Sustenta esta ciudad cuatro hospitales; uno de españoles, llamado San Andrés por respeto del marqués de Cañete, D. Andrés Hurtado de Mendoza, de buena memoria, á quien de su hacienda dió muchas limosnas y crecidas, pasadas de 30.000 pesos, como diremos cuando tractaremos de su gobierno y virtudes.

Aqui se curan solamente españoles y negros, de todas las enfermedades, con mucho cuidado y regalo; la enfermeria de las enfermedades cotidianas es á modo de cruz; el un brazo más cercano á la puerta sirve de cuerpo de iglesia; los otros tres para enfermos, en las paredes hechos sus encajes, donde está la cama del enfermo con su cortina delante y de donde puede ver misa. El altar se colocó en medio destos brazos. Despues acá no sé que Virrey la haya hecho tantas limosnas, ni con mucho que llegue á ellas. Fueras destas enfermerias hay otros apartamientos para curar otras enfermedades contagiosas.

Quien con más cuidado comenzó á tenerlo de los pobres hasta que la edad no lo permitió, fué el padre Molina, sacerdote, gran celador del bien de los enfermos, y augmentador de las haciendas del hospital, con notable ejemplo de vida y cristiandad, con la cual acabó el Señor.

Su hermano el secretario Molina se metió á servir á los pobres, donde acabó tambien.

El segundo se llama Santa Ana, donde solamente se curan indios; fundólo á su costa, asi la iglesia como la capilla mayor de bóveda, y lo demás de buenos edificios, el ilustrísimo y reverendísimo fray Jerónimo de Loaysa, primer arzobispo desta ciudad y reino, de felice recordacion, dejándole bastantísima renta, donde murió y está enterrado. El día de su advocacion se gana una y muchas más veces indulgencia plenísima, mejor diré jubileo plenísimo; cúranse aquí los indios de todo el reino que caen enfermos, con todo el regalo y cuidado posible, donde ha habido grandes siervos de Dios, seglares, que se han venido por esclavos ellos mismos, y dedicado al servicio de los indios, y entre ellos floreció en nuestros tiempos el padre Machín, sacerdote vizcaíno, y otro gran siervo de Dios, que todo el dia se ocupaba en pedir limosna á pie por la ciudad, y de noche velaba su cuarto á los enfermos, como si no hobiera trabajado nada entre dia, sin que nadie fuese parte á que descansase. Acabó loablemente; llamábase fulano Ruiz.

El tercero es nombrado el Spíritu Santo; aquí se curan solamente los marineros, porque ellos á su costa le han fundado, y han hecho una buena iglesia; los edificios van labrándose; cada navio le acude con una soldada, fuera de las limosnas que piden en los viajes y otras que marineros é pilotos les dejan al tiempo de su muerte.

Hase fundado otro, que es el cuarto, llamado San Diego, de convalescientes; éste es muy moderno; aquí se da bastante recaudo á los tales, hasta que enteramente han recuperado la salud y puedan trabajar.

Hay otro, llamado San Lázaro, pasado el rio; es el más pobre; comenzóle á fundar y á su costa, muy poco á poco, un buen hombre muy conocido en esta ciudad, é yo le conocí mucho, Anton Sanchez, espadero de oficio y muy enfermo de grandes dolores. Murió este buen hombre, despues del cual se entró á servir allí el padre Cristóbal López Bote, sacerdote muy conocido en este reino, y de mí muy en particular y tractado, á quien Nuestro Señor hizo admirables mercedes, porque habiendo por cierta ocasion muchos años tenido una enemistad que le inquietó mucho y desasosegó, y en lo demás de su sacerdocio hombre muy concertado y muy buen eclesiástico, le tocó la mano del Señor y se consagró allí á servir á los pobres, no sólo españoles, sino negros esclavos é pobres indios, de tales enfermedades que en los demás hospitales no los querian recibir, é los curaba (yo lo vi, y otros muchos) de aquellas enfermedades contagiosas y asquerosas, tan sin asco y con tanto amor y caridad como si fueran sus hijos ó hermanos. Despues le dió Nuestro Señor una enfermedad muy larga y trabajosa, la cual sufria con tanta paciencia cuanta el Señor que se la dió sabia era necesaria para llevarla; su cama, una tabla, murió loablemente en el Señor.

[CAPITULO XLIX]
DE LA IGLESIA MAYOR

Hasta agora la iglesia Mayor desta ciudad era muy pobre de edificios; solamente la capilla mayor era de bóveda, del marqués don Francisco Pizarro, dotada por él con una rica capellania, y al lado del Evangelio, en la pared, tiene su sepultura. Agora se ha hecho una muy buena, de cal y ladrillo, de tres naves, donde se celebran los divinos oficios con mucha puntualidad y canto de órgano; en esta santa iglesia está fundada la cofradia de las ánimas del Purgatorio, en su capilla, con altar previlegiado, donde cada misa que en él se dice se saca un ánima de Purgatorio, y son tantas las que cada dia se dicen, que al cabo del año pasan de cuatro mil, y al sacerdote que la dice se le da luego su limosna acostumbrada; de suerte que se sustentan sacerdotes pobres, porque allí tienen la limosna cierta. Otras capillas de vecinos particulares hay en ella, como es, al lado del Evangelio, la de Nicolás de Rivera, el Viejo, de quien dijimos arriba, con la advocacion de Santa Ana, con buena renta, y al de la Epístola, la de Francisco de Talavera, de quien tambien hicimos breve mencion, con invocacion del Crucifijo.