El monasterio de la Encarnación, de monjas, que ha se fundó poco más de 45 años por doña Leonor Portocarrero y doña Mencia de Sosa, su hija, es como cosa de milagro ver en cuán poco tiempo cuánto ha crecido en toda virtud, y ahora recién profesó cuando se fundó, y se mudó de un sitio corto y breve que tenian junto al convento de San Augustín, que ahora es la perrochia de San Marcello y convento de monjas de la Trinidad, al sitio que ahora tienen, y en aquel dia de nuestra casa se hizo el oficio; yo serví de acólito en la misa mayor.

Ha crecido tanto el número de religiosas profesas, con favor del Altísimo Dios, que el dia de hoy sustenta más de 140 monjas, sin más de 40 novicias, y sin el servicio que tiene de las puertas dentro, con toda religion y ejemplo, cuanta Nuestro Señor la prospere en su servicio. Madre é hija fueron las dos principales fundadoras, las cuales han gobernado, é agora doña Mencia de Sosa abadesa (porque á su madre la llevó Nuestro Señor á gozar al cielo de Su Majestad por el servicio que se le hizo y hace tanta virgen alabando de dia y de noche á su sanctísimo nombre) con tanta prudencia y discrecion, que parece más que humana. Con madre y hija entraron otras dueñas y doncellas: Antonia de Castro y Antonia Velázquez, doña Juana Giron, dos hermanas, doña Isabel y doña Inés de Alvarado, doña Mariana de Adrada, doña Juana Pacheco; todas casi viven el dia de hoy. Tiene este convento una excellencia que no sé si en la cristiandad se halla el dia de hoy: el cuidado en celebrar los oficios divinos; la solemnidad y concierto, con tanta música de voces admirables, con todos géneros de instrumentos, que no parece cosa de acá de la tierra, y sobre todo los sábados á la Salve, donde concurre la mayor parte del pueblo y de las Ordenes muchos religiosos á oirla. Yo confieso de mi que si todos los sábados, hallándome en esta ciudad, me diesen mis prelados licencia para oirla, no la perderia.

Los señores inquisidores muchos sábados no la pierden, y los Virreyes hacen lo mismo.

Ha usado Nuestro Señor con este convento, como el de la Concepción, de su larguísima misericordia y particular cuidado en conservarlos en su servicio, que con no ser los edificios muy altos los ha guardado y guarda de suerte que jamás se ha imaginado cosa que no sea virtud y religion, porque ni duerme ni dormirá el que guarda á Israel.

Guardan la profesion y regla de las monjas de San Pedro de las Dueñas de Salamanca subjetas al Ordinario.

Pretendieron con todas sus fuerzas ser monjas nuestras; empero nunca pudieron acabar con el padre fray Gaspar de Carvajal, de quien arriba brevemente tractamos, siendo provincial, que las recibiese, aunque el prior del convento, el padre maestro fray Tomás de Argomedo, las favorecia todo lo posible y por muchos dias no perdieron la esperanza, y rezaban el órden de rezar nuestro, y guardaban las constituciones de nuestras monjas, hasta que ya perdida tomaron la que tienen y profesan; celebran en este convento el Tránsito de Nuestra Señora.

[CAPITULO XXXIX]
DEL MONASTERIO DE LA CONCEPCIÓN

El monasterio de monjas de la Concepción habrá veinticinco años se fundó; fué fundadora dél doña Inés de Ribera, con gran pujanza de hacienda, así en muebles como en raíces. Hale augmentado Nuestro Señor mucho á su servicio; susténtanse en él hoy más de 120 monjas de velo, y muchas novicias. Hay en él grandes siervas de Dios, grandes religiosas de mucha penitencia, buen gobierno, y entre ellas han gobernado no poco tiempo, con título de suprioras, hasta que Nuestro Señor llevó al cielo á la fundadora, á pagarle el servicio con su favor hecho y el que se hace y se ha de hacer: María de Jesús, gran religiosa, despues de la cual han gobernado dos hermanas: doña Leonor de Ribera y doña Beatriz de Horosco, ya con título de abadesas (porque acabando la una de ser abadesa elegian á la otra), con gran ejemplo, religion, prudencia, modestia y blandura y no poca penitencia, con lo cual á las demás animaban al cumplimiento de lo profesado. Víanlas en los trabajos las primeras, por lo cual nadie se excusaba. Hacen lo que Cristo nos enseñó: El mayor entre vosotros sea como menor, y el que manda sea siervo de los demás. Gracias á Nuestro Señor, ansí no se ha dicho deste monasterio, como ni del otro. Son sujectas al Ordinario.

En lo que toca á la celebracion de los Oficios Divinos, si no son iguales en la música al de la Encarnación, vanles pisando los carcañales, y no les hacemos en esto agravio, porque el otro, como más antiguo y principio, proveyóle Nuestro Señor de voces y destreza en el canto y todo género de música cual se requiere para alabar á su Majestad. No quiero decir más, no me apedreen. Aunque es así, que en este convento hay Religiosas muy diestras, y de voces admirables, y en el órgano famosas.

[CAPITULO XL]
DEL MONASTERIO DE LA TRINIDAD