Con ser esta gente de la calidad referida y la tierra asperísima, el capitan Andrés Manso, natural de la Rioja, con sólo sesenta hombres los subjectó é repartió; sirviéronle y á sus encomenderos como sirven los indios destos reinos, y no trabajó mucho en la conquista dellos, y menos en la de los Chaneses. Agora 29 años, cuando subí la primera vez á la provincia de Los Charcas, ya era muerto; no creo habria siete años.
Este capitan pobló un pueblo que confina con las montañas de los Chiriguanas y con los llanos de los Chaneses; el sitio, llamado por un nombre Condorillo y por el otro el río de los Sauces. Los que lo han visto, que son muchos, dicen no hay en lo descubierto de las Indias temple más saludable; el suelo fértil y alegre. Viviendo aquí con toda paz, y no distando de la ciudad de La Plata ochenta leguas á lo más largo, estos Chiriguanas le engañaron con una ficcion, de las cuales, como habemos dicho, son grandes hombres para fingirlas; fingen, pues, y engañan al pobre capitan, que á pocas leguas de allí habia un valle donde vivian unos indios de extraña figura, muy ricos de oro (entre los Chiriguanas, ni en toda aquella montaña, ni oro ni plata se ha descubierto); que si quiere, ellos le llevarán allá y se los conquistarán, y de los españoles no es necesario más que la mitad, y la otra mitad se queden en el pueblo. Creyóse (que no debiera) dellos, y salió con treinta soldados; los otros treinta con las pocas mujeres dejó en el pueblo; llevó consigo parte de los Chiriguanas, los cuales dejaron concertado con los demás que para el servicio del pueblo se habian quedado, que para tal dia tomasen las armas, y á tal hora de noche; que ellos en el propio dia y hora darian en Andrés Manso, y sus soldados, y desta suerte los matarian á todos. Al dia, pues, ó por mejor decir, á la hora de la noche señalada, los unos dan en el pueblo, los otros en Andrés Manso; matáronlos á todos sin dejar uno ni ninguno, y desde entonces se han quedado señores como agora lo son, y tan enemigos nuestros como antes, y del nombre cristiano; sólo se escapó un mestizo llamado fulano de Almendras, á quien prendieron en el pueblo, y un cacique destos Chiriguanas le quitó que no le matasen, y puso en salvo, porque tenia con él amistad: cosa nunca entre Chiriguanas guardada. Vínose á la ciudad de La Plata, donde á pocos años murió, estando yo presente, á quien entonces confesé y ayudé lo mejor que supe en aquel trance; escapóse otra mestiza que debia estar amancebada con algun Chiriguana, porque se quedó con ellos hasta hoy, como otra vez della diremos; y esto en suma de los Chiriguanas y sus costumbres; prosigamos agora nuestro viaje.
[CAPITULO C]
DEL CERRO DE POTOSÍ
Volviendo á nuestra provincia de Los Charcas, cansado de tractar de la gente más que bárbara Chiriguana, es esta provincia ancha y larga, empero poco poblada y muy áspera, de malos caminos; los indios son más bien dispuestos que los del Collao, más fornidos, los rostros más llenos y en sus vestidos más bien tractados, hablando en comun; son conocidísimos por el vestido, y muy ricos de plata y de ganados, aunque en ganados les hacen ventaja los del Collao, y oro no les falta, sino que no quieren descubrirlo; es fama en el distrito de Chayanta haberlo, no de río, sino veta, pero guárdanla para sí, y no hacen mal.
El Visorrey don Francisco de Toledo, desde Potosí envió con un yanacona que le prometió descubrir esta mina á un religioso nuestro; fué y halló una veta pobre, aunque trujo una piedra pasada toda con clavos de oro; túvose por cosa que no se podía seguir, y así se quedó. Tambien es fama y comun que entre Potosí y Porco, que son ocho leguas, hay minas de azogue, y no es difícil de creer; empero el que la sabe no la quiere descubrir, diciendo que si luego se la han de quitar, se esté por todos; la cual si se descubriese, Su Majestad aumentaria grandemente sus tributos, porque como el azogue necesariamente bajase, no seria necesario seguir veta, sino á tajo abierto labrar en el cerro, y como fuesen las costas menos y más los mineros, los quintos habian de subir; pero esto es ya salir de nuestro intento; dejémoslo á los Contadores.
De la ciudad de La Plata se ponen á Potosí 18 leguas, divididas en tres jornadas, en las cuales hay cinco ventas, y en la primera dos rios; el primero llamado Cachimayo, que es decir rio de la sal, por la sal que en algunas partes por donde corre se hace, porque no es necesario otra cosa quel agua echar en los lugares señalados, y dentro de pocos dias se congela, y buena sal, con ser el agua no muy gruesa, pero no es salobre ni salada. El otro es rio Grande, y solamente al verano se vadea y conviene saber tomar el vado, porque si no, no parará el que lo quisiere vadear hasta los Chiriguanas. Tiene sus puentes de piedra que mandó hacer el famoso marqués de Cañete, de felice memoria, el viejo; la primera del Achimayo; por descuido de las justicias, con una avenida se la llevó el rio; hase hecho legua y media más abajo otra, que se ha tardado en hacella más que se tardó en las dos, porque las dos en dos veranos se hicieron; esta han pasado más de seis.
Es Potosí de forma de un pan de azúcar; sólo á la parte del Poniente se le desgaja una cordillera de un cerro que no creo tiene una legua de largo, y baja. Por la parte del pueblo tiene un cerrillo pegado á sí, á quien llaman Guaina Potosí, como si dijésemos el grande, el viejo Potosí, y á este otro el mozo. Este cerro es conocidísimo entre mil que hobiera; parece que la naturaleza se esmeró en criarle como cosa de donde tanta riqueza habia de salir; es como el centro de todas las Indias, fin é paradero de los que á ellas venimos. Quien no ha visto á Potosí no ha visto las Indias. Es la riqueza del mundo, terror del Turco, freno de los enemigos de la fe y del nombre de los españoles, asombro de los herejes, silencio de las bárbaras naciones. Todos estos epítetos le convienen. Con la riqueza que ha salido de Potosí Italia, Francia, Flandes y Alemaña son ricas, y hasta el Turco tiene en su Tesoro barras de Potosí, y teme al señor deste cerro, en cuyos reinos corre aquella moneda; los enemigos del magno Filippo y de los brazos españoles y de su cristiandad, en trayendo á la memoria que es señor de Potosí, no se atreven á moverse de sus casas; los herejes quedan como despulsados, y cuando los potentados del mundo se quieren conjurar contra la Majestad católica, no aciertan á hablar. Es el más bien hecho cerro que se ha visto en todas las Indias, y si dijésemos en el mundo, no creo seria exageracion; del pie hasta la cumbre y corona dél hay una legua larga. Vese de más de veinte leguas, porque desde un pueblo llamado Aravati, tres leguas de la ciudad de La Plata, más adelante, se ve, y á la parte del Sur, por el camino de los Chichas, de muchas leguas le conocemos. Por todas partes, Oriente y Poniente y Norte y Sur, es abundante de vetas de plata; las ricas que se labran y siguen son las que miran al Oriente; luego diremos sus nombres. Jamás por los indios, antes que los españoles entrasen en este reino y lo poseyesen, fué conocido tener plata, ni jamás indio lo labró, ni vivió en él; era despoblada la tierra á la redonda dél, y el mismo cerro, por ser frigidísimo con estar en veinte grados; ocho leguas dél se labraba el cerco llamado Porco, como diremos concluido con Potosí. Todo él de arriba abajo era una montaña espesa de unos árboles que llamamos quinuas, torcidos, sólo buenos para leña y carbon, en lo cual puede competir con la encina; para enmaderar nadie se aprovecha dél. Su descubrimiento fué desta suerte, y si no me engaño lo descubrieron unos yanaconas de fulano Zúñiga, hombre antiguo en este reino, y si no fué tesorero de la hacienda Real, á lo menos fué uno de los oficiales, á quien conocí en Potosí, y me dijo lo que referiré. Cuando los españoles entraron en este reino, conquistado el Collao y esta provincia de los Charcas, no la tenian por rica más que de miel, por lo cual muchos rehusaron los repartimientos y encomiendas en esta provincia, diciendo que no querian tributos de miel. Verdad es que se labraba el cerro de Porco, de donde se sacaba plata para el Inga antes de la venida de los nuestros. Acobardábales el temple, en partes desabrido, y el cielo como le tenemos pintado, áspero, con tantas tormentas de truenos y rayos, y que Porco á pocas brazas daba en agua. Con todo eso quedaron algunos de los conquistadores antiguos, pero los más fueron de los que llamaban pobladores, venidos despues de llana la tierra. Porco se labraba, y los vecinos de la ciudad de La Plata, que deste cerro dista 25 leguas, iban y venian á sus minas; tambien sus criados, así españoles como indios, que llamamos yanaconas. El camino era tan cursado como agora, en el cual encontraban ganado silvestre, llamado guanacos y vicuñas; son de la misma figura que el ganado doméstico, sino que la color es bermeja de los guanacos y el hocico que tira á negro. La vicuña es más cenceña, de la misma color; el hocico tira un poco á blanco, y el pecho y pescuezo por la parte de abajo blanco. Pues como todo el camino desde la ciudad de La Plata fuese despoblado hasta Porco, algunos indios y españoles llevaban galgos para si saliese algun guanaco, ó vicuña, cazarlo. Sucedió así que yendo ó viniendo algunos indios yanaconas deste fulano de Zúñiga y de otro compañero suyo, y pasando por las faldas de Potosí (va por aquí el camino), salió un guanaco; échanle los perros; el guanaco tira el cerro arriba, y los perros; siguen los indios á los perros y guanaco, el cual subiendo al cerro arriba hizo fuerza con los pies en una veta en la superficie de la tierra, y derrumbó un poco de metal. Los yanaconas que le seguian, como quien conocia el metal, viéndolo dejan de seguir el guanaco; tomándolo é conociéndolo, en su lengua comienzan á decir: caimí mamacolqui, caimí mamacolqui; que quiere decir: esta piedra es de plata, ó madre de plata. Recogen más piedras, llévanlas á su amo, hacen el ensayo: acudió á muchos marcos por quintal, á más de cincuenta; á la voz vino Zúñiga, y vinieron los demás y registraron minas en el cerro.
Este fué el principio y orígen del descubrimiento de Potosí, y es así verdad; desde entonces dejaron de seguir las minas de Porco con aquella frecuencia que antes. La principal veta que se descubrió se llamó y llama la veta Rica; luego la del Estaño, porque la plata es sobre estaño, y la de Mendieta, y éstas son las que agora principalmente se labran, de las cuales ha salido tanta cantidad de plata que asombra al mundo. Si estas vetas desde fuera las miran, parecen como sangraderas, ó quebradas muy angostas, que vienen de arriba abajo. Agora no hay más memoria de leña en él que en la palma de la mano. Al principio los metales eran muy ricos, porque las vetas lo eran, y acudian cuarenta marcos y más por quintal; agora, como están muy bajas, son mucho más pobres. El quintal que acude á tres pesos ensayados, que es á tres cuartos de marco, es muy rico, que son seis onzas; son todas las minas de plata que en este reino se descubren de cabeza, que es decir la riqueza tiénenla en la superficie; como las tierras que se labran la fertilidad es la superficie, y á esta causa los árboles no echan las raíces sino á la haz de la tierra, y por esto, conformándose las minas con los árboles, mientras más fondas se labran, más pobres.