—De Valladolid.
—¿Tienes parientes en algún pueblo de tierra de Campos ú ocasión de irte a vivir allí?
—Sí, ¿por qué?
—¿Por qué? Porque viviendo de verdad en el campo harás buena poesía. Deja a Madrid, hombre. ¿Qué haces aquí, como no sea corromperte y anularte? ¿No te dice nada el ejemplo de Enrique de Mesa, de Gabriel y Galán y, sobre todo, de Unamuno, el mejor poeta que tenemos y uno de los más grandes que hemos tenido?
—Será para ti, y Dios te conserve la oreja.
—Y a ti Dios te la otorgue y algo más.
—Bueno, yo venía a hablarte de un asunto de importancia.
—Estoy a tu disposición.
—Es reservado.
Alberto guió a Teófilo hasta el comedor.