¡Si hasta piensas que el sol tiene sus rayos
tan sólo á fin de calentar tu panza!...
¡Oh, gato, aristocrático y divino!
¿Por qué no ha de existir en la razón
de tu sutil encéfalo felino
la clase de este mundo de ilusión?
Mas ¿no será tal vez tu escepticismo
engendro de tu espíritu amargado,
el sentirte, en el fondo de ti mismo,
un pobre tigre sin hacer, frustrado?