pero, ahora que el amor te está vedado
y puedes ser cantor de la Sixtina,
tu porte es displicente y ondulante.
Sólo amas la molicie, la quietud.
Eres un pirronista militante
que nada cree; ni en Dios, ni en la virtud.
Yo te paso la mano por el lomo;
y, de mi mano al caricioso influjo,
enarcándolo vas, airoso, como
arco latino de gentil dibujo.