—¿Por qué me miras así, Alberto? ¿Qué es lo que te figuras?
—En último término son cosas de ellos y a los demás ni nos va ni nos viene.
—Tú no puedes sentir eso que dices. Teófilo es tu amigo. En ocasiones me parecéis hermanos. ¿Crees que Teófilo es feliz?
—Teófilo no puede ser nunca feliz.
—Calla, calla.
—Y ahora está siendo todo lo feliz que puede ser.
—No sabes lo que dices, ¿me oyes? Con todos tus libros y tu ciencia, yo, una mujer ignorante, te digo que no sabes lo que dices. Además, ¿no te has dado cuenta de que esa mujer está matando a Teófilo? ¿No ves que está enfermo, aun cuando él no lo note o lo disimule, y que empeora día por día?
—Sí. Por eso digo que es todo lo feliz que puede ser.
—¿Te has vuelto loco?
Tomaron la vuelta de la casa en silencio.