Los carpinteros tienen aquí su cofradia con la invocacion de San José, y celebran su fiesta con mucha solemnidad. Los zapateros tienen tambien su cofradia, con invocacion de San Crispino y Crispiniano, que los celebraban como mejor pueden. Los negros tienen tambien su cofradia, como ya dijimos.

[CAPITULO L]
DE LOS EDIFICIOS

Los edificios desta ciudad son de adobe, pero buenos, y como no llueve, los techos de las casas son chatos. Las casas principales tienen sus azoteas; desde fuera no parece ciudad, sino un bosque, por las muchas huertas que la cercan, y no ha muchos años que casi todas las casas tenian sus huertas con naranjos, parras grandes y otros árboles frutales de la tierra, por las acequias que por las cuadras pasan; pero agora, como se ha poblado tanto, por maravilla hay casa que tenga dentro de sí árbol ni parra.

La plaza es muy buena y cuadrada, porque toda la ciudad es de cuadras; tiene la plaza las dos frentes cercadas de arcos de ladrillo y sus corredores encima, ó por mejor decir doblados en los portales; arriba mucho ventanaje y muy bueno, de donde se ven los regocijos que en ella se hacen. Estos portales y arqueria adornan mucho la plaza y defienden el sol á los tractantes, el cual á su tiempo es muy caluroso; debajo destos portales hay muchos oficiales de todo género que en la plaza se sufre haya.

[CAPITULO LI]
DE LOS VESTIDOS DE LAS MUJERES

Lo que en esta ciudad admira mucho y aun lo que se habia de refrenar, es los vestidos é trajes de las mujeres; son en esto tan costosas, que casi no se sabe cómo lo pueden sufrir sus maridos. La soberbia dellas es demasiada, y no sabemos en lo que ha de venir á parar; plegue á Dios y no sea en lo que pararon aquellas de quien dice Nuestro Señor: Porque las hijas de Sion se ensoberbecieron (esto es, las ciudadanas); cuando salian de su casa llevaban las gargantas extendidas, los ojos altos á una y á otra parte, guiñándolos, los pasos muy compuestos; el Señor las volverá calvas y les raerá los cabellos de sus cabezas, les quitará sus chapines y jerbillas bordadas, las medias lunas, rodetes, las cadenas y collares de oro, las ajorcas, los tocados costosos, los punzones de oro para partir las crenchas, los zarcillos y los olores, los anillos é piedras preciosas, etc., y por los olores se les dará muy pestilencial olor, y por las cintas de oro, sogas de esparto, etc.

No creo yo hay en lo descubierto del mundo ciudad en su tanto, ni cuatro veces mayor, que á tanta soberbia, en este particular, como esta nuestra ciudad, llegue; acuérdome que los años pasados, más ha de 38, que llegando un religioso nuestro de España, nacido y criado en Toledo, á nuestro convento desta ciudad, cerca de la fiesta del Corpus Christi, tratando della y de la sumptuosidad, majestad y riqueza que aquel dia en Toledo, en calles y ventanas, se mostraba, le decíamos que no nos espantase, porque en nuestra ciudad veria como no le hacia mucha ventaja Toledo. Llegó la fiesta, vió la riqueza que se mostró en los vestidos de las mujeres, adornos de ventanas, altares y calles; dijo que la riqueza de Toledo, en este dia mostrada, no hacia muchas ventajas á la de esta ciudad. Pues es cierto que hay tanta diferencia de entonces agora, en lo que vamos tratando, como de vestidos de aldea á vestidos de corte, con justo título se podria moderar por los virreyes esta soberbia, pero no sé por qué no se modera; y si sé, porque ni los maridos no tienen ánimo para moderarlo, ni los gobernadores tampoco.

[CAPITULO LII]
DEL ACOMPAÑAMIENTO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Habia en esta ciudad una costumbre muy loable, mas ya se va cayendo por la mucha cobdicia, y era que, en tocando la campana del Sanctísimo Sacramento para se dar á los enfermos, por maravilla quedaba hombre en su casa que no acudiese á la iglesia Mayor; las tiendas de los mercaderes se cerraban, y ellos y sus criados, con gran fervor, iban á acompañar al Señor del cielo y de la tierra, y realmente era cosa de ver tanta gente como se llegaba, sin que se viese una capa parda ni de color, sino todos vestidos de negro, y para todos habia cera de media libra, que es gran excelencia, sin reparar si eran cofrades ó no.