[CAPITULO LI]
EL MARQUÉS TIENE AVISO DE CHILE QUE UN PIRATA INGLÉS HA LLEGADO AQUELLA COSTA
Acabado con tan buen subceso lo que de Quito se temia, dende á pocos meses tuvo el Marqués aviso por un navio, despachado del puerto de Valparaiso de Chile, que un pirata luterano inglés habia, sin se haber descubierto en otra parte de toda aquella costa, entrado en él con un solo navio[27] de 300 toneladas, muy fuerte y bien artillado, y una lancha, y como entró de repente habiase hecho señor de los navios, donde halló matalotaje bastante de vino, tocino, biscocho y otras cosas, y luego puso bandera de paz y de rescate; rescatáronse los navios, aunque dicen Su Majestad tiene mandado no se haga, mas entonces fué necesario, porque si no se rescataran los quemara, y no se avisara de Chile su entrada, como se avisó; porque en anocheciendo, el un navio alzó anclas y velas, y cogió la delantera al enemigo y vino á dar el aviso con tiempo.
Cuando el pirata llegó al puerto de Valparaiso, en uno de los navios estaba su piloto y maestre, llamado Alonso Bueno, casado en la ciudad de Los Reyes, el cual al general de navio dijo (era hombre noble y confiado): Bien sé que me has de matar; en la ciudad de Los Reyes tengo mujer y hijos y hacienda, y debo y me deben; dame licencia para hacer una memoria que sirva como de testamento, para se la enviar á mi mujer y descargar mi ánima, y sepa lo que le queda á ella y á sus hijos. El pirata se lo concedió, porque no le quiso rescatar, tomándole por piloto para toda esta costa y la de México. Alonso Bueno, con esta licencia, tomó tinta y papel, y escribe al Marqués dándole aviso del navio del enemigo, cuán grande, cuán fornido, qué gente y qué piezas de artilleria traia, y cómo le llevaba por fuerza por piloto de toda esta costa pero que él le llevaria poco á poco, y le meteria en el Callao; que tuviese dos navios gruesos á la punta de la isla, para que no se pudiese huir, y á dos bergantines fuera de la isla al barlovento della, que en viendo el navio enemigo huyesen para que el enemigo los siguiese y se metiese en el puerto, y se lo pornia en las manos como lo venia haciendo. Este aviso diólo secretamente en el puerto de Valparaiso al capitan Ramir Yañez de Saravia, vecino de la ciudad de Santiago, que allí habia venido con gente, entraba y salia en el navio enemigo, para que con la brevedad posible en uno de los navios rescatados, en siendo de noche, lo despachase al Visorrey del Perú, lo cual así se hizo, y el general del navio inglés no le pidió el testamento, creyéndole; si se lo pidiera antes de darlo, luego ahorcara á Alonso Bueno. Recíbese el aviso, y despáchase el navio, y fué Nuestro Señor servido que no le faltase viento y llegase muchos dias primero qu'el enemigo. Todo lo cual sabido por el Visorrey, no le temió, antes se alegró, por esperar en Nuestro Señor le habia de haber á las manos. Luego nombró por general de dos galeones que habia en el puerto, muy buenos, á su cuñado don Beltran de la Cueva; por almirante, á don Alonso de Carvajal, caballero de hábito de Calatrava. Añadió otro navio grande y muy bueno, de quien señaló por capitan á...[28] Manrique, y como aquel á cuyo cargo tenia el reino, estaba apercebido de mucha municion, pólvora, balas rasas y de cadena, bombas de fuego, mucha y muy buena artilleria, que se labra en la ciudad tan buena como en Alemaña, piezas de cuarenta quintales y más; fuese al puerto, en siendo avisado el luterano habia llegado á Arica, donde no se atrevió ni á surgir; dió priesa al buen aderezo de los navios, y en la Almiranta nombró otro capitan á...[29] de Pulgar, hombre experto en la guerra, como el capitan Manrique. Proveyó otras tres fragatas, que fuesen como busca ruido, y en ellas nombró sus capitanes: en la una, á...[30] García Gorvalán, cursado mucho en la mar, y para que si fuese necesario vinieran á dar aviso de lo que pasaba, hizo gente y pagóla; hobo muchos hidalgos y caballeros que se ofrecieron, á su costa, ir sirviendo, y aun pagaron soldados, como fué Luis de la Serna, regidor de Los Reyes, que por ser viejo y enfermo no fué á servir en persona: envió cuatro soldados á su costa; y otro vizcaino...[31] Vergara, con otros dos y su persona hizo lo mismo, á quien el Marqués lo agradeció mucho y alabó. Pidió religiosos en los monasterios; la obediencia me mandó fuese con un compañero, llamado fray Bernardino de Lárraga, y fuimos en la Almiranta; en la Capitana iban dos padres de la Compañia, por respecto del padre Hernando de Mendoza, hermano del Marqués y cuñado del General. En el otro navio, llamado San Joanillo, y por otro nombre Nuestra Señora del Rosario, dos religiosos de Nuestra Señora de las Mercedes; iban en nuestro navio, pagados, casi ochenta soldados y más de treinta hijosdalgo y caballeros á su costa; en la capitana, otros tantos y más, y con el capitan Manrique, fuera de los soldados, otros amigos suyos, hombres de vergüenza, y entre ellos el capitan Baptista Gallinato. Aprestáronse los navios muy bastantemente, y seis ó siete dias antes que partiésemos llegó de Quito el general Pedro de Arana en la galizabra, capitan della Joan Martinez de Leiva de Lizárraga, que despues fué en demanda del enemigo, y llegado persuadia al Marqués le diese licencia para ir en esta armada con su galizabra, navio menor que cualquiera de los tres, y hacia mucha agua. Al cual, diciéndole el Marqués: ¿Cómo quieres ir, si la galizabra hace tanta agua que de tres á tres horas da á la bomba? Al cual respondió graciosamente: Tambien, señor, un hombre orina de tres á tres horas, y no se muere.
Pasó esto por donaire, y no le dejaron ir.
[CAPITULO LII]
PARTE LA ARMADA DEL PUERTO EN BUSCA DEL ENEMIGO, AGUA ARRIBA
Con tanto y buen recado los navios, con tanta y buena gente y mejores ganas de se ver con el enemigo, nos hicimos á la vela una tarde, y antes el Marqués visitó los navios y prometió hacer mercedes á todos, animándolos á que cada uno hiciese lo que debia, así al servicio de Nuestro Señor como de nuestro Rey.
Otro dia salimos fuera de la isla y fuimos en busca del enemigo, que no sé si fué muy acertado, por tenernos cogido el luterano y ganado el barlovento, el cual en esta mar y en todas es la mayor parte de la victoria, y principalmente en esta nuestra costa; porque como los navios no sean igualmente veleros, unos suben más, otros menos, que es unos son mejores de la bolina que otros, por lo cual no pueden ir en conserva como cuando navegan á popa, ni se pueden socorrer los unos á los otros tan prestos, y á veces es imposible socorrerse. Empero al Marqués parecióle no era posible el enemigo írsenos de las manos, y pretendió tenerle rendido antes que al paraje de Lima llegase. Nuestra Almiranta y el pataje donde iba el capitan García Gorvalán eran los mejores veleros, y por esta razon éramos los más delanteros. La órden que llevaba era ésta: que no nos desabrazásemos de la tierra de diez á doce leguas, y que á las noches fuésemos la vuelta de la mar, y de dia viniésemos la vuelta de la tierra, que era lo cierto é conveniente. El Marqués tenia por momentos chasquis por tierra, con aviso dónde llegaba el enemigo. El armada seguia su derrota en busca dél. Sucede, pues, que llega el enemigo á la playa de Chincha, y luego fué dello avisado el Marqués, el cual despachó un barco de pescadores, con órden que no parase hasta hallar el armada, avisando al General dónde habia llegado el cosario, y que dos ó tres dias se habia detenido en aquella playa. Alonso Bueno venia cumpliendo todo lo que habia escripto. Sábado, pues, víspera de la Trinidad del año de 94, á la tarde, hallándonos un poco en alta mar, siete leguas más abajo de donde el enemigo estaba, llega el aviso del Marqués á la Capitana. El General disparó luego una pieza de artilleria; llegáronse los dos navios gruesos y patajes. No sé quién le aconsejó que mandase aquella noche le siguiesen, porque haria farol, y dió cuenta del aviso que tenia del Marqués; hízose su mandado, y en lugar de ir la vuelta de la mar, venimos la vuelta de tierra, con pocas velas y viento, y con unas olas muy hinchadas que daban muestra del mucho temporal que otro dia habiamos de tener. Cuando amaneció y volviamos la vuelta de la mar, porque nos hallábamos no cinco leguas de tierra, descubrimos al enemigo al barlovento de nuestra armada, á lo que decian los pilotos cuatro leguas más arriba, el cual, como nos descubrió, preguntó á Alonso Bueno ¿qué navios eran aquellos? Respondióle: los grandes llevan mercaderias á Arica para Potosí; los pequeños son barcos que van por vino y trigo á los valles que dejamos atrás; pero viendo que íbamos la vuelta de la mar, y como en su seguimiento, él tambien dejó de venir á popa via, y viró la vuelta de la mar á la bolina; el pataje donde iba el capitan Gorvalán hallóse más á barlovento que ninguna otra de nuestras velas, y tiró tras él, y le ganó el barlovento; pero como era pataje, y sin gente ni artilleria, no se atrevia á aferrar con el enemigo, y aunque aferrara era imposible nosotros favorecerle, digo la Almiranta, que se halló más á barlovento que las demás velas; tras nosotros, y á sotavento, se seguia la nao del capitan Manrique; la Capitana se halló más metida en tierra y más á sotavento; visto al enemigo, y su lancha delante dél, luego le comenzaron á seguir, atesando las velas todo lo posible para alcanzarle y pelear con él conforme al órden que del Marqués se llevaba; mas fué Nuestro Señor servido que cargó tanto el viento, y con tanta furia, que la Capitana quebró el mástil mayor de gavia, y no pudiendo sufrir la fuerza del esgarrón arribó á popa al puerto; lo mismo hicieron los patajes. Es cierto que en mi vida ceñí espada, y que viendo al enemigo y cuán lejos estaba de nosotros, y el viento que tomaba más fuerza, que ni me alboroté, ni pareció habiamos de venir á las manos. Nuestra nao seguia al enemigo, y en pos de nosotros la del capitan Manrique, y atesando todo lo posible las bolinas, con la furia del viento rómpesenos el boliche de la vela mayor de gavia, que para tomarle y coserle se pasaron más de dos horas, y como sin vela mayor de gavia, ni á bolina ni á popa salga ni navegue mucho el navio, en este tiempo el navio del capitan Manrique nos cogió el barlovento, y delante de nosotros iba navegando, cuando con una ola muy muy grande da una cabezada el navio y hace pedazos la entena mayor, y no pudiendo navegar, ya nuestra vela de gavia estaba cosida, fácilmente le dejamos atrás, y nunca más le vimos hasta lunes otro dia á las diez horas. La Almiranta, pues, sola iba siguiendo al luterano, y ganándole tierra, el cual bien creyó habiamos de pelear; echó la barca fuera, y alijó su navio limpiándole la cubierta; todo esto vimos, é ya que anocheció no estábamos media legua dél, pero en anocheciendo, cerrándose la noche, aunque seguimos un poco de tiempo nuestra derrota, viéndonos solos amaináronse las velas y con pocas y bajas íbamos la vuelta de la mar; ya que amaneció, ni navio de amigo, ni de enemigo, viamos. La culpa que tan mal nos sucediese, y que un solo navio con una lancha se nos fuese no se ha de atribuir sino á la soberbia nuestra; por ventura nos parecia éramos poderosos contra toda Inglaterra. Tambien la echamos al que dió el consejo que la víspera de la Trinidad, sábado, en la noche viniésemos la vuelta de tierra; porque es así cierto que, si se hace y guarda la órden del Marqués, y aunque no la diera se habia de guardar, que de noche fuéramos la vuelta de la mar, de dia á la de tierra, cuando volviéramos, el domingo de la Trinidad, sobre tierra, hallábamos al enemigo sobre ella y el armada á barlovento dél, y era imposible írsenos; á la mar no se podia ir, porque se la teniamos ganada; pues habia de abordar en tierra; eso queriamos, sino que debió imaginar quien dió el consejo que, como estábamos enmarados y no mucho, cuando llegó el aviso del Marqués donde estaba el enemigo, si el bordo de la mar lleváramos aquella noche, el enemigo pasara entre la tierra y nosotros, y por ventura, ó no le viéramos á la mañana, ó no le alcanzáramos, y otra excusa no hay; tambien es cierto que si el capitan inglés fuera hombre de conocimiento de mar, muy á su salvo pudiera cazar á popa contra la Almiranta, viéndola sola y sin quien la pudiera favorecer, y si esto hace, necesariamente habiamos de huir, porque no le habiamos de esperar con el lado descubierto á la bolina, para que en él asentara su artilleria y nos echara á fondo. Nuestro navio era imposible poder disparar contra él, porque las escotillas del artilleria estaban calafeteadas, y cuando no lo estuvieran, no nos podiamos aprovechar dellas, por el barlovento, por no estar muy altas, y no se poder hacer punteria; por el sotavento menos, por ir debajo del agua, sino qu'el enemigo, conociendo no le podiamos esperar, no quiso acometernos, y la mar andaba tan alta, que ni los de barlovento ni los de sotavento se podian aprovechar de pieza ni de arcabuz, y llegados á aferrar, mejores éramos que ellos.
[CAPITULO LIII]
VUÉLVESE LA ARMADA AL PUERTO
El Almirante, viéndose solo en alta mar, púsose mar al través para ver si algun navio de los nuestros parecia, y en particular el del capitan Manrique, el cual á hora de media dia llegó donde estábamos, á quien el Almirante mandó no se desabrazase de nuestro navio, y habido consejo pareció se debia ir al puerto en busca del General para seguir su órden, y no le hallando en la mar, cuatro leguas antes de entrar en el puerto despachó el Almirante á un criado suyo con el maestre del navio, llamado Andrés Gomez, dándole relacion de lo que pasaba, y no entraria en el puerto hasta ver su mandamiento, porque no sabia del General; recebido este despacho, el Marqués le mandó se volviese al puerto, y dentro de tres dias se aderezase y proveyese de todo lo necesario, y con título de General, con el navio del capitan Manrique, se partiese luego y siguiese al enemigo hasta Inglaterra, y la conducta de capitan general se la enviaria al puerto. Con este recado nos volvimos al puerto, á donde aun no habia entrado la Capitana, no poco tristes, porque á seis velas se nos habia el enemigo ido; la culpa ya dije fueron nuestros pecados y soberbia, y el que aconsejó aquella noche viniésemos el bordo de tierra; no la tiene el General, porque no sabe de bordos de mar ni de tierra, ni marear velas; sabe gobernar un ejército entero, sabe pelear y mandar pelear, y sabe acudir á la sangre ilustrísima de donde desciende. Porque pasó así: recebida por el Almirante la respuesta del Marqués, me enseñó la carta y le dice: Señor, esto no habrá efecto, porque el General no desembarcará en tierra hasta verse con el enemigo y traerlo rendido, ó morir en la demanda, y cuando el Marqués le quitare el cargo, irá por soldado, porque á su ser y honra no le conviene otra cosa; y así fué, porque surto en el puerto y sabido lo que el Marqués proveia, no quiso salir del navio, sino fué un domingo á oir misa, y luego se volvió á embarcar, y finalmente, viendo el Marqués que el General no queria dejar de ir en busca del enemigo con el oficio, ó como soldado, le mandó seguir al luterano tomando la nao Almiranta por capitana, y á la galizabra por Almiranta, en que se embarcase el Almirante. El cual pareciéndole se le hacia agravio, porque la galizabra es navio pequeño, y apenas cabian en él sus hijos, que llevaba dos mancebos de buenas esperanzas y pensamientos, como lo mostraron visto el enemigo, ni sus criados, pidió le diesen la Capitana en que meterse, la cual á su costa aderezaria, pues el daño no era tanto ni de tantos dias, donde serviria como lo habia hecho, y habria lugar para su casa y criados y los demás hijosdalgo y caballeros que se le habian allegado; en esto se pasaron algunos dias, pocos, y no concediéndosele lo que pedia, pareció no satisfacia á su honra, y se le agraviaba (y si era agravio ó no, no es de mio juzgarlo), se quedó y con él los caballeros y hijosdalgo que á su mesa sustentaba muy cumplidamente, y los religiosos que con él íbamos tambien nos quedamos.