Ya a solas, la mujer se hacía estas consideraciones: «No me ha hablado de dinero. Pensará hacerme un buen regalo. No comprometamos la cosa con impaciencias. A este tío lo cazo yo.» Y corría desaladamente a suscitar la envidia de sus amigas y congéneres, refiriéndoles la singular fortuna que había tenido. No era raro que alguna de las de la camada, en lugar de entristecerse con el bien ajeno, rompiera a reír con sarcasmo.
—¿De qué te ríes, so fétida? Si te pica, arráscate.
—Sí, sí; pues has apañao un bibelote. Con que mu alto, y mu grande, y en la calle de Fuencarral...
—Cabalito ¿y qué?
—¿Y qué? Que has hecho la noche. El mayor miquero de Madrid y su extrarradio.
Miquero quiere decir aquel que burla a las mujeres, dejándoles de satisfacer el debido estipendio.
Si era tal el caso, la mujer no acudía a la cita de la noche. Si la mujer no tenía quién le abriera los ojos, retornaba, prometiéndose un buen regalo para el día siguiente y en la seguridad de cazar aquel tío, hasta que al cabo de ocho días Angelón se cansaba de ella y ella había perdido toda esperanza, y desaparecía entonces del horizonte visible, dándose a todos los diablos y sin haberse atrevido a recriminar a Angelón, que era imponente.
Las empresas amorosas de Ríos no eran todas de tan bajo linaje. Angelón juraba haber suscitado muchas y grandes pasiones entre damas de alta condición. «Para enamorar a las mujeres —decía él— no hay sino un tira y afloja de brutalidad y humildad, de entusiasmo y desdén, y no hay ninguna que se resista. Todo es cuestión de escuela, y mi escuela en esto, como en lo demás de la vida, no han sido los libros, sino la naturaleza. De todos los animales el más tenorio es el palomo. Las horas que yo me pasé, en mi casa de Landeño, sentado junto al palomar... El palomo tiene dos movimientos, dos únicos movimientos isócronos, perfectamente contrarios: se engrifa, se endereza, se pone tieso y muy insolente; después se humilla y arrastra por el suelo el hervoroso buche, suplicando. Y no hay más que esto: primero, hacerles ver que el hombre lo es todo, tiranizarlas; segundo, fingir que uno no es nada, someterse momentáneamente a ellas. Sin el primer movimiento, el segundo no tiene valor alguno, y el primero sin el segundo no da resultados.» En sus éxitos era elemento no despreciable su apostura viril y su rostro cetrino de árabe trasunto, y sobre todo que de la mujer no tomaba en cuenta la personalidad humana, sino el sexo tan solo; no podía tener amigas, sino amantes, y cada hembra, sucesivamente, era para él todas las hembras.
III
Guzmán, sin dinero y con algunas deudas; Angelón, con unos duros y mucho más endeudado que su amigo: tal era el estado de uno y otro cuando se juntaron a vivir en la misma casa. El optimismo de Angelón no desmayaba: lanzábase de continuo y con denuedo a la persecución de la peseta. Los fracasos no le abatían. Al segundo día de estar juntos no tenían un céntimo.