El mismo dia por la mañana le trajeron negros arrastrando á la ciudad, y lo pusieron en la playa, donde todo el pueblo lo fué á ver; conoscí é traté á uno de los que iban con estas mujeres que se halló presente, llamado Bracamonte, de quien y de otros oí lo referido; tenia de largo 18 pies.
Vi tambien en esta misma ciudad otro caiman muerto en el portete della, á donde los navios pequeños y fragatas con la marea entran y con ella salen, que unos negros de un vecino de aquella ciudad, llamado Cazalla, viniendo de una isla de su amo á este portete con la creciente de la marea, acaso le hallaron, que se habia quedado en la menguante precedente en la lama (aquí en esta playa de Panamá crece y mengua la mar tres leguas, y todo este espacio es lama); echáronle un lazo y muerto le trujeron por la popa de la fragata; este caiman era muy grande: tenia de largo 22 pies: yo le vi medir, vile desollar, y del buche le sacaron muchas piedras, que me parece habria tres copas de sombrero de los comunes, unas mayores y otras menores, y las mayores tan grandes como huevo de gallina; es cierto comen piedras y con el calor del buche las digieren; estaban lisas, y por algunas partes gastadas; vi tambien que debajo de los brazos, séame lícito decir, del sobaco, le sacaron unas bolsillas llenas de un olor que no parecia sino almiscle; esto curan al sol y huele como el mismo almiscle; entonces llegó del Perú un hombre rico llamado Bozmediano, y la piel deste animal le dieron; decia lo habia de llevar á España y ponerlo en Santiago de Galicia.
No tienen lengua, sino una paletilla pequeña con que cubren y abren el tragadero, por lo cual debajo del agua no pueden comer; tienen los dientes por una parte acutísimos, por la otra encajan unos en otros; hecha presa no la sueltan hasta que la han despedazado.
Es cosa graciosa verlos cazar gaviotas, pájaros bobos y cuervos marinos y otras aves; cuando éstas se abaten de arriba abajo á pescar, velas venir el caiman, y por debajo del agua va á donde la pobre ave da consigo en el agua, y veniendo con tanta velocidad no puede declinar la caida, como el caballo en medio de la carrera; entonces el caiman antes que llegue al agua abre la boca, y pensando el ave dar en el agua, da en la boca del caiman, y pensando cazar la sardina ó otro pece es cazada, y el caiman, la cabeza fuera del agua levantada, trágase la gaviota ó cuervo marino. El buche desta bestia es calidísimo; aprovéchanse dél, bebido en polvos, contra el dolor de la ijada; son amicísimos de perros y caballos, y por esto la balsa donde van la siguen muchas leguas.
Cuando están cebados y encarnizados en carne humana son muy dañosos, y hacen el daño desta manera: para hacer la presa en el indio ó negro que lava en el rio, ó coge agua, vienen muy ocultamente por debajo della, y viéndola suya, vuelven con una velocidad extraña la cola, y dan con ella un zapatazo en el indio ó negro; cae el indio en el agua, al cual al instante le echan mano con la boca, de donde pueden; llévanlo al rio ó mar adelante hasta que lo ahogan, y sacándolo á tierra se lo comen.
Destos caimanes hay mucha cantidad en otros rios, así desta costa como de Tierra Firme y México, como el temple sea caluroso; en ésta del Pirú no pasan del gran rio de Motape adelante.
Por este rio de Guayaquil arriba (como habemos dicho) se sube en balsas grandes hasta el desembarcadero, veinticinco leguas; hasta el dia de hoy hay requas de mulas y caballos que llevan las mercaderias á aquella ciudad y á otros pueblos que de Panamá vienen á Guayaquil. Viven en esta ciudad y su distrito dos naciones de indios, unos llamados Guamcavillcas, gente bien dispuesta y blanca, limpios en sus vestidos y de buen parecer; los otros se llaman Chonos, morenos, no tan políticos como los Guamcavillcas; los unos y los otros es gente guerrera; sus armas, arco y flecha. Tienen los Chonos mala fama en el vicio nefando; el cabello traen un poco alto y el cogote trasquilado, con lo cual los demás indios los afrentan en burlas y en veras; llámanlos perros chonos cocotados, como luego diremos.
Desde aquí á pocas leguas andadas se llega á un convento de San Augustín fundado en el valle llamado Reque, que tiene por nombre Nuestra Señora de Guadalupe, porque Francisco de Lezcano (á quien el marqués de Cañete, de buena memoria, por ciertos indicios desterró á España), volviendo acá trujo una imágen de Nuestra Señora, del tamaño de la de Guadalupe de España; púsola en la iglesia del pueblo de aquel valle que los padres de San Agustin tenian á su cargo, dándola el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.
Luego que se puso hizo muchos milagros sanando diversas enfermedades, y particularmente á los quebrados. Oí decir al padre fray Gaspar de Carvajal (el cual me dió la profesion) que siendo muy enfermo, como tambien le vi para espirar de esta enfermedad, fué á tener unas novenas, y las tuvo en aquel convento, y al cabo de los nueve dias se halló sano y salvo de su quebradura, como si en su vida no la hobiera tenido, y nunca más padeció aquella enfermedad, viviendo despues muchos años; ya han cesado estos milagros y aun la devocion de la imágen, por la indevocion de los circunvecinos. El convento es religioso y de mucha recreacion; susténtanse en él de 16 á 20 religiosos, con mucha clausura y ejercicio de letras.