Desde Pomata, tomando el camino sobre mano izquierda, dejando el Real á la mano derecha, ocho leguas dista el pueblo Copacavana, á donde se redujeron muchos indios que de diversas provincias deste Perú vivian en una isla de la laguna, dos leguas deste asiento y tierra firme, una por mar, otra por tierra; llámase esta isla Tiquicaca, donde era el más famoso adoratorio que el demonio en todos estos reinos tenia, y para su servicio mandaba que de las más provincias dél que señalaba le sirviesen allí indios; solos unos exceptaba, llamados Puquinas, que viven la mayor parte en el camino de Omasuyo, que es de la otra parte de la laguna, por ser gente como de suyo es muy sucia, más que otra destos reinos, como si el demonio fuera muy limpio; antes que estos indios se redujesen y se deshiciese aquel famoso y falso adoratorio, todavia el demonio por los pecados destos, aunque ocultamente, era reverenciado y obedecido, para comprobacion de lo cual diré lo que un religioso nuestro me refirió le habia pasado no ha 25 años, viviendo en un pueblo y doctrinándolo, llamado Tarama, distrito de la ciudad de Guánuco, siete leguas del primer pueblo del valle de Jauja, llamado Butun Jauja, que es decir el gran pueblo de Jauja.
Sucedióle, pues, que estando en esta doctrina llegó á él un fiscal della, indio, y díjole: Padre, aquí está un Cacha, que es un mensajero, de Tiquicaca; el religioso, aunque no habia vivido por allá arriba, tenia noticia deste adoratorio, y luego advirtió á lo que podria ser; dijo al fiscal: tráemelo aquí. Trújoselo. Era un indio bien dispuesto; llegó á guisa de caminante, la manta ceñida; preguntóle: ¿De dónde eres, hijo? Responde: de la isla Tiquicaca. Replicóle: ¿Dónde vas? Respondió: A Quito. (Hay desde Tiquicaca á Quito más de quinientas leguas.) ¿Quién te envia? Responde: El Apo, que es el señor de Tiquicaca. Bien entendió el religioso que el que le inviaba era el demonio. ¿Así Tiquicaca te envia? pues yo os doy mi palabra que no habéis de ir allá y que os tengo de castigar por el mensaje. Del demonio sois mensajero. Respondióle el indio: Padre, yo tengo de ir. El padre: No iréis; yo os azotaré y tresquilaré primero y echaré en la cárcel. Responde el indio: Padre, los azotes y tresquilarme, no lo quitará Tiquicaca; mas dejar de ir no lo impidirás. Viendo esto el religioso, ¿qué habia de hacer? Mándale azotar y tresquilar, á la justicia, por mensajero del demonio, y que lo echen en la cárcel, en el cepo, y toma la llave de la cárcel y cepo; á la mañana va á ver su indio allá en la cárcel; él va á buscar el indio; el cepo hallólo cerrado, pero el indio nunca más le vió. ¿Este fué indio ó demonio, que no pareció más?
El religioso que esto me dijo, y á otros muchos, en la ciudad de Los Reyes, se llama fray Juan de Torrealba, que agora vive en España, hombre de mucha verdad, y no tenia para qué fingirlo.
Para deshacer este adoratorio, que llamamos guacas, fué acertadísimo sacar los indios de aquella isla y poblarlos en la tierra firme, á la lengua casi del agua, en un cerro no alto, llamado así Copacavana. Este pueblo tenia á su cargo un clérigo gran lengua de la Aymará y de la Quichua; así se llama la de los Ingas, llamado el bachiller Montoro; la iglesia es buena; hiciéronla religiosos nuestros, porque este pueblo y otro que dista deste una breve legua, llamado Yunguyo, se encorporaron, cuanto á la doctrina, con la provincia de Chucuito. El buen clérigo mandó hacer á un indio una imágen de bulto, que colocó en la iglesia, al lado de la Epístola, en un altar, por sí; intitulóla de la Purificacion; yo la he visto tres ó cuatro veces; tiene de largo, sin la peana, una vara y cuatro dedos; salió hermosa de rostro, con su Niño Jesús entre los brazos, y aunque es así (como luego diremos) que los indios tienen poca fée ó ninguna, algunos hay en quien Nuestro Señor la ha infundido. Estos son pocos.
En aquel pueblo habia un indio casado que á su mujer daba mala vida y aborrecia grandemente; ella era buena cristiana y devota de aquella imágen de Nuestra Señora; el marido, persuadido del demonio, sacóla al campo para ahorcarla; echóle la soga á la garganta y quísola ahorcar; la india, muy de veras se encomendó á Nuestra Señora, y teniéndola ya su marido para lanzarla de un árbol abajo, apareciósele Nuestra Señora en figura de aquella imágen; el indio deja la mujer é pone pies en polvorosa, mirando para atrás, lleno de temor; la india quedó libre hallándose en el suelo, la cual tambien vió á Nuestra Señora en su favor; vínose á la iglesia, hincóse de rodillas delante del altar de Nuestra Señora, dándola gracias; da noticia deste milagro al clérigo, hácese la averiguacion, traen al marido, confiesa la verdad, que todavia estaba temerosísimo; llámase al corregidor de aquel partido, que á la sazon era don Jerónimo Marañon, convocáronse los clérigos comarcanos, hízose una solemne procesion con los indios del pueblo y otros que acudieron y algunos españoles que por allí se hallaron; luego se comenzaron á multiplicar milagros, que pintaron en las paredes de la iglesia; hízose libro dellos, pero algun luterano oculto que por allí pasó lo hurtó, mas no pudo hurtar la memoria dellos, que como eran frescos no se habian olvidado y tornáronse á escribir.
Los milagros han sido muchos y notables, de los cuales escrebiré dos aquí, que oí al mismo bachiller Montoro: el uno fué que habiendo falta de aguas para las comidas, los indios determinaron hacer una procesion á instancia deste sacerdote, sacando la imágen de Nuestra Señora, y para esto la parcialidad que llaman Hañan saya[33], que es la más principal, tractólo con la menos principal, llamada Urin saya[34], ésta no quiso venir en ellos; los Hañan sayas hacen su procesion; fué Nuestro Señor servido, para confundir á estos indios de poca fe, que, con tener las chácaras juntos, parten linderos, lloviese en la de los Hañan sayas y no en las de los Urin sayas. El otro fué: dos indios, marido y mujer, trujeron de más de cuarenta leguas un hijo solo que tenian contrecho, á Nuestra Señora que se lo cúrase; en abriendo la puerta de la iglesia por la mañana, tomaban su hijo, que ya sabia hablar, tenia de siete á ocho años, y ponian delante del altar de Nuestra Señora; desta suerte le ponian por espacio de diez ó doce dias; sucedió que el niño un dia comenzó á hablar con la imágen de Nuestra Señora y decirla: Señora, ya ha muchos dias que mis padres me ponen aquí delante Vos, para que me saneis, y no me sanais; la comida ya se les ha acabado, y están lejos de nuestra tierra; sáname ya, Señora, y si no, volverémonos á nuestra tierra; dicho esto se levantó el niño sano y salvo, como si no hobiera padecido lesion alguna, y salió á buscar á sus padres que fuera de la iglesia en el patio ó cementerio della estaban.
Volviéronse con su hijo á sus tierras. Las palabras del niño, los demás que allí se hallaron las refirieron. A la fama desta imágen y milagros concurrian en romerias desde el Cuzco, que son más de cien leguas, y desde Potosí, que hay otras tantas, muchas personas, y las que no, enviaban sus limosnas aventajadas; de suerte que si se hobiera tenido un poco más de cuidado fuera riquísima la capilla. Arden delante del altar tres lámparas muy grandes y muy bien labradas, que personas particulares han enviado para el culto de Nuestra Señora; coronas tiene muchas; anillos con piedras riquísimas; quitóse la doctrina al clérigo poco antes que muriese, y dióse por órden de Su Majestad é buena diligencia que se dieron, á los padres de San Augustin, donde tienen un priorato. Ya los milagros no son tan frecuentes, por nuestros pecados, y aun no han cesado los que con las medidas de la imágen se han hecho: el contador Garnica, quebrado, ciñéndose la medida sanó. Los hechos no es de mio escrebirlos, porque piden un libro entero. Los Padres Augustinos ternán cuidado dello.
Fué Nuestro Señor servido, para confusion del demonio y para alumbrar á estos miserables, que cerca de aquel lugar donde con tanta reverencia el demonio era adorado, allí se hiciesen muchos milagros por Nuestra Señora á gloria de Su Majestad y de su Madre sacrosanta.
No creo hay cibdad, en lo que he visto de la de Los Reyes y Potosí, donde no haya capilla de Nuestra Señora de Copacavana, y en pueblos de indios hay no pocas desta advocacion, y en algunos se dice se han hecho milagros, como es en Pucarani, ocho leguas de la ciudad de la Paz; el indio que hizo esta imágen, aunque ha hecho otras, ninguna ha sacado como ella; ha sido llamado á muchas partes y las ha hecho[35], y estando en la ciudad de La Plata le llamó el presidente de la Audiencia para conocerle, el licenciado Cepeda, y dióle silla, diciendo: Quien hace imágen de Nuestra Señora que obra milagros, merece se le dé silla delante de un Presidente.