Vi esto, siendo seglar, dia del Santísimo Sacramento en la iglesia Mayor. Los mayordomos de las cofradias sacaron su cera; llegóse á ellos uno de los mayordomos del Santísimo Sacramento y díjoles: Volved, señores, vuestra cera á vuestras casas, porque la cofradia no tiene necesidad de cera de otra, y no les consintió dar ni una vela. ¿A dónde, en todo el mundo en la cristiandad, hay ciudad cristiana que haya sucedido tanta grandeza? en aquel tiempo, los oficiales sacaban sus pendones; agora saca cada género de oficio imágenes de bulto en sus andas, en hombros, muy bien labradas y guarnecidas, acompañadas de muchas hachas y cera de media libra, que es no menos grandeza, porque se trae la cera de España.
No conocemos ciudad en ningun reino cristiano que tal tenga.
Hasta las cofradias de los indios y de los negros llevan sus imágenes de bulto, en andas y con sus hachas de cera.
Esta cofradia es muy rica, tiene muy buenas posesiones de casas y tiendas en la Plaza; hizo una custodia, toda de plata de muy buena labor, y muchos pilares macizos de plata, poco menos que un estado de un hombre, y para llevarla en hombros el dia del Santísimo Sacramento son necesarios doce sacerdotes de remuda; ya se lleva en un carreton.
Esta cofradia dimana de la que está fundada en Roma, en la Minerva, que es convento nuestro; tiene suma de gracias, indulgencias y jubileos más que otra alguna, y justísimamente, por concesion apostólica, tenémosla en nuestro convento; subcedió, pues, así, viviendo yo en él, recien sacerdote: El domingo siguiente despues del jueves que se celebra la fiesta en la iglesia Mayor, se celebra en nuestra casa; el sábado antes tráese la custodia de la iglesia Mayor á nuestra casa, para sacar en ella en nuestra procesion el domingo el Santísimo Sacramento, la cual se celebra con mucha pompa y alegria, saliendo del convento y andando una cuadra en torno, y una frente de la cuadra es la plaza. En la peana desta custodia, sobre que se arma toda ella, se fija otra custodia de oro toda, muy bien labrada, con que el ilustrísimo fray Hierónimo de Loaisa, arzobispo de esta ciudad, sirvió á la Majestad del Señor, que vale tres mil pesos, encima de la cual, en su veril, se pone el Santísimo Sacramento. El padre sacristan era un sacerdote muy esencial que yo conocí é traté mucho; fuimos novicios juntos; en un bufete puso las andas en la iglesia, en la capilla del capitan Diego de Agüero, de quien habemos arriba sumariamente tratado. Cubriólas con unos manteles, de los que hay sobrados para los altares; sucedió, pues, así: que aquella noche, quienquiera que fué, notó bien donde se ponia la custodia, y despues ó antes de maitines de media noche, fuese para la custodia, desclavó la de oro y fué nuestro Señor servido que con ser la peana sexavada y por cualquiera de las puertas de los sexavos podía entrar y salir la custodia de oro (no se fija en este lugar ni está en él, sino cuando ha de salir en ella el Santísimo Sacramento) que no acertase aquel infame ladron á sacarla; acertó á desclavarla y no acertó á sacarla. El sacristan era gran siervo de Dios y de nuestra Señora muy devoto; llamábala nuestra Ama; cuando vió por la mañana la custodia de oro desclavada y que no la pudo sacar aquel más que pérfido ladron, arrimada á una de las puertas del sexavo, dió muchas gracias á Nuestro Señor y á su Madre santísima, y si no fuí el primero, fuí el segundo á quien lo dijo. Este sacrílego ladron debia ser algun impio luterano.
[CAPITULO LIII]
DE LA CRISTIANDAD DESTE PUEBLO
Pues porque digamos á gloria de Nuestro Señor lo que resplandece mucho en este pueblo, aunque es así que en los trajes es demasiadamente soberbio, con todo eso es muy cristiano; la cofradia de la Caridad casa tantas doncellas como habemos dicho, y fuera desto, como en todos los monasterios haya tantos jubileos, indulgencias y perdones, los más de los cuales para ganarse requieren confesar y comulgar, es cosa de gran alegria ver en los monasterios tanta frecuencia en confesiones y comuniones. Son, pues, tantos los jubileos que en esta ciudad á los monasterios, iglesias y capillas son concedidos, que no sé yo si, fuera de Roma, hay otra en toda la cristiandad de tantos, ni donde con tanto fervor se acuda á ganarlos, haciendo y tomando los medios que para ganarlos los Sumos Pontífices que los concedieron mandan se tomen.
A toda esta ciudad por una parte la cerca el rio, por las otras tres huertas y viñas llenas de árboles frutales, como dejamos escrito; de los de la tierra, si no son plátanos, ya casi no hay otros, por ser de tan buena fruta como los nuestros. El vino, pan y carne que se gasta es cosa increible; buena población es la que consume en el rastro más de 50.000 carneros, sin los que se gastan en la carneceria, y más de 100 reses vacunas cada semana; carne de puerco no hay quien se atreva á dar abasto; dan tantos para cada dia; oficiales, tanto género dellos como en Sevilla. El puerto, uno de los mejores y más capaz del mundo, abundantísimo á su tiempo de mucho pescado, donde jamás faltan de cuarenta navios grandes y pequeños, y dende arriba, de Panamá, México, Chile y Guayaquil. Empero tiene un gran contrario temeroso y enfadoso, y es los temblores de tierra que la suelen descomponer, como los años pasados sucedió uno que derribó muchos edificios; mas en breve se han tornado á redificar muy mejor que antes, y despues que se tomó en suerte por abogada la fiesta de la Visitacion de Nuestra Señora, ha sido Nuestro Señor servido, por intercesion de su santísima Madre, no haya venido temblor dañoso; celebra la ciudad esta fiesta con procesion, que sale de la iglesia mayor, anda en contorno de la plaza con la solemnidad casi que se celebra la del Corpus Christi, y con tanto concurso del pueblo.
No sale el Santísimo Sacramento, ni las cofradias ni oficiales con sus andas; en lo demás, la misma solemnidad se guarda.