—No te acalores.

—No lo puedo remediar. Dime qué piensas tú, si es que te merezco confianza.

—Creo que te equivocas.

—¿Que me equivoco? ¿Pretendes darme a entender que Rosina quiere a Teófilo?

—Tal creo.

—¿Y al otro también?

—También. De distinta manera.

—¿Estás de guasa? ¿Qué, se puede querer a dos personas a un tiempo: lo que se dice querer? Vamos. No sabes lo que te dices. Se quiere a una, a una sola. Y si dices lo contrario es porque no sabes lo que es cariño. ¿Qué digo a un tiempo? En toda la vida, me oyes, en toda la vida no se quiere sino a una sola persona. Y hasta sospecho que la mayor parte de la gente no quiere a ninguna.

Se sentaron en la coyuntura de un alto peñascal, poblada de sombra húmeda, verdiclara y sonora. Alberto miró atentamente a Verónica y dijo:

—¿Es eso todo lo que tenías que decirme?