[CAPITULO IX]
DEL PUERTO DE PAITA

De aquí al puerto de Paita debe haber diez leguas, poco más ó menos. Es muy bueno y seguro; no le he visto; es escala de todos los navios que bajan del puerto de la ciudad de Los Reyes á Panamá y á México y de los que suben de allá para estos reinos; si tuviera agua y alguna tierra frutífera se hobiera allí poblado un pueblo grande; empero, por esta falta, y de leña, hay en él pocas cosas; el suelo es arena; traen en balsas grandes el agua de más de diez leguas, los indios pocos que allí viven.

Las balsas son mayores que las de Tumbez y la Puna; atrévense con ellas á bajar hasta la Puna y hasta Guayaquil, y volver doblando el cabo Blanco, que es uno de los trabajosos de doblar, y ninguno más de los desta costa del Pirú; aprovéchanse de velas en estas balsas, y de remos en calmas.

[CAPITULO X]
DE LA CIUDAD DE PIURA

De aquí nos metemos un poco la tierra adentro, deben ser otras doce leguas, á la ciudad llamada San Miguel de Piura; ésta fué la primera que edificaron los españoles en este reino. Era ciudad de razonables edificios, casas altas y los vecinos ricos; participaban de los indios de los llanos y de la sierra. Llueve en esta ciudad, aunque poco; es abundante de mantenimientos, así de los de la tierra como de los nuestros, y de ganados; es muy cálida, por estar lejos de la mar, y la tierra produce muchas sabandijas sucias, y entre ellas víboras, culebras y arañas; de las frutas nuestras, cuales son membrillos, granadas, manzanas y otras de muy buen sabor y grandes, son las mejores del mundo. Pero tiene esta ciudad un contrapeso muy notable, que es ser enfermísima de accidentes de ojos, y son incurables, porque al que no le salta el ojo queda ciego, con unos dolores incomportables; apenas vi en aquella ciudad hombre que no fuese tuerto. Esta enfermedad es comun en todos los valles que desta ciudad hay á la de Trujillo, aunque no son tan continuos ni ásperos, y á quien más frecuente les da es á los españoles: á los indios raras veces. En estos valles vi á hombres con semejantes accidentes, encerrados en aposentos oscurísimos, y con el dolor renegaban de quien les habia traido á estas partes; los vecinos desta ciudad, dos ó tres veces, por esta enfermedad la han despoblado y pasándose á vivir los más dellos á un valle llamado Catacaos (no le he visto); es muy fértil y libre de toda enfermedad, pero todavia han quedado algunos en la ciudad por no dejar sus casas y heredades, aunque de pocos años á esta parte se han mudado seis ú ocho leguas más cerca del puerto de Paita, á la barranca del rio de Motape.

[CAPITULO XI]
[DEL VALLE DE XAYANCA]

De aquí se camina la tierra adentro á doce, diez y menos leguas de la costa de la mar hasta la ciudad de Trujillo, que son ochenta leguas tiradas, en cuyo camino hay un despoblado de doce leguas y más sin agua hasta el valle de Xayanca; éste es muy fértil y de muchos indios, y el señor dél, indio muy aespañolado; vístese como nosotros, sírvese de españoles, con su vajilla de plata; es rico y de buenas costumbres.

El valle es tan abundante de mosquitos zancudos, cantores, y de los rodadores, que es como milagro poderlos sufrir los indios, ni los españoles; yo he caminado veces por los Llanos, y aunque en todos los valles hay mosquitos, no tantos como en éste.

[CAPITULO XII]
DE LOS LLANOS