Y para que se entienda qué llamamos Llanos y Sierra, adviértase que desde este valle Xayanca, y aun más abajo, desde Tumbez, aunque allí alcanzan (como dijimos) algunos aguaceros hasta Copiapo, que es el primer valle del distrito del reino de Chille, á lo menos desde el valle de Santa hasta Copiapo no llueve jamás, ni se acuerdan los habitadores dellos haber llovido. Todo el camino, diez leguas en algunas partes, en otras ocho, en otras seis y cuatro leguas en otras, hasta la costa de la mar, es arena muerta, aunque hay pedazos de arena ó tierra fija en algunas partes y á trechos. Entre estos arenales proveyó Dios hobiese valles anchos, unos más que otros, por los cuales corren rios, mayores ó menores, conforme á como tienen más cercana, ó vienen de más adentro de la sierra su nascimiento; la tierra de todos estos valles es de buen migajon, la cual regada con las acequias que los naturales tienen sacadas para regarlos, es abundantísima de todo género de comidas, así suya como nuestra; cógese mucho maíz, trigo, cebada, fríjoles, pepinos, etc.; tienen muchas huertas, con mucho membrillo, manzana, camuesa, naranjas, limas, olivos que llevan mucha y muy buena aceituna, la grande mejor que la de Córdoba, porque tiene más que comer; en muchos dellos se da vino muy bueno, y la caña dulce se cria mucha y gruesa, por lo cual son cómodas para ingenios de azúcar, en muchos de los cuales los hay, como en su lugar diremos. Extiéndense estos Llanos que llamamos (aunque hay grandes médanos de arena) desde el puerto de Paita hasta el valle que dijimos de Copiapo por más de 700 leguas ó poco menos, siguiendo la costa, sin que en ellas llueva; pero desde Mayo comienzan unas garúas, llamadas así de los marineros, que duran hasta Octubre; son unas nieblas espesas, que mojan un poco la tierra, mas no son poderosas á hacerla fructificar; son con todo eso necesarias para las sementeras, porque las defiende de cuando está en berza de los grandes calores del sol; con estas garúas en los cerros y médanos de arena se cria mucha yerba y flores olorosas, las cuales son admirable pasto para el ganado vacuno y yeguas; pero tiene un contrapeso grande, porque no falte á cada cosa su alguacil. Cuando éstas garúas son muchas críanse grande cantidad de ratones entre estas yerbas, y venido el verano, como se sequen y no tengan que comer, descienden ejércitos dellos á buscar comida á los valles, viñas y heredades, y cómense hasta las cáscaras de árboles; esta plaga es irremediable.
El aire que corre por estos arenales es Sur, algunas temporadas muy recio, y es cosa de ver que remolina en estos cerros de arena y levantando la arena la trasporta á otro lugar, y ha subcedido estar durmiendo en estos arenales, porque por ellos va el camino, el pasajero, y viniendo un remolino destos caer sobre el pobre viandante y quedarse alli enterrado en la arena. Fuera de la abundancia que los valles tienen de mieses, son abundantes de árboles frutales, como son guayabas, paltas, plátanos, melones, ciruelas de la tierra y otras fructas, mucho algarrobal; con la fructa de los árboles engordan los ganados abundantísimamente, haciendo la carne muy sabrosa; pero hay en algunas partes unos algarrobos parrados por el suelo, que llevan una algarrobilla, la cual comida de los caballos ó yeguas, luego dan con la crin y cerdas de la cola en el suelo, y porque en el valle de Santa hay más que en otros valles, se llama la algarrobilla de Santa, de donde, cuando algun hombre por enfermedad se pela, le dicen haber comido la algarrobilla de Santa. El rey desta tierra, á quien comunmente llamamos el Inga, para que en estos arenales no se perdiesen los caminantes y se atinase con el camino, tenia puestas de trecho á trecho unas vigas grandes hincadas muy adentro en el arena, por las cuales se gobernaban los pasajeros. Ya esto se ha perdido por el descuido de los corregidores de los distritos, por lo cual es necesaria guia.
Entrando en el valle, por una parte y por otra iba el camino Real entre dos paredes á manera de tapias hechas de barro de mampuesto, de un estado en alto, derecho como una vira, porque los caminantes no entrasen á hacer daño á las sementeras, ni cogiesen una mazorca de maíz ni una guayaba, so pena de la vida, que luego se ejecutaba.
Estas paredes están por muchas partes ya derribadas, y los caminos no en pocas partes van por detrás de las paredes; en tiempo del Inga no se consintiera. Por los arenales ya dijimos no se puede caminar sin guia, y lo más del año se ha de caminar de noche, por los grandes calores del sol; los guias indios son tan diestros en no perder el camino, de dia ni de noche, que parece cosa no creedera.
Lo que llamamos y es sierra son unos cerros muy altos, muchos de los cuales, por su altura, aunque están en la misma línea equinoctial, como es Quito y mucha parte de aquel distrito, y desde allí á Potosí, que son 600 leguas incluidas entre el trópico de Capricornio, porque Potosí está en veinte grados, es muy frio siempre y no pocas las sierras llenas de nieve todo el año, y otros lugares por el frio inhabitables; lo cual los antiguos filósofos tuvieron por inhabitable respecto del mucho calor por andar el sol entre estos dos trópicos, de Cancro á la parte del Norte y de Capricornio á la parte del Sur, veinte é dos grados y medio apartado cada uno de la línea.
En esta sierra hay muchas y muy grandes poblaciones en valles que hay, y en llanos muy espaciosos, como son los del Collao; corre esta cordillera comunmente de 17 á 20 leguas de la mar, y lo bueno deste Perú es esta tierra que dista de la cordillera á la mar, y aun de Chile, como en su lugar diremos.
[CAPITULO XIII]
DEL CAMINO DE LA COSTA
Volviendo á nuestro propósito, desde Xayanca á Trujillo, agora 43 años, poco más ó menos, se caminaba á la tierra adentro ocho leguas y diez de la costa de la mar, ó se declinaba á la costa; yo vine por la costa, donde las bocas de los ríos eran pobladas de muchos pueblos de indios, muy abundantes de comida y pescado; aquí hallábamos gallinas, cabritos y puercos, de valde, porque los mayordomos de los encomenderos que en estos pueblos vivian no nos pedian más precio que tomar las aves y pelallas, y los cabritos desollarlos, y el maíz desgranarlo. Todos estos indios se han acabado, por lo cual ya no se camina por la costa, que era camino más fresco y no menos abundante que el otro. Los indios que quedaban, porque totalmente no faltasen, los han reducido el valle arriba, donde los demás vivian. Era realmente para dar gracias á Nuestro Señor ver unos pueblos llenos de indios y de todo mantenimiento, el cual se daba á todos de gracia. La causa de la destruicion de tanto indio diré cuando tratare de sus costumbres, y para aquí sea suficiente decir, las borracheras. Bajando, pues, de Xayanca á la costa y caminando por ella se venia á salir á siete leguas de Trujillo, á un valle llamado Licapa.
[CAPITULO XIV]
DE LOS DEMÁS VALLES
Volviendo, pues, á Xayanca, y continuando el camino la tierra adentro, á pocas leguas unos de otros, se va de valle en valle, lo cual, si bien se considera, no parece sino que desde Xayanca á Trujillo es todo un valle en diversos rios, empero todos de muy buena agua, que los fertiliza en gran manera. Entre ellos hay uno llamado Zaña, abundantísimo, á donde de pocos años á esta parte se ha poblado un pueblo de españoles de no poca contratación, por los ingenios de azúcar y corambre de cordobanes y por las muchas harinas que dél se sacan para el reino de Tierra Firme; el puerto no es muy bueno; dista del pueblo algunas leguas; ni en toda esta costa, desde Paita á Chile, que es lo último poblado de Chile, los hay buenos; los más son playas. Con el que tienen embarcan sus mercaderias para la ciudad de Los Reyes y para Tierra Firme. Esta población de Zaña destruye á la ciudad de Trujillo, porque dejando sus casas los vecinos de Trujillo se fueron á vivir á Zaña.