Es combatida esta ciudad de enfermedades que de cuando en cuando Nuestro Señor por nuestros pecados envia, y en otros tiempos lo era de cámaras de sangre, por causa del agua del rio, como dijimos; despues de traída la fuente, esta enfermedad ha cesado. Las enfermedades cuotidianas son, en alcanzando algun nortecillo, romadizo, catarros, juntamente con dolor de costado. El viento Norte en todas estas partes, en Tucumán y Chile, es pestilencial, porque como es de su natural muy frio, en corriendo son estas enfermedades con nosotros, y en todo lo que habitamos desta tierra y de los demás dos reinos no corren otros vientos sino Norte ó Sur, el Sur sano, el Norte enfermo; demás desto, como las mercaderias se traigan de otros reinos, si en ellos han pasado algunas enfermedades contagiosas, nos vienen y cáusanos mucho daño y gran disminucion en los naturales, como ahora lo causa una enfermedad de viruelas juntamente con sarampion, llevándose mucha gente de todas naciones, españoles, naturales, negros, mestizos y de los demás que en estas regiones vivimos, y escribiendo este capítulo, agora actualmente corre otra no de tanto riesgo acá en la Sierra, como lo fué en los Llanos, de sarampion solo, el cual en secándose acude un catarro y tose que de los muy viejos é niños deja pocos, y en la ciudad de Los Reyes hizo mucho daño, particularmente en negros.
Alcancé en esta ciudad algunos de los conquistadores viejos, á los cuales oí decir que llegados á este valle les parecia era imposible morirse, aunque tambien decian habian oido á los indios que no fueran poderosos á conquistarlos si pocos años antes no hubiera venido una enfermedad de romadizo y dolor de costado que consumió la mayor parte dellos. Las frutas nuestras, como son melones, higos, pepinos, etc., y otras de la tierra, en gente desreglada causa grandes calenturas, á los cuales si les halla un poco faltos de virtud, fácilmente los despacha; pero desto es la causa la incontinencia de los necios. Dejó otras particularidades, por no ser prolijo, y no se diga de mí que como aficionado las trato. Serla aficionado no lo niego, por tenerla por patria; en lo demás no digo tanto de bien como en ella, por la bondad de Dios, ha crecido en tan breves años.
[CAPITULO LV]
DE LAS CALIDADES DE LOS NACIDOS EN ELLA
Los que nascen en esta ciudad meros españoles son gentiles hombres por la mayor parte y de buenos entendimientos, y animosos, y lo serían más si los ejercitasen en cosas de guerra; son muy buenos hombres de á caballo y galanos, y para otras cosas que adornan, la policia humana, no les falta habilidad. Por la mayor parte son más prodigos que liberales, y trasportados hacen muchas ventajas á los naturales. En una cosa tienen gran falta, esta no es la culpa suya, sino de los que gobiernan; déseme licencia para tratarlo, porque á ello no me mueve quererme entremeter en cosas de gobierno, sino advertir del daño que podria suceder. La falta que tienen es que esta ciudad es puerto de mar. Pues los nacidos en puerto, que no sepan nadar, que no sepan qué cosa es mar, que no entren en ella, y que si entran luego se marean como si vivieran muy apartados della; esta es la falta. Hasta agora no se sintia, porque no se imaginaba que enemigos de la Iglesia católica y del nombre español nos habian de venir á robar; pero ya que por nuestros pecados lo experimentamos, debian los gobernadores á todos los nacidos en esta ciudad desde muchos años, mandar llevarlos al puerto, enseñarlos á nadar, meterlos en barcos y hacerlos llevar por lo menos dos veces en la semana cuatro leguas y más á la mar, porque se hiciesen á ella, y no que como testigo de vista hablo.
Cuando don García de Mendoza, marqués de Cañete, envió contra el inglés tres navios grandes y otros patajes, yo iba en la Almiranta, y cuantos criollos, así los llamamos, iban en ella, y hombres bien nacidos, en entrando en la mar cayeron como amodorridos, y el dia que vimos al enemigo, de mareados que estaban no eran hombres, y en tierra riñeran con el gran diablo de Palermo, los cuales si estuvieran hechos á entrar en la mar no les subcediera.
Esto no es falta de ánimo, sino falta de ejercicio marítimo; lean los gobernadores á Platon en los libros de sus Leyes, y en los de la República, y deprendan de allí en qué han de ejercitar los muchachos para que puedan y sepan defender su república. Que los nacidos en puerto á la lengua del agua no sepan ni conozcan la mar, notable descuido es; y desto no más. De las mujeres nacidas en esta ciudad, como en las demás de todo el reino, Tucumán y Chile, no tengo que decir sino que hacen mucha ventaja á los varones; perdónenme por escribirlo, y no lo escribiera si no fuera notísimo.
[CAPITULO LVI]
DEL PUERTO Y PUEBLO DEL CALLAO
Dos leguas desta ciudad á la parte del Poniente demora (hablemos como marineros) el puerto desta ciudad, llamado el Callao, poblado de muchos españoles y otras naciones, con su jurisdicción. Ha crecido mucho y crecerá más, por ser templo más fresco y más sano que la ciudad de Los Reyes, á causa de ser fundado á la orilla ó costa de la mar; solamente le falta agua y tierra para los edificios, porque lo uno y lo otro se trae más de media legua, porque el suelo todo es cascajo, y si alguna tierra hay es salitrosa, y de leña no tiene sino mucha falta. Tiene su iglesia mayor, sustenta cuatro conventos; Santo Domingo, llamado por otro nombre Nuestra Señora de Buena Guía, el cual fundó, con autoridad de la Orden, el venerable fray Melchior de Villagomez; despues se ha augmentado de suerte que es priorato. San Francisco, San Agustin, los padres de la Compañía, la Merced: todos se sustentan razonablemente, aunque con pocos religiosos; los más son los nuestros, que son de seis para arriba, y fué necesario fundarlos porque los religiosos que se embarcan y desembarcan se vayan á sus conventos, y no á casa de seglares, que es inconveniente.
Tambien es castigado de temblores de tierra, y de tarde en tarde en inundaciones de la mar, porque cuanto ha que le conosco, que son más de 50 años á esta parte, sola una ha subcedido, que fué gobernando el conde del Villar, de la cual cuando dél tractaremos diremos lo que le subcedió. Sólo una cosa quiero decir, por ser cosa tocante á nuestro convento. Antes de la inundacion, ó juntamente con ella, vino un temblor de tierra muy grande, que derribó y arruinó muchos edificios; en el altar mayor de nuestro convento está la caja del Santísimo Sacramento, y encima desta caja, en un tabernáculo, una imágen de Nuestra Señora de bulto grande; con el temblor cayó la imágen saliendo de su lugar, y fué la Majestad de Dios servido que, habiendo de caer la imágen la cabeza las gradas abajo, y los pies en las gradas altas, que son tres ó cuatro, la hallaron los religiosos, pasado el temblor, acudiendo luego á la iglesia, la cabeza y rostro en la última grada del altar mayor, y los pies en la última grada junto al suelo, como postrada, pidiendo á su hijo benedictísimo misericordia por aquel pueblo, sin que se le hallase ninguna lesion; solamente el pico de la nariz tanto cuanto como desollado; en el encaje de la caja del Sanctísimo Sacramento ni en la caja no se halló cosa alguna más que si no hobiera pasado temblor alguno, ni la caja se movió de su lugar.