En esta provincia hay algunos religiosos del Seráfico San Francisco, y en todos los pueblos tienen, desde Salta á Córdoba, conventos pequeños de uno ó dos religiosos; sólo en Santiago del Estero se sustentan cinco ó seis muy escasamente.
Pasando yo por esta provincia (y esto me compelió ir por ella á Chile) hallé seis ó siete religiosos nuestros, divididos en doctrinas; uno en una desventurada casa en Santiago; más era cocina que convento; es vergüenza tratar dello, y tenianle puesto por nombre Santo Domingo el Real; viendo, pues, que no se podia guardar ni aun sombra de religion en él, los saqué de aquella provincia; es cosa de lástima haya ningunos religiosos en ella, porque un solo fraile en un convento, y en un pueblo, ¿qué ha de hacer? un ánima sola, decimos, ni canta ni llora, y más en tiempos tan miserables donde las cosas van tan de caida. De Nuestra Señora de las Mercedes hay cual ó cuales religiosos, y esto de la provincia de Tucumán.
[CAPITULO LXVIII]
DEL REINO DEL PARAGUAY
A la parte del Oriente de toda la provincia de Tucumán demora (hablando como marineros) el Rio de la Plata; no sé la causa por qué le pusieron esto nombre; en él no se ha hallado una puncta, ni de oro; acá llamámosle el Paraguay; no le he visto, mas quien ha atravesado á todo Tucumán puede decir lo que della ha oído á españoles que cada dia salen á ella. Tiene algunas cibdades y grandes; la mayor y más principal se llama la Asumption, cabeza de aquel reino, con mucha gente, los más allí nacidos, mestizos y mestizas; los españoles meros son pocos. Abundante de mucho mantenimiento, caña dulce, cosas de azúcar muchas y muy buenas; vino bonísimo; fundada á la barranca del rio, que en muchos géneros y muy buenos de pescados es fértil, donde todos los allí nacidos, así varones como mujeres, desde niños se enseñan á nadar y nadan galanamente, y no es falta que las mujeres lo sepan, porque Platon en su República queria que las mujeres supiesen pelear. La segunda cibdad el rio abajo, segun dicen 150 leguas, se fundó en nuestros dias por el capitan Juan de Garay, de nacion viscaino, hombre nobilísimo y muy tenido de los indios, llamada Sancta Fe; conocílo y tractélo en la cibdad de La Plata. El capitan Juan de Garay, viviendo en la Asumption, donde era vecino, en cabildo pidió le diesen algunos mestizos, allá llamados montañeses, y pocos españoles, que él queria aventurarse é irse el rio abajo con ellos, llenos de Chiriguanas caribes (y todos lo son, unos comen carne humana, otros no) á descubrir la tierra y ver si podia dar con la comarca de Tucumán, para comenzar á tener comercio con ella y con el Perú, y no estuviesen allí acorralados viviendo como bárbaros; porque si Nuestro Señor le diese ventura de comunicarse con Tucumán, y de allí con el Perú, entrarian unos y saldrian otros y les vernía quien les predicase, porque habia muchos años no oian sermon; diéronle la gente que pidió, y en barcos ó bergantines echóse el rio abajo; tuvo en el camino, por ir siempre á la ribera, muchos recuentros con los indios, que algunos dellos tienen esta calidad: cuando quieren que nadie entre en su tierra, so pena de la vida, toman un calabazo grande, y pasado con dos flechas ó tres y muy embijado, cuélganlo de un árbol; cuando no quieren hacer mal á los que entran en su tierra cuelgan una garza blanca, muerta, de un árbol. No es mal aviso para los comarcanos.
El capitan Juan de Garay, prosiguiendo su viaje, hallando buen sitio y comarca desembarcó en tierra y pobló esta cibdad de Santa Fe; con los indios no tuvo mucha dificultad en conquistarlos, y llanos, determinó caminar al Occidente la tierra adentro, por donde los indios le guiaban, diciendo haber españoles; siguiólos. A la sazon tambien de la cibdad de Córdoba habia salido otro capitan con gente hácia el Oriente, en busca del Rio de la Plata, que tambien los indios decian habia un rio caudalosísimo por aquella parte, poblado de indios, el cual los nuestros entendían no podia ser otro que el de la Plata, como lo era; fué Dios servido que los unos y los otros se encontraron, recibieron y hablaron amigablemente, y desde entonces se comunica el Rio de la Plata con Tucumán y Tucumán con el Rio de la Plata. De Santa Fe á Córdoba no hay más distancia de sesenta leguas, llanísimas, las treinta sin agua, si no es en medio del camino un pozo muy hondo; empero de allí sacan agua para las personas y los caballos y bueyes; el dia de hoy se frecuenta mucho este camino, y traen de Santa Fe bonísimo vino, y de la Asumption, porque como vienen el rio abajo llegan en breve á Santa Fe, y muchas cosas de azúcar y conserva bonísimas, como se hacen en Valencia.
Estando yo en Córdoba llegó allí un mercader con tres ó cuatro carretas cargadas de vino bonísimo y conservas, y le compré dos arrobas para mi viaje de allí á Chile, á quince reales de á ocho el arroba, y pasó con ello á Santiago del Estero, y estuvo determinado ir á Chile, donde las conservas y azúcar vendiera muy bien. Salieron de la Asumption pocos años ha, no son ocho, á poblar el rio llamado Bermejo, donde sin dificultad los indios, que son muchos, se redujeron; son los más ingeniosos que se han hallado en estas partes; tienen buenas casas, á dos aguas; hacen arcos de madera de medio puncto, como si á compás los sacasen; vi en Santiago del Estero una muchacha que, sin haber tomado aguja en su vida en la mano, labraba como si desde que nació se hubiera criado labrando.
El Rio de la Plata, antes de llegar á este rio Bermejo, en el camino hace un salto que por debajo dél es el camino real, por donde pasan á caballo y las carretas sin riesgo alguno; más arriba están poblados, y de antiguo, dos pueblos de españoles que ha muchos años no tienen sacerdote, fundados en tierra calidísima; los hombres allí andan y traen las caras amarillas como los de Santa Marta en el reino de Tierra Firme.
Solíase caminar desde el Brasil al Rio de la Plata en el paraje de la Asumption (digo venia el camino á salir frontero ó poco más arriba de donde está poblada la Asumption), distancia de docientas leguas, por tierra poblada y no mal camino; yo he visto hombres en la provincia de la Plata que desde el Brasil, con otros, vino hasta Asumption; agora no se camina; los indios han cerrado el camino por los malos tractamientos de los nuestros.
Es la provincia del Rio de la Plata abundantísima de todo género de mantenimientos, así de la tierra como nuestros, y para cañas de azúcar fertilísima; antes que entrara allá un Andrés Martín, que conocí en la cibdad de La Plata, no se aprovechaban ni hacian miel de las cañas, sino del azúcar que reventaba como resina dellas; agora de todo se aprovechan; si como es abundante y fértil de mantenimientos lo fuera de oro ó plata, era la mejor provincia del mundo, pero Nuestro Señor no puso el oro ni la plata sino en tierras inhabitables; el oro por la mayor parte por el calor y la plata por el mucho frio, porque los hombres se contentasen con poco; mas la soberbia humana y cobdicia, lo inhabitable, como haya oro ó plata, lo hace habitable.
Es la tierra abundante del mal francés, y proveyóles Nuestro Señor del palo que llaman sancto, en mucha cantidad; hay pocos médicos; púrganse de las demás enfermedades con el agua de un pescado que en ella cuecen, y el pescado sirve como gallina el dia de la purga, aunque tienen abundancia dellas. Los indios son todos Chiriguanas, más tractables que los de la provincia de los Charcas; no comen carne humana, pero hablan la misma lengua; son así bien dispuestos y valientes; son grandes holgazanes, como los demás, y la fertilidad de la tierra les[48] hace no acudan á las cosas de la fe como les era necesario. Admirado desto, diciéndomelo un padre de San Francisco que salió de aquella provincia á Esteco, estando yo allí y visitándolo, me dijo no me admirase, porque en apretando á los indios un poco á la doctrina, con sus mujeres y hijos se van veinte leguas y más de la cibdad, y tan buena tierra hallan allí y tan fértil como en la cibdad ó en sus pueblos, y como uno destos tenga una víbora de cascabel que comer, tiene muy buena comida y cena, y no ha menester más, las cuales fácilmente las cazan, y no las temen, que no temerlas parece barbaridad. Castigaron los viejos conquistadores y criaron en mucha policia á los montañeses y á los meros españoles, como á ellos los criaron sus padres. Ningun muchacho habia de hablar, ni cubrir cabeza, ni sentarse delante de los viejos, aunque tuviesen barbas, ni los viejos al más estirado llamaban sino tú, cuando mucho un vos muy largo. A los montañeses enseñaban primero á leer, escribir y contar; luego les daban oficio, y á lo que más se inclinan es á herreros, y son primísimos oficiales; son grandes arcabuceros, flecheros y nadadores, recios hombres á caballo; andando en la guerra, luego quitan las calzas y zapatos y desnudan los brazos; ya han perdido esta policia, muertos los viejos, y son la gente más mentirosa del mundo, y como un hombre no tracte verdad, no le pidan honra.