantasías.
Á la noche acostumbraba pasear dentro del salón, de largo en largo, hasta muy tarde. En ocasiones se paraba á escribir. Entreveía un sistema y le aguijaba la angustia de no lograr completarlo palmaria y armoniosamente. He aquí á continuación un traslado de sus papeles, no muy claros, en verdad; citas, notas, esbozos fragmentarios y versos:
«Was ist der Mensch,
Woher ist er kommen,