En el convento de San Francisco tambien tenia su memoria de misas, y dejó renta para que se pague la limosna dellas.
Mucho tiempo del que vivió tenia en el puerto desta ciudad indios pagados á su costa, para que en llegando el navio al surgidero, que ya dije es de la playa más de legua y media, saliesen en sus balsillas, fuesen al navio y avisasen saliesen ó no saliesen á tierra, porque como el navio surge tan lejos, no venia quebrazon de las olas en tierra; avisados no corren riesgo. Antes de que este caballero tuviese pagados indios para esta bonísima obra perdianse muchos bateles, y los que en ellos venian, porque viniendo á desembarcar, metianse en tierra, no viendo el peligro, y cuando querian volver al navio no podian, por lo cual era necesario zozobrar y perderse. Solia esta ciudad ser de buena contractacion respecto del mucho azúcar y corambre que los vecinos tenian, y por el ganado porcuno que della se llevaba á la de Los Reyes; ya se va perdiendo.
Aunque dije arriba que desde Xayanca á Copiapo no llueve, añidí que á lo menos desde el Puerto de Santa, lo cual es así, porque de cuando en cuando suele llover en estos valles y arenales que hay desde Xayanca y aun más abajo hasta Trujillo y un poco más arriba; y tan recio, y con sus truenos, y en tanta abundancia, que saliendo los rios de madre destruyen los valles, pastos y heredades, como subcedió agora 16 años, poco más, que llovió tanto desde Trujillo para abajo, que se destruyeron muchas haciendas y hobo mucha hambre; oí certificar en Trujillo, donde llegué acabada de pasar esta inundacion, que se temió mucho no se llevase el rio la ciudad; hicieron los reparos posibles, pero como eran sobre arena, permanecian poco tiempo; llegó á tanto, que ya se habia apregonado que, oida la campana, cada uno se pusiese en cobro como mejor pudiese. Proveyó nuestro Señor con su misericordia que el rio divertió por otra parte. Perdióse mucha cantidad de vestidos; arruináronse muchas casas, porque como no se cubren con tejas, ni son á dos aguas, sino terrados y éstos muy leves, llovianse todas y no habia donde guarecer la ropa y comida. Los ornamentos de las iglesias, con dificultad se guardaron. Oí decir á personas que se hallaron en Trujillo en aquella sazon, y á los que en ella habia, que desde el valle de Chicama á Trujillo, que dijimos poner cinco leguas, corrian tres rios que no se podian vadear. Las madres dellos de muy antiguo se ven y se conocen haber por allí corrido rios; los nuestros decian haber quedado desde el diluvio. Los indios afirmaban haber oido á sus viejos que de muchos en muchos años acontecian semejantes aguas é inundaciones, y ahora un año subcedió tal azote, aunque no tan pesado.
Viviendo yo agora 15 años en Trujillo en nuestro convento (celebramos allí la fiesta de Nuestra Señora de la Visitacion con toda la solemnidad posible), cuando salíamos con la procesion ya se habia revuelto el cielo; tronó, relampagueó, llovió, y si las cubiertas de las casas fueran de tejas, corrieran las canales por un poco de tiempo.
Empero estos aguaceros no llegan al valle de Santa. Pasadas estas aguas, son tantos los grillos que se crian en los campos y tierras de pan, y en las casas, que es otro azote y plaga no menor; cómense lo sembrado y lo no sembrado, y en las casas hacen no poco daño. Demás desto, con la putrefaccion de la tierra con las aguas, críanse muchos ratones, que es otra peor plaga. Llueve tambien en esta costa más continuamente que por estos llanos de Trujillo para abajo, en un asiento llamado, mejor diré en unas lomas llamadas de Ariquipa; pero esto es porque la mar, haciendo un grande ensenada, se mete casi á las faldas de la tierra, donde alcanzan muchos aguaceros, por lo cual los indios que aquí habitan más son más serranos que yungas. Visten como serranos. Lo uno y lo otro he visto muchas veces.
Es esta ciudad, como las demás de los Llanos, combatida de terremotos, aunque no tan recios como desde ella para arriba.
[CAPITULO XVIII]
DE LA[S] GUACA[S] DE TRUJILLO
Hállanse en estos reinos, y particularmente en los Llanos, unos enterramientos, comunmente llamados Guacas, que son unos como cerros de tierra amontonada á manos, debajo de la cual los señores destos Llanos se enterraban, y con ellos, segun es fama, y aun experiencia, ponian gran suma de tesoros de oro é plata y la mayor cantidad de plata, tinajas grandes y otras vasijas y tazas para beber, que llamamos cocos. La guaca más famosa era una que estaba poco más de media legua de la ciudad de Trujillo, de la otra banda del rio, de un edificio en partes terrapleno, en partes de ladrillos grandes, ó por mejor decir de adobes pequeños.
Este edificio era muy alto, y en circuito ó de box (si como marineros nos es lícito hablar) debia tener poco menos de media legua.