[CAPITULO LXXXIV]
DE LA LAGUNA DE CHUCUITO

Pasando adelante por el camino Real, á pocas jornadas de aquí, no son ocho, damos en la laguna de Chucuito. Es la más famosa del mundo y mayor, muy poblada por una parte é por otra. Tiene en torno, y si hablamos como marineros, de boj, ochenta leguas y cuarenta de travesia; casi á la playa della son las poblaciones; los vientos causan en ella tormentas como en la mar, y aun más ásperas, por no tener puerto fondable. Lo que sirve de puerto son totorales, que son una juncia gruesa como el dedo pulgar, y más; aunque allá dentro (digamos en alta mar) se hunda con vientos y tempestades, en llegando á la totora la ola, cesa toda la tormenta; el agua es muy gruesa, nadie la bebe, con no ser tan salada como la de la mar; es abundante de peces por la una y otra costa. Algunas veces se mete la tierra adentro, pero porque el camino Real del Inga iba muy derecho no lo torcia, antes por medio de la ensenada, más ó menos conforme á la derecera del camino, se proseguia, hechas á mano unas calzadas derechas como una vira, y á trecho sus ojos llanos, por los cuales corria el agua. Hay calzada de dos leguas y más, á lo menos, por el otro camino, llamado de Omasuyo; tambien las hay menores, conforme á como es la ensenada; pero ya muchas dellas por esta parte se han perdido por descuido de nuestras justicias, y se rodean en partes de más de dos leguas, en otras menos, y ver aquellas calzadas y caminos derechos perdidos, es compasion.

El remedio al principio era fácil, agora es irremediable. Casi á la orilla, ó costa, y un poco más adentro, á legua y más, tiene sus islas pequeñas en donde vivian indios pescadores llamados en ambas provincias Uros.

Estos no comian jamás maíz, lo cual de fuera parte se traía, ni otra cosa sino pescado, y la raíz desta totora, que es muy blanca, fria y desabrida; gente barbarísima, con lengua diferente de los demás de la tierra firme y la del Inga; muy raros la entendian, ni sabian, por lo cual dificultosamente recibian la fe; decian eran como puercos, pues comian totora como ellos; ya son un poco más políticos, despues que los redujeron á pueblos sacándolos de las isletas de la laguna; van á Potosí á trabajar á sus tiempos, y hacen sus mitas en los tambos, que es decir sirven en ellos y dan recado, que es regularmente por noviembre, pero malo, porque son faltos de carneros para las cargas é para lo demás necesario, aunque se les paga conforme al arancel. Diré lo que me sucedió con uno destos: yo bajaba de la ciudad de La Plata por órden de mi perlado á la de Los Reyes por este mismo mes, y venia á la ciudad de Arequipa; llegué á un tambo donde servian estos Uros, y habiéndome de partir pedí uno ó dos carneros de carga; diéronseme, y un indio que los llevase y volviese; llegando al otro tambo, pagando su trabajo y de los carneros al Uro, díjome: Padre, cómprame un real de pan; yo le respondí: ve tú á comprarlo; respondió: no me lo dará el indio tambero, porque me conoce, soy Uro; repliquéle: Pues tú, Uro, ¿ya sabes comer pan? respondió: si padre, despues que servimos en los tambos. Hales aprovechado la reduccion para que coman pan y beban vino, y para la doctrina ha sido lo principal. Pero verlos antes que amanesca en sus balsas de totora, casi desnudos y navegar y pescar y meterse tres y cuatro leguas y más, por una parte es para dar gracias á Dios, por otra se les tiene mucha lástima, porque caminamos por tierra muy arropados, no nos podemos valer de frio y éstos, desnudos en el agua no lo sienten, ó si lo sienten lo sufren no con tanta pesadumbre como nosotros. Lo que no vi en la mar del Norte, ni en esta del Sur, vi en esta laguna: fué una manga de agua, la cual vista me admiré mucho: no habia visto otra; en la compañia caminábamos cuatro ó cinco de conformidad; venia un piloto que huyendo de la mar quiso ver á Potosí, pero volviéndose á su inclinacion natural, no le habia parecido bien la tierra, y volvióse; preguntéle qué era aquello; entonces me dijo: aquella se llama manga de agua, y si cae en navio sin puente, sin remedio le anega, y de noche son muy peligrosas, porque no las vemos; de dia huimos della como de la muerte; cae de lo alto de las nubes hasta el agua; al viso parecia tan gruesa como un mastil muy grueso de una carraca, y como va descargándose va adelgazando, á la cual, delgada, el viento la pone como un arco hasta que totalmente la nube se queda sin agua; todo esto vi entonces. He dicho esto para probar las tormentas que aquí se padecen; por lo cual, y porque no hay puertos, no se puede navegar con bergantines; uno se hizo é se comenzó á navegar en él, pero con una tormenta se perdió y nunca más se ha hecho otro, ni intentado hacerle. Los indios en sus balsas tambien usan y se aprovechan de velas conforme á como la balsa la sufre.

[CAPITULO LXXXV]
DE LOS PUEBLOS QUE HAY EN ESTA PROVINCIA DE CHUCUITO

Tomó la denominacion esta [31] laguna acerca de los españoles, llamándola la laguna de Chucuito, por razon de una provincia así llamada Chucuito, la más rica del Collao, cuya cabeza es un pueblo así llamado, fundado casi á la playa desta laguna por la una parte, y por la otra sobre un cerro no agrio de subir. Aquí reside, á lo menos tiene su casa, el curaca principal y la justicia, con título de gobernador. Los pueblos subjectos son: á dos leguas, Acora; á tres, Hilavi; á Juli, cuatro; otras tantas á Pomata, y cinco á Cepita, que todas son 18 leguas. Son grandes y ricos de ganados de la tierra, y de los nuestros no hay falta. Nuestra sagrada religion la tuvo á su cargo desde el principio que se redujeron á la Corona Real de Castilla, para la doctrinar, en cuya doctrina se ocupó muchos años augmentando siempre el número de los religiosos, conforme á como nos augmentábamos.

Hobo en ella, ocupados en este oficio evangélico, muchos y muy buenos, y entre ellos el padre fray Melchior de los Reyes, de quien en breve dejamos hecha mencion; el padre fray Augustin de Formicedo, que hoy muy viejo vive; el padre fray Domingo de Narvaez[32], cuyo cuerpo dijimos, enterrado en el Convento de nuestro padre Santo Domingo de los Reyes, en el capítulo pasados siete años se halló entero y los hábitos sin lision; el padre fray Miguel Cerezuela, y el padre fray Domingo de la Cruz, á quien un demonio perseguia de dia y de noche, con otros muchos grandes religiosos y grandes lenguas de la que llamamos Aimará, que es diferente de la general de los Ingas, más abundante y más galana; con cuyos trabajos, artes, vocabularios, cartapacios y sermones otros el dia de hoy triunfan, como si ellos lo hobieran trabajado; quitóla á la Orden don Francisco de Toledo, residiendo en ella treinta religiosos; si con justicia ó con pasion, ya ha dado cuenta á nuestro Señor dello; dióla primeramente á clérigos; despues el pueblo mayor, qu' es Juli, dió á los padres de la Compañia. Pero cuánta diferencia haya (no tracto de los padres de la Compañia, que hacen su oficio religiosamente) del un tiempo al otro, del concierto y ornato de los templos y servicio del altar, los ciegos que pasan por el camino lo ven. Hallábanse en estos pueblos 20.000 indios tributarios; agora no sé si hay tantos, porque se han huido muchos (fama es más de 6.000) á una provincia de infieles y de guerra de los Chunchos, dejando sus mujeres, hijos, casas y haciendas. Por qué causa no es de mio decirla en este lugar; en otro, si me viese sin ningun temor de mal subceso humano, creo lo diria.

En el pueblo de Juli, digo en su término, no lejos, descubrió un indio una veta de plata rica; quiérensela quitar diciendo que el indio no puede tener mina de plata; el procurador del indio apeló para la Real Audiencia de la ciudad de La Plata (yo estaba á la sazon en ella); quítansela; perdióse la veta hasta hoy; no sé en qué se pueda fundar que yo, en mi tierra, como el extraño, no pueda tener mina, principalmente descubriéndola yo.

[CAPITULO LXXXVI]
DEL PUEBLO [DE] COPACAVANA