[CAPITULO XV]
DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE [21]

[CAPITULO XVI]
DEL VALLE DE CHICAMA

[Es el valle de Chicama] abundante, ancho y largo, donde habia muchos indios dotrinados por religiosos de nuestra Orden, encomendados en el capitan Diego de Mora, varon muy principal en este reino. Entre otros religiosos nuestros de mucha virtud y cristiandad que en la doctrina de aquel valle se han ocupado, fué uno el padre fray Benito de Jarandilla, el cual, despues que entró en él nunca dél salió para vivir en otra parte; aquí se consagró á Nuestro Señor, predicando el Evangelio á los indios con admirable austeridad de vida en todo lo tocante á su profesion, sin jamás se conocer en él cosa de mal ejemplo, sino gran celo á la conversión de aquellos naturales, donde vivió más de 55 años, y ha pocos años, no ha dos cuando escrebí esto, que Nuestro Señor le llevó, como piadosamente creemos, á pagarle sus trabajos. Los indios deste valle tienen dos lenguas, que hablan: los pescadores una, y dificultosísima, y otra no tanto; pocos hablan la general del Inga; este buen religioso las sabia ambas, y la más dificultosa, mejor. Su caridad para con los indios era muy grande, porque curarlos en sus enfermedades, repartir con ellos su racion y quedarse ó contentarse para su mantenimiento con un poco de maíz tostado ó cocido, era como natural. Varon de mucha oracion y penitencia, doquiera que estaba se habia de levantar á media noche á rezar maitines, y á cualquiera hora que le llamaban para confesar al enfermo, con toda el alegria del mundo se levantaba, y aunque el rio viniese muy crecido, no le temia más que si no llevara agua, y es muy grande al verano. Este es comun lenguaje entre los indios, que decian pasaba el rio en un macho que la Orden le habia concedido á uso, por cima del agua, á cualquier hora y cuando más agua traía el rio. Esto no lo escribo por milagro, sino como cosa comunmente dicha entre los indios.

En este valle tiene nuestra sagrada Religion un convento priorato que este religioso venerable fundó, donde se sustentan de ocho á diez religiosos, y favoreciéndolo Nuestro Señor se sustentarán más, porque las haciendas van en crecimiento. El valle es abundantísimo de pan, vino, maíz y demás mantenimientos; danse en él admirablemente los olivos, que cargan de aceituna muy buena. Los demás mantenimientos á la tierra naturales, bonísimos; es famoso por un ingenio de azúcar que allí plantó el capitan Diego de Mora; una cosa que por ser peregrina la diré, que hay en este ingenio, y es que con ser cálido el temple en todo tiempo y todos los valles de los Llanos abunden en moscas y éste las tenga dentro y fuera de las casas de los indios y de los españoles, en la casa que llaman del azúcar y donde se hacen las conservas y están las tinajas llenas de todo género dellas no se halle ni se vea una ni más.

Helo visto, por eso lo digo, pues la miel y el azúcar, madre es de las moscas.

[CAPITULO XVII]
DE LA CIUDAD DE TRUJILLO

Dista la ciudad de Trujillo del valle de Chicama cinco leguas tiradas.

La primera vez que la vi era muy abundante y muy rica; los vecinos, conquistadores, unos hombrazos tan llenos de caridad para con los pasajeros, que en viendo en la plaza un hombre no conocido ó nuevo en la tierra (que llamamos chapeton), á mia sobre tuya lo llevaban á su casa, lo hospedaban, regalaban y ayudaban para el camino, si allí no le daba gusto hacer asiento; un vecino de aquellos, cuando salia de su casa ocupaba toda la calle; no habia meson entonces, ni en muchos años despues, ni carneceria; á todos sobraba lo necesario y aun más, y el que no lo tenia no le faltaba, porque los encomenderos les enviaban el carnero, vaca y lo demás cada dia. Liberalísimos para con los pobres; sus casas muy hartas y sus cajas muy llenas de oro y plata. Ya todo ha cesado y sus hijos han quedado pobres, porque no siguen la cordura, y raras veces retienen las sillas de sus padres.

Dista esta ciudad del puerto, si así se ha de llamar siendo costa brava, dos leguas; surgen los navios más de legua y media de la playa; en el desembarcadero hay mares de tumbo, unas tras otras, con tanta violencia cuanta experimentan los que allí se desembarcan. Aquí hay un poblezuelo que del puerto toma el nombre, llamado Guanchaco. Los indios son grandes nadadores y pescadores; no temen las olas, por más que sean; entran y salen en unas balsillas de juncos gruesos, llamados eneas, que no sufren dos personas, y las que las sufren han de ser muy grandes. En llegando á tierra, cuando vienen de pescar, toman la balsa á cuestas y la llevan á su casa, donde, ó en la playa, la deshacen y enjugan, y cuando se quieren aprovechar della tórnanla á atar.

Conoscí en esta ciudad, entre otros vecinos y encomenderos, al capitan don Juan de Sandoval, hombre muy amigo de los pobres, gran cristiano, muy rico, casado con una señora muy principal de no menores partes que su marido, nascida en el mismo pueblo, llamada doña Florencia de Valverde, hija del capitan Diego de Mora y de doña Ana de Valverde. Este caballero tenia antes que muriese capellanias instituidas en todos los monasterios; su enterramiento escogió en el de San Agustin, cuya capilla mayor edificó; aunque no quiso, el altar mayor fué suyo; al lado del Evangelio hizo un altar advocacion de los Angeles, que adornó con retablos famosos y muy ricos ornamentos labrados en España; dejó mucha renta y poca carga de misas, con la cual se va edificando el convento, ó por mejor decir se ha edificado. En el convento de nuestro padre Santo Domingo se le dice perpétuamente la misa de Nuestra Señora todos los sábados del año, y cada dia la Salve cantada, despues de Completas, como es antiguo uso en la Orden desde su fundación; dejó bastante renta.