[CAPITULO XLIII]
DE LAS COFRADÍAS DESTA CIUDAD

La cofradia de la Caridad es rica; tiene una casa de recogimiento del mismo nombre, donde se recogen algunas doncellas pobres debajo del gobierno de una matrona honrada y buena cristiana y se les provee de lo necesario. El dia de la Asumpcion de Nuestra Señora sacan desta casa seis doncellas y las traen en procesion á la iglesia mayor, y aqueste mismo dia se les dan maridos y su dote señalado.

La cofradia del Sanctísimo Sacramento es muy rica y acompáñese en esta ciudad cuando sale fuera con mucha cera y mucho concurso de gente, tanto como en cualquier parte del mundo. Las varas del palio llevan sacerdotes con sus sobrepellices, y el guion asimismo, y dos maceros con dos mazas grandes de plata, delante del Sanctísimo Sacramento. A los sacerdotes que llevan las varas y al del guion y á los maceros les da la cofradia por cada vez á cada uno cuatro reales de limosna. Esta cofradia está fundada en nuestro convento, con las gracias de la de la Minerva de Roma.

La cofradia de la Vera Cruz asimismo está fundada en nuestra casa. Tiene bastantemente lo que ha menester, con su capilla por sí, detrás de la capilla del capitan Diego de Agüero, bien adornada, donde los dias de la Cruz se saca en procesion un pedacito del lignum crucis en que Cristo Nuestro Señor murió, con gran veneracion y concurso de todo el pueblo, y muchas hachas de cera y de más de á media libra, para todos los cofrades.

En otros monasterios hay otras, como en San Francisco, la de la Concepción de Nuestra Señora, muy rica; en San Agustin, la de Santa Lucia y del Crucifijo, que tienen los plateros, y todas tienen sus cofrades que llaman veinticuatros, los cuales en los dias señalados que hacen sus procesiones llevan cirios encendidos, y cuando alguno destos veinticuatro muere, los demás han de acompañar el cuerpo con sus cirios, y le han de mandar decir, cada uno, una misa rezada, y acaece ser uno veinticuatro en tres ó cuatro cofradias, y todos le han de acompañar con sus cirios.

Los negros tienen sus cofradias aparte, y veinticuatros; es cosa de ver qué cirio sacan muriendo algun veinticuatro; yo vi un acompañamiento de una negra que me admiró: es cierto que acompañaban el cuerpo más de treinta cirios, sin la cera menuda; esta cofradia tienen los negros fundada en la iglesia mayor; en San Diego tienen los negros otra capilla y cofradia; demás desto, en San Francisco otra.

En nuestra casa tienen los indios cofradia y capilla y veinticuatros, y lo mismo en San Francisco, y en la Compañía otra del niño Jesús, todas con sus veinticuatros, y es cosa de ver los solemnes enterramientos que se hacen con cera, cirios y posas.

[CAPITULO XLIV]
DE LA CAPILLA DE LA CÁRCEL

La capilla que llaman de la cárcel, donde los presos, así de la cárcel de corte como los de la ciudad, oyen cada dia misa, es una de las buenas cosas que en provecho de los pobres presos se ha fundado en el mundo, y tuvo su principio desta suerte: Habrá 47 años que los mercaderes se juntaron y determinaron entre pocos, no creo fueron diez, de pedir limosna cada semana, ó cada mes (los presos pobres no eran tantos como agora), dos dellos, y de las limosnas tener cuidado de proveerlos de comer, y cuando las limosnas no alcanzasen, ellos de sus haciendas suplirlo; consultáronlo con el Sr. Arzobispo don Jerónimo de Loaysa, de felice recordacion; aprobó su intento, dióles licencia para que pidiesen limosna, y señalóles un tanto que su mayordomo les daria sin ninguna falta; los segundos que pidieron para esta obra sanctisima fueron dos mercaderes que yo conocí mucho y traté: el uno se llamaba Juan Vázquez y el otro Juan Baz; andando pidiendo, determinaron de entrar á pedir limosna al marqués de Cañete, de buena memoria, y para hablarle no fué necesario aguardar mucho, luego les mandó entrar; bésanle las manos, suplícanle les mande dar limosna para los pobres de la cárcel, dícenle lo que entre sí habian determinado; alabóles la obra, y de primera instancia mandóles dar cien pesos, y que para cada mes, dende en adelante, tuviesen cuidado de pedir á su mayordomo cincuenta pesos, que luego se les darian, como así fué. Desta suerte comenzaron á pedir y á tener cuidado de los pobres. Nuestro Señor ha favorecido tanto esta obra de caridad, que la capilla tiene capellan señalado con muy buena prebenda, y el capellan ha de ser graduado, docto, para confesar á los presos, y predicarles, y para que los que han de justiciar, animarlos y salir con ellos.

Agora hay señalados mayordomos y oficiales y tiénese por mucha honra ser de los principales desta cofradia. La advocacion de la capilla es de San Pedro; celébrase la fiesta el dia de su Cátedra con mucha solemnidad, y porque en la capilla no cabe el pueblo, cúbrese la plaza buena parte con velas de navios y el púlpito pónese á la puerta de la capilla, de suerte que en la capilla y plaza cubierta entra toda la gente que concurre.