[CAPITULO V]
DEL PUEBLO DE GUAYAQUIL
De aquí por mar en balsas se va al segundo pueblo de españoles; no sé las leguas que hay, doblando esta punta hasta Santiago de Guayaquil, y tambien se camina por tierra llana, y en tiempo de aguas, cenagosa. Este pueblo Santiago de Guayaquil es muy caluroso por estar apartado de la mar; tiene mal asiento, por ser edificado en terreno alto, con figura como de silla estradiota, por lo cual no es de cuadras, ni tiene plaza, sino muy pequeña, no cuadrada. Por la una parte y por la otra deste cerro tiene la ribera de un rio grande y caudaloso, navegable, empero no se puede entrar en él si no es con creciente de la mar, ni salir si no es en menguante; tanta es la velocidad y violencia de el agua, cresciendo ó menguando. Críanse en las casas muchas sabandijas, cuales son culebras, y alguna víboras, sapos muy grandes, ratones en cantidad; están cenando, ó en la cama, y vense las culebras correr por el techo tras el raton, que son como las ratas de España; al tiempo de las aguas, infinitos mosquitos, unos zancudos cantores, de noche infectisimos, no dejan dormir; otros pequeños, que de día solamente pican, llamados rodadores, porque en teniendo llena la barriga, como no puedan volar, déjanse caer rodando en el suelo, y otros, y los peores y más pequeños, llamados jejenes, ó comijenes, importunísimos; métense en los ojos y donde pican dejan escociendo la carne por buen rato, con no pequeña comezon.
Es pueblo de contratación, por ser el puerto para la ciudad de Quito, y por se hacer en él muchos y muy buenos navios, y por las sierras de agua que tiene en las montañas el rio arriba, de donde se lleva á la ciudad de Los Reyes mucha y muy buena madera. Tiene dos ó tres excelencias notables: la primera, la carne de puerco es aquí saludable, las aves bonísimas, y sobre todo el agua del rio, particularmente la que se trae de Guayaquil el Viejo, que es donde se pobló este pueblo; van por ella en balsas grandes, en una marea, y vuelven en otra; dicen esta agua corre por cima de la zarzaparrilla, yerba ó bejuco notísimo en todo el mundo por sus buenos efectos para el mal francés, ó bubas por otro nombre, las cuales se verán aquí mejor que en parte de todo el orbe, y sana muy en breve los pacientes, dejándoles la sangre purificada como si no hobieran sido tocados desta enfermedad, con sólo tomarla por el órden que allí se les manda guardar; empero si no se guardan por lo menos seis meses, tornan á recaer; yo vi un hombre gafo en un valle distrito de Quito, llamado Riopampa, que no podía comer con sus manos, y lo pusieron en una hamaca para lo llevar á que se cúrase en este pueblo, y dentro de seis meses le vi en Los Reyes tan gordo y tan sano como si no hobiera tenido enfermedad alguna, y otros he visto volver sanísimos; suficiente excelencia para contrapeso de las plagas referidas. No se da trigo en este pueblo, mas dase maíz muy blanco, y el pan que dél se hace es mejor y más sabroso que el de nuestro trigo; danse muchas naranjas y limas, y frutas de la tierra en cantidad, buenas y sabrosas, y la mejor de todas ellas son las llamadas badeas por nosotros; son tan grandes como melones, la cáscara verde, la carne, digamos, blanca, no de mal sabor; por dentro tiene unos granillos poco menores que garbanzos, con un caldillo que lo uno y lo otro comido sabe á uvas moscateles las más finas; es regalada comida.
Por este rio arriba se sube en balsas para ir á la ciudad de Quito, que dista deste pueblo sesenta leguas, en la sierra y tierra fria, las veinticinco por el rio arriba, las demás por tierra.
Al verano se sube en cuatro ó cinco dias; al ivierno en ocho cuando en menos tiempo, porque se rodea mucho: déjase la madre del rio y declinando sobre la mano derecha á las sabanas, que son unos llanos muy grandes llenos de carrizo, pero anegados del agua que sale de la madre del rio, llévanse las balsas con botadores, porque el agua está enbalsada y no corre; es cierto que si la tierra no fuera tan cálida y llena de mosquitos, causara mucha recreacion navegar por estas sabanas.
En ellas hay algunos pedazos de tierras altas que son como islas, donde los indios tienen sus poblaciones con abundancia de comidas y mantenimientos de los que son naturales á sus tierras: mucha caza de venados y puercos de monte, que tienen el ombligo en el espinazo; pavas, que son unas aves negras grandes, crestas coloradas y no malas al gusto; hay tambien en estas islas tigres no poco dañosos á los indios, y es cosa de admiracion: en estas sabanas hay muchas casas, ó barbacoas por mejor decir, puestas en cuatro cañas de las grandes, en cuadro, tan gruesas como un muslo y muy altas, hincadas en el suelo; tienen su escalera angosta, por donde suben á la barbacoa ó cañizo donde tienen su cama y un toldillo para guarecerse de los mosquitos; aquí duermen por miedo de los tigres; muchos destos indios están toda la noche en peso sin dormir, tocando una flautilla, aunque la música, para nosotros á lo menos, no es muy suave; estas barbacoas no sustentan más que una persona.
Todo este rio, á lo menos en la madre que yo vi, es abundante de caimanes ó lagartos, que son los cocodrilos del rio Nilo, muy grandes, de veinte y cinco pies en largo, y dende abajo, conforme á la edad que tienen; encima del agua no parecen sino vigas, y son tantos, que muchas veces vi á los indios que remaban y guiaban las balsas darles de palos con los botadores para que los dejasen pasar.
Y pues habemos venido á tractar destos lagartos ó caimanes, será justo decir sus propiedades, las cuales he yo visto. Tienen la misma figura que un lagarto, pero tan largos como acabo de decir; son velocísimos en el agua, duermen en tierra, y en ella son perezosísimos, y esto es necesario, por ser de cuerpos tan grandes y de barriga anchos; los pies y manos cortos; el sueño es pesadísimo, porque lo que subcedió con uno destos en Panamá, é yo lo vi muerto en la playa, paso así: que una mañana de San Juan se salieron tres mujeres enamoradas, las cuales vi en aquella ciudad, con sus hombres á lavarse al rio, que es pequeño, y cerca del pueblo; el tiempo os caluroso y de aguas, por ser el ivierno, aunque por San Juan suelen cesar por algunos dias, y así se llama el veranillo de San Juan; llegaron al rio y en una poza se entraron á bañar, en la cual se habia un caiman quedado, que con avenida se subió de la mar por el rio arriba, y como cesó la avenida no pudo volverse á la mar, donde hay muchos; en este aroyo no se crian.
El caiman estaba durmiendo en tierra; bañáronse estas mujeres, y saliendo una á enjugarse, pareciéndole peña el caiman dormido, sentóse encima dél una, y saliendo la otra llamóla convidándola con la peña tan blanda; salió la tercera y convidándola sentóse más hácia la cola, donde los caimanes tienen unas conchas agudas, y como se espinase con ellas, dijo: ¡Oh! qué espinosa peña, y tentando con la mano, no era aún de dia, levantó la cola del caiman, y conosciéndolo dió voces: ¡caiman, caiman! las demás levántanse no poco alborotadas; llamaron á sus hombres, que se habian apartado un poco rio abajo; á las voces acudieron y con sus espadas mataron al caiman antes que entrase en el agua.