[CAPITULO CVIII]
DEL VALLE TARIJA

Quince leguas á la mano izquierda de Talina, declinando más al Oriente, entramos en el gran valle de Tarija (no le he visto, pero lo que dél dijere sélo de hombres fidedignos que han vivido en él), ancho y espacioso, abundante de todas comidas nuestras y de la tierra, y de ganados de los nuestros, donde se dan viñas y buen vino con las demás fructas españolas; los años pasados, deben ser más de 45, fué poblado de estancias de ganados nuestros; la más principal era del capitan Juan Ortiz de Zárate, que despues fué Adelantado del Rio de la Plata, de quien habemos de tractar en breve, donde tenia copia de ganado vacuno.

Los indios Chiriguanas, creo en las guerras civiles contra el tirano Francisco Hernandez, viendo la poca gente de los nuestros, y sin armas, dieron en ellos, mataron algunos, otros huyeron y se salvaron, de los cuales conocí dos ó tres; los Chiriguanas se apoderaron del valle, á lo menos quedaron libres de los nuestros que en aquella frontera vivian; dejóse allí el ganado vacuno, que en grande abundancia se multiplicó, vuelto silvestre y bravo, y como acá llamamos cimarron. Visitando este reino el Visorrey don Francisco de Toledo, y llegando á la ciudad de La Plata, sabida la calidad del valle, y la importancia de ser poblado, para el freno por aquella parte de los Chiriguanas, que por allí hacian no poco daño á los Chichas, y aun les pagaban tributo, nombró por corregidor é para edificar allí un pueblo de españoles al capitan Luis de Fuentes, con el cual fué alguna gente con sus armas y caballos, y un religioso nuestro, llamado fray Francisco Sedeño, predicador y fraile esencial, por cura y vicario de los españoles, con licencia del padre fray García de Toledo, que á la sazon era provincial, y comision de la sede vacante, porque clérigo ninguno quiso ir; llevaba tambien órden de nuestro provincial para edificar convento, lo cual hizo; llegaron sin dificultad, aunque entonces era un poco peligroso el camino, pero tuviéronla en la poblacion, por tener á los Chiriguanas muy cerca que los molestaban, mas fueron poca parte; hicieron sus casas fuertes en el lugar más cómodo que hallaron, y en menos de treinta años ha crecido tanto, que hay en él hombres cuyas haciendas valen más de 30.000 pesos, y si tuviera indios de servicio, hobiera crecido más.

Fuéles de mucha ayuda el ganado, porque como desamparado y sin dueño lo mataban y se sustentaban dél, y agora no hay poco, pero más arredrado, huyendo de las mechas de los arcabuces, que de muy lejos las huelen. Primero se mandó por pregones que los señores de aquel ganado lo sacasen dentro de tanto tiempo, so pena darlo por desamparado; mas como no hobiese, ó no pareciese dueño, y aunque pareciera y trujera el ejército del Turco no lo pudiera sacar, declaróse ó dióse por cimarron desamparado; agora no hay vecino que no tenga, cual más, cual menos, manso y corralero, no de aquello, sino de otro manso que han llevado, y no les falta ovejuno y porcuno; de Potosí vienen á comprarles lo que tienen, y si no, ellos lo llevan; en el valle menor fundaron otro pueblo, de buenas aguas y sábalos con otros géneros de peces; es abundante de víboras y sabandijas ponzoñosas, como los demás valles de los Charcas, empero ellas huirán de los españoles ó se acabarán. Cae en tierras de la provincia de los Chichas. El Inga, cuando era señor desta tierra, tenia aquí guarnicion de gente de guerra contra estos Chiriguanas, los cuales, entrando los nuestros en este reino, la dejaron y se volvieron á sus tierras.

Hállanse en este valle á la ribera y barrancas del rio sepulturas de gigantes, muchos huesos, cabezas y muelas, que si no se ve, no se puede creer cuán grandes eran; cómo se acabasen ignórase, porque como estos indios no tengan escripturas, la memoria de cosas raras y notables fácilmente se pierde.

Certificóme este religioso nuestro haber visto una cabeza en el cóncavo de la cual cabia una espada mayor de la marca, desde la guarnicion á la punta, que por lo menos era mayor que una adarga; y no es dificultoso de creer, porque siendo yo estudiante de Teología en nuestro convento de Los Reyes, el gobernador Castro envió al padre prior fray Antonio de Ervias, que nos la leía, y despues fué obispo de Cartagena, en el reino de Tierra Firme, que actualmente estaba leyendo, una muela de un gigante que le habian enviado desde la ciudad de Córdoba del reino de Tucumán, de la cual diremos en su lugar, y un artejo de un dedo, el de en medio de los tres que en cada dedo tenemos, y acabada la lection nos pusimos á ver qué tan grande seria la cabeza donde habia de haber tantas muelas, tantos colmillos y dientes, y la quijada cuán grande, y la figuramos como una grande adarga, y á proporcion con el artejo figuramos la mano, y parecia cosa increible, con ser demostracion; oí decir más á este nuestro religioso, que las muelas y dientes estaban de tal manera duros, que se sacaba dellas lumbre como de pedernal.

[CAPITULO CIX]
DE OTROS PUEBLOS EN FRONTERA Y LA TIERRA ADENTRO DE LOS CHIRIGUANAS

Dos jornadas no largas deste valle de Tarija, sobre mano izquierda, hay un valle que llaman San Lucas, donde un hombre poderoso, llamado Jerónimo Alanis, manco de la mano derecha, tenia una gran hacienda de vacas y cria de mulas, con gente bastante, yanaconas y un mestizo y mulato, y casa fuerte para el beneficio della; pero como era muy cerca de las montañas Chiriguanas, porque no le hiciesen daño pagábanles tributos, cuchillos, tijeras, algunas hachas para cortar árboles y alguna chaquira. El señor de la hacienda de cuando en cuando iba á verla; sucedió (y no habia tres años que Tarija se habia poblado) que yendo á verla, de allí despachó un indio á nuestro religioso, con quien tenia amistad, haciéndole saber estaba allí, rogándole viniese á confesarle la gente; era despues de Pascua de Resurrection: recibida la carta, concertóse con el capitan Luis de Fuentes y otros tres soldados ir con sus armas, arcabuces y recado; quiso nuestro Señor que el dia que habian de llegar vinieron más de cien Chiriguanas á pedir su tributo á nuestro Alanis, y con tanta soberbia entraron, que sin duda venian determinados de hacerle mucho mal, matarle y á toda su gente; el capitan, religioso y los demás, ni vieron á los Chiriguanas ni dellos fueron vistos, por causa de una niebla muy obscura que aquel dia cubria la tierra; entran en casa de Alanis, hallan allí parte desta bárbara nacion (los demás no habian llegado), que ya comenzaban á querer disparar sus flechas en el Alanis, que sólo tenia una cota puesta y una espada en la mano izquierda, porque la derecha la tenia cortada. Los nuestros que llegan, si no fué el religioso, comienzan á desenvolverse contra los Chiriguanas; en su ayuda acuden el mestizo y mulato con sus arcabuces; despacharon á los que hallaron dentro, y luego en sus caballos salen á los que venian; mataron más de sesenta gandulazos, los demás se escaparon y algunos heridos é mal. Entre estos indios venian algunos Chaneses, de los cuales dijimos que se aprovechan estos como gente en la guerra, é ya los nuestros descansando, y habida esta victoria, entra por las puertas un indio muy mal herido de un arcabuzazo, y aun lanzada, diciendo era Chanés, y pidiendo, ó diciendo: ¡cristiano, cristiano! que era decir lo queria ser y le baptizasen; baptizóle nuestro religioso, y luego se murió. Esto me escribió nuestro religioso á la ciudad de La Plata, donde yo vivia á la sazon. Pues para refrenar á estos enemigos comunes del género humano, aquí se ha poblado otro pueblo de españoles, al cual agora cuatro años, llegando yo á la ciudad de La Plata, volvian mas de cincuenta hombres que con un capitan habian salido á descercar el pueblo, porque Los Chiriguanas, le tenian cercado, y el capitan habia enviado á pedir favor; sabido por los Chiriguanas, alzaron el cerco y no los osaron á esperar. Otros dos pueblos, á lo menos uno, he oido decir se ha poblado por los nuestros en el gran rio de Pilaya, ya en la tierra Chiriguana, á donde llegó y pasó el Visorrey don Francisco de Toledo, y entonces (como diremos) le llamaron el rio Incógnito. Estos indios andan agora más soberbios que antes, porque los vandea un perro mestizo nacido en el Rio de la Plata; yo le conocí, gran oficial herrero, llamado fulano Capillas, ladino como el demonio, y blanco, que no parece mestizo, casado y con hijos en la ciudad de La Plata; no sé por qué ocasion se fué ó le envió el Audiencia, y esto fué lo más cierto, á tractar con ellos no sé qué medios de paz, y él decia no le enviasen, porque no le habian de dejar salir los indios; fué y quedóse con ellos; este maldicto les hace unos cascquillos de acero para las flechas, tan bien templados que no tienen resistencia; antes usaban de cañas como las nuestras, el ñudo tostado por puncta; lo demás servia de cuchilla; con las cuales tan bien pasaban una cota como un nabo. Contra estas armas Chiriguanas usan los nuestros cotas y encima escaupiles sueltos en vanda, porque en el algodon se entrape la flecha. Vive este mestizo entre los Chiriguanas con ellos, con las mujeres que quiere; anda casi desnudo, y por no ser conocido cuando sale á hacer daño en los nuestros, se embija como indio; dicen ha inviado á decir á la Audiencia que de buena gana dejaria aquella vida, porque es cristiano, si le perdonasen; pero que teme, si se reduce, le han de castigar por los daños que ha hecho; pero como desta gente alguna sabe á la pega, en ella se queda.

[CAPITULO CX]
DEL CERRO LLAMADO PORCO

Volviendo á nuestro Potosí, porque siendo el centro de las Indias habemos de tractar ó traerle á la memoria muchas veces, como del centro salen muchas líneas á la circunferencia, así de Potosí hay y salen muchos caminos y entran en él de diferentes partes; digo, pues, que volviendo al de aquí, salimos para el puerto de Arica, cien leguas tiradas; á las siete ó ocho llegamos al cerro de Porco, de quien habemos tractado un poco, al pie del cual tienen su asiento los pocos españoles que allí viven, y pobres respecto de los de Potosí; no he llegado á este asiento, pero he pasado media legua dél, y quien vive en Potosí puede decir vive en Porco, así por la poca distancia de camino, como porque todo lo que pasa en Porco se sabe luego en Potosí, y al contrario. Es cerro más alto quel de Potosí, metido entre otros cerros y no tan bien hecho. Es más destemplado, y más rico si no diera en agua, y el metal más fino; he visto alguno que certificaron á don Francisco de Toledo. Visorrey destos reinos, acudia á ochenta marcos por quintal; este metal es poco, y luego se descubre agua, y tanta que es imposible desaguarla. En la misma cumbre del cerro certifican haber fuentes de agua, lo cual en Potosí no se ha hallado. Tiene otra cosa, que no son vetas seguidas de donde se saca la plata, sino pozos, y como se dé en uno, hace á su amo presto rico. Síguese algunas veces la labor con esperanzas al parecer certísimas, mas al mejor tiempo atraviésase un peñisco, ó una fuente de agua, y veis aquí las esperanzas perdidas. Si estos dos contrarios no tuviera, ó la del agua, que es la mayor, mucho más rica era que Potosí, y el metal más suave de quebrar, y una de las excelencias que puso Dios nuestro señor en Potosí es no haber dado en agua. Toda la puso al pie del cerro de una parte y otra del arroyo que divide á los indios de los españoles.