—Toma este dinero.

—No lo necesito.

—Sí; lo necesitas para comer en el viaje.

Márgara lo aceptó sin dar las gracias.

Sor Cruz y sor Sacramento recibieron a Márgara con franca afabilidad. Alberto ayudó a las tres mujeres a acomodarse en un departamento de tercera y aguardó hasta que el tren partiera.

Dos meses después, Antonia recibía una carta de su amiga sor Sacramento, en la cual había un párrafo que rezaba: «Dile al señor de Guzmán que aquella muchacha que nos recomendó en el tren se vino con nosotras directamente al convento, como recogida. Dentro de muy poco profesará. Su piedad es ejemplar, y en esta casa la consideramos como un ángel más que como una mujer.»

PARTE V

ORMUZD y AHRIMÁN

Οἵη περ φύλλων γενεὴ τοίη δὲ καὶ ἀνδρῶν.

Homero.