El asiento es bueno y llano; es abundante de las plagas que acabamos de decir. Poblólo el licenciado Lerma, gobernador de aquella provincia, para freno, como lo es, de los indios de Calchaquí; danse en él todos los árboles fructales nuestros y viñas, mucho maíz y trigo. A un lado al Poniente le demora la provincia de Calchaquí, indios belicosos; el vestido es como el de los Omaguacas y Chichas; los indios, con manta y camiseta; las indias, unas camisetas largas hasta los tobillos; no hay más vestido. Estos indios por dos veces se han llevado dos pueblos de españoles, y esta última, habrá doce ó catorce años, por órden de don Francisco de Toledo, el capitan Pedro de Zárate fué con sesenta hombres, pocos más, á reducirlos; tenia allí cerca indios de encomienda, pero alzados; fueron con él algunos vecinos de la cibdad de La Plata, que tambien tenian allí sus repartimientos y habian servido; llegó allá, pobló; parecióle tener poca gente para sustentarse; dividióse, saliendo con la mitad á Tucumán á pedir favor; visto por los indios, dieron en los otros treinta que habian quedado en el pueblo, y aunque se defendieron bravamente, como eran pocos los mataron á todos; no se escaparon tres á uña de caballo. Esta provincia de Calchaquí es tierra alta; es sierra faldas de la cordillera grande deste reino del Perú, que Norte Sur le atraviesa hasta el estrecho de Magallanes. Es rica de oro y plata; cuando se les antoja sirven un poco de tiempo al pueblo; cuando no, vuélvense á las armas.
Eran muchos; agora son pocos, porque las guerras civiles entre ellos los han consumido. Llegando yo á Salta los vi allí, y un mestizo criado entre ellos, entre otros indios con quien traian guerra. El mestizo acaudillaba aquellos con quien se habia criado y tenia tan avasallados á los Calchaquis, que les forzó á venir á pedir favor á Juan Ramirez de Velasco contra el mestizo, y si se lo daban le sirvirian en Salta. Salió Juan Ramirez con la gente que le pareció bastante, y en breve á los unos y á los otros redujo, prendió al mestizo, trújolo á Salta, donde le vi; no sabia nuestra lengua, porque no la habia oído; agora no sé cómo están.
[CAPITULO LXIV]
DE LA CIBDAD DE ESTECO
Del valle de Salta dista la cibdad de Esteco, así llamada la tercera en órden, de Tucumán, cincuenta leguas de buen camino carretero: es abundante de mantenimientos y de fructas de las nuestras; en especial las grandes son de las buenas del mundo; edificada á la ribera de un rio grande que en verano sólo se vadea. Los vecinos estaban descontentos del asiento, porque la madre del rio es arenisca y no pueden hacer molinos en él, y tractaban mudarse, como dicen se han mudado, casi 25 leguas más hacia Salta, á un asiento mucho mejor, del mismo temple y más fresco, llamado Palca Tucumán, donde el rio Grande, como de un arroyo que tienen á la falda de un cerro, se pueden sacar acequias y hacer molinos, y para acabar de pacificar unos indios de aquella provincia, belicosos, llamados Lules, es asiento mucho más cómodo; si á este asiento se han mudado, será pueblo muy regalado, fresco y muy sano, donde para el edificio de las casas tienen mucha madera, y el suelo no salitroso, piedra para hacer cal y buena tierra para teja.
El un suelo y el otro es abundante de pastos, y este segundo mucho más, y para ganados mejor qu'el de Esteco, y está veinticinco leguas más cerca del Perú.
[CAPITULO LXV]
DE LA CIBDAD DE SANTIAGO DEL ESTERO
De la cibdad de Esteco á Santiago del Estero ponen cincuenta leguas, todas despobladas, á lo menos las cuarenta, porque á diez leguas della llegamos á dos poblezuelos de indios. Esta cibdad es la cabeza de la gobernacion y del obispado; es pueblo grande y de muchos indios; al tiempo de su conquista poblados á la ribera del rio, como los demás de la cibdad del Estero; ya se van consumiendo por sus borracheras. Son los indios desta provincia muy holgazanes de su natural; en los rios hallan mucho pescado, de que se sustentan: sábalos, armados y otros; saben muy bien nadar, y péscanlos desta manera, como lo[44] he visto: échanse al agua (los rios, como no tienen ni una piedra, corren llanísimos) ceñidos una soga á la cintura; están gran rato debajo del agua y salen arriba con seis, ocho y más pescados colgando de la cintura; débenlos tomar en algunas cuevas, y teniendo tanto pescado, no se les da mucho por otros mantenimientos; son borrachos como los demás, y peores; hacen chicha de algarroba, que es fortísima y hedionda; borrachos, son fáciles á tomar las armas unos contra otros, y cuando no, sacan su pie y fléchanselo. Son grandes ladrones; todos caminan con sus arcos y flechas, así por miedo de los tigres como porque salen indios á saltear, y por quitar una manta ó camiseta á un caminante no temen flecharle; los arcos no son grandes; las flechas, á proporcion; pelean casi desnudos. En toda esta tierra y llanuras hay cantidad de avestruces; son pardos y grandes, á cuya causa no vuelan, pero á vuelapie, con una ala, corren ligerísimamente; con todo eso los cazan con galgos, porque con un espolon que tienen en el encuentro del ala, cuando van huyendo se hieren en el pecho y desangran. Cuando el galgo viene cerca, levanta el ala que llevaba caida, y dejan caer la levantada; viran como carabela á la bolina á otro bordo, dejando el galgo burlado. Hay tambien liebres, mayores que las nuestras; son pardas, no corren mucho. Es providencia de Dios ver los nidos de los pájaros en los árboles; cuélganlos de una rama más ó menos gruesa, como es el pájaro mayor ó menor, y en contorno del nido engieren muchas espinas; no parecen sino erizos, y un agujero á una parte por donde el pájaro entra ó á dormir ó á sus huevos, y esto con el instinto natural que les dió naturaleza para librarse á sí y á sus hijuelos de las culebras. Es toda esta provincia abundantísima de miel y buena, la cual sacan á Potosí en cueros; es abundante de trigo, maíz y algodon, cuando no se les yela; siémbranlo como cosa importante, es la riqueza de la tierra; con ello se hace mucho lienzo de algodon, tan ancho como holanda, uno más delgado que otro, y cantidad de pávilo, medias de puncto, alpargates, sobrecamas y sobremesas, y otras cosas por las cuales de Potosí les traen reales. Críase en esta provincia la grana de cochinilla muy fina, con que tiñen[45] el hilo para labrar el algodon. Es abundante de todo género de ganado de lo nuestro, en particular vacuno, de donde los años pasados, porque en Potosí ó provincia de los Charcas iba faltando, lo vi sacar, y se vendia muy bien, y bueyes de arada, y se vendia la yunta á sesenta pesos. Caballos solíanse sacar muy buenos; ya se ha perdido la casta y cria, por descuido de los dueños, de tal manera que es refran recibido en toda la provincia de Los Charcas: de hombres y caballos de Tucumán, no hay que fiar; tanto puede la mala fama.
El edificio de las casas es de adobes, como en las demás ciudades, sino que en estas dos, como la tierra es salitrosa, vase desmoronando el adobe, y cada año es necesario reparar las paredes. El rio es grande, y de verano se vadea, mas conviene mucho saber el vado, porque los rios desta provincia son de tal calidad que, si no es por donde se vadean cuotidianamente, y con la frecuencia del pasaje el suelo está fijo, por las demás partes, aunque el agua no llegue á la rodilla, se sume el caballo y caballero en el cieno. Es cosa de admiracion pisamos aquí, y tiembla más de diez pasos adelante la tierra cenosa, detrás y á los lados; padécese en esta ciudad mucho, por no haber molino ni poderse hacer, porque ya dijimos estos reinos ser de esa calidad; pasan por tierra arenisca, donde no se halla una piedra, ni se puede hacer ni sacar acequia dellos; á la primera avenida, allá va todo. Vino á Santiago un extranjero, estando yo en aquella provincia, y proferiase á hacer un molino, como en los rios grandes de Alemaña, en medio dél; escogió el lugar, conciértanse, y volviendo de ver el rio y lugar, en llegando á la ciudad, dánle unas calenturas que dentro de ocho dias se lo llevaron á la otra vida. Hay algunas atahonas, no son tres, mas los dueños muelen sólo para sus casas; si otro ha de moler, ha de llevar caballo propio; si no, quédese; hacen unos molinillos que traen á una mano, de madera, con una piedra pequeña traida de lejos; muelen á los pobres indios que las traen, porque para una hanega son necesarios tres indios de remuda; empero, el pan es el mejor del mundo.
A la mano derecha desta ciudad, á las faldas de la sierra, hay otra ciudad llamada San Miguel de Tucumán, pueblo más fresco y de mejores edificios y aguas.