[CAPITULO CI]
DEL CERRO DE POTOSÍ[38]
A la fama de tanta plata, luego se comenzó á despoblar, aunque no del todo, el asiento de Porco y se pasó á Potosí, y poblaron los españoles desta otra parte de un arroyo que pasa al pie del Guayna Potosí; los indios, de la otra parte del arroyo, al pie del cerro; mas como se fué multiplicando la gente, tambien á la parte de los españoles se poblaron no pocos indios, y entre ellos los Carangas á las espaldas de los nuestros. El asiento, así del pueblo de los españoles como de los indios, no es llano, sino en una media ladera, como se requiere en tierra que llueve; el un asiento y el otro lleno de manantiales de agua que Dios nuestro Señor proveyó allí para el beneficio que agora se hace de los metales; si no, ya se hobiera despoblado la mayor parte por falta della, y los manantiales y fuentes, unos están sobre la faz de la tierra, otros á un estado y á menos; el que á dos es muy fondo. El agua en unas partes es mejor que otra, poca para que se pueda beber; guísase con ella de comer y lávase la ropa; no se halla casi cuadra que no tenga muchos manantiales, ni casas sin pozos, y en las calles en muchas dellas revienta el agua. Cuando los metales acudian á mucho más que agora, no los fundian los españoles, sino los indios se los compraban y beneficiaban, y acudian con el precio al criado del señor de la mina. Desta manera el señor de la mina tenia su mayordomo que della tenia cuidado, de hacer los indios ó yanaconas barreteros labrasen, y sacasen el metal á la boca de la mina, adonde cada sábado llegaba el indio fundidor, mirábalo, concertábase por tantos marcos y á otro sábado infaliblemente la traía la plata concertada; estos indios llevaban el metal á sus casas, y lo beneficiaban, y fundian, no con fuelles, porque el metal deste cerro no las sufre; la causa no se sabe; el metal cernido y lavado echábanlo á boca de noche en unas hornazas que llaman guairas, agujereadas, del tamaño de una vara, redondas, y con el aire, que entonces es más vehemente, fundian su metal; de cuando en cuando lo limpiaban y añadian carbon, como vian era necesario, y el indio fundidor para guarecerse del aire estábase al reparo de una paredilla sobre que asentaba su guaira, sufriendo el frio harto recio; derretido el metal y limpio de la escoria, sacaba su tejo de plata y veníase á su casa muy contento. Habia á la sazon en el cerro que dijimos se desmiembra de Potosí, y á la redonda del pueblo, más de 4.000 guairas, que por la mayor parte cada noche ardian, y verlas de fuera y aun dentro del pueblo no parecia sino que el pueblo se abrasaba. La que menos destas fundia salia con un marco de plata, que es riqueza nunca oída. Los indios fundidores ganaban plata, y los señores de las minas no perdian.
El viento con que más cotidianamente fundian era con el Sur, que dijimos llamarse Tomahavi. Proveyó Dios en aquel tiempo deste viento, que casi no faltaba en todo el año, y cuando descansaba algunos dias, luego se hacian procesiones por viento, como por falta de aguas cuando se detienen. Cesaron totalmente las guairas desde que se comenzó el beneficio del azogue, que fué en el segundo año del gobierno de don Francisco de Toledo.
[CAPITULO CII]
LAS VUELTAS QUE HA DADO POTOSÍ
Agora treinta años ya casi Potosí estaba para totalmente perder todo su crédito, si nuestro Señor no proveyera de que se acertase á sacar plata con azogue. Es así, que si en esta sazon llegara un hombre con 200.000 pesos, comprara todas las minas del cerro; las costas muchas, los metales pobres, las minas muy hondas, no parecia se podía sustentar. Empero luego el año adelante se descubre el beneficio del azogue, y torna á revivir de tal manera, que en estos treinta años es casi innumerable la plata que dél ha salido, y pasó así: que muchos años antes, más de diez, llegaron allí unos extranjeros con azogue, y quisieron fundir por él; hicieron las diligencias posibles, y no atinaron á fundir, ó á incorporar, por lo cual las bolas del metal incorporado dejaron con el azogue, desesperados de salir con su intento, y en este tiempo el que las tenia, como por cosa desechada, las tornó á moler y fundir, y sacó plata de donde los otros no atinaron á sacar un grano, que parece prodigio. Despues de hallado este beneficio, y usado muchos años, como los metales fuesen bajando en ley, ya los señores de las minas no se podian sustentar; el ingenio del hombre, dando y tomando, vino un beneficiador á mezclar escoria de los herreros molida con el metal; fundiólo, salióle bien, donde infirió: si la escoria es provechosa, mejor lo será el hierro; da en deshacer el hierro, y con el agua del hierro deshecho incorporó el metal: salióle con más ley y sacó más plata. Pues para deshacer este hierro ¿qué remedio? Eran necesarias muelas de piedra como de barbero, más anchas que altas y de grano más grueso; provee Dios junto á los mismos ingenios tanta piedra désta, que algunos ingenios no á media legua, otros á una, y el que más lejos no la tiene á dos leguas; estas piedras andan con el movimiento del ingenio grande, en el cual debajo de la piedra ponen una artesa bien estanque, con agua, de donde la muela coja agua dando vuelta, y encima de la piedra se pone la plancha del hierro, la cual se va gastando como se gasta el cuchillo en la muela del barbero; de cuando en cuando se requiere verla para que siempre esté encima de la muela; con cada cajon de cincuenta quintales de metal molido y encorporado con azogue se mesclan diez libras de agua, y si á estos cincuenta quintales echan menos, no sacan nada; si más, pierden el agua más que echan, porque no se saca más plata que si echasen las diez libras. Lo necesario á cincuenta quintales es diez libras de agua. En todos los ingenios tienen sus vasos de madera, en que al justo caben diez libras de agua; con éstos las sacan de la artesa donde cae la agua en que se deshace el hierro. Este beneficio es el frecuentado y cierto; algunos han procurado descubrir otros, más sáleles al revés, y si no al revés, no hay quien los siga. En todo este tiempo me hallé en la ciudad de La Plata, que es casi como vivir en Potosí, porque lo malo ó bueno que sucede en aquella villa, luego se publica en La Plata, por la frecuencia de los que van y vienen.
[CAPITULO CIII]
DE LA ABUNDANCIA DE QUE GOZA POTOSÍ
Goza Potosí (á lo menos gozaba) de las mejores mercaderias, paños, sedas, lienzos, vinos y de las demás, de todo lo descubierto de las Indias, porque como en España se cargase lo mejor para la ciudad de Los Reyes, de allí la flor se llevaba á Potosí.
Agora no es así, porque como sea tierra de acarreto, y las mercaderias, que sean buenas que sean malas, se hayan de gastar, no se tiene tanta cuenta como los años pasados. Es pueblo muy abundante de mantenimientos, porque de Cochabamba, que dista dél cincuenta leguas, le llevan el trigo, harinas, tocinos, manteca, y de la ciudad de La Plata, todas las fructas nuestras y mucho trigo é maíz, y de la costa de más de cien leguas el pescado casi salpreso, porque agora cuatro años se obligaron tres ó cuatro de dar pescado salpreso en Potosí, con condicion que otro que ellos no lo pudiese meter, señalándoles la villa el precio, y salieron con ello; tenian en paradas caballos con que lo llevaban; si agora lo hacen, no lo sé. Finalmente, todos los pueblos que se han poblado y se pueblan de españoles en aquella provincia de los Charcas, podemos decir que Potosí los puebla, porque con la confianza de llevarle lo que tienen de labranza y crianza, anima á los españoles á meterse en las montañas de los Chiriguanas, y fundar pueblos en valles calorosísimos, llenos de las plagas referidas, y todo lo allana Potosí.
El pueblo tiene sus plazas donde se venden las cosas necesarias, en cada plaza la suya; la plaza del maíz en grano, la de la harina, la de la leña, la del carbon, la del alcacer y la del metal, y plaza donde se vende el estiércol de los carneros de la tierra, el cual me certificaron se compraba y se vendia cada año en cantidad de 10.000 pesos y más. Pues ¿qué diremos de la de la coca? La plaza principal es muy bien proveida, donde casi todo el año se hallan uvas, las demás fructas, camuesas, manzanas, membrillos, duraznos, melones, naranjas y limas, granadas á su tiempo en cantidad, y hase introducido que no pierde el más estirado nada de su opinion en entrar donde estas cosas se venden, que es una calle larga en la misma plaza junto á la iglesia mayor, hecha por los indios que traen estas cosas, y escoger el propio lo que más gusto le da y enviarlo á su casa; no se repara en la plata. Pues en el mismo cerro hay sus plazas con todas estas cosas, y vino y pan, hasta en la misma coronilla del cerro, que llevan los indios, donde lo venden así á indios como á españoles.