En el rio Quinto hay indios de guerra que no se han reducido; aquí hallé tomillo salcero, y solo este de todos estos rios entra en el Rio de la Plata; los demás se empantanan y hacen unas lagunas grandes donde se cria mucho pescado y aves de diferentes géneros en gran abundancia; los llanos abundantísimos de pastos, que si como desto son fértiles lo fueran de aguas y rios, creo fuera la más fértil tierra del mundo. Críanse en ellos todas las sabandijas que habemos dicho arriba, con muchos venados, vicuñas y guanacos, perdices y otros pájaros y avestruces. Vimos una cosa que nos admiró: llegamos á un arroyo á sestear, donde pensamos no hallar agua; acaso habia llovido y hallámosla; llevaron los bueyes á beber, que eran mas de sesenta, porque lleuamos doce carretas; entre los bueyes, saliéndose de beber, metióse una cierva que habia llegado á beber, pero bebio tanto, que á manos la tomaron los indios; cuando la vimos con tanta barriga, pensamos estaba preñada y por eso no habia escapádose corriendo; ábrenla, y toda era agua; admirados, preguntamos á los indios de qué procedia aquello; respondiéronnos que al tiempo del verano los venados beben de una vez para ocho y diez dias, por la falta de las aguas, y así aquella cierva habia bebido tanto. Hay en este camino algunos indios de guerra, pocos, en la Rinconada, términos de Córdoba, y en la puncta de los Venados, términos de Chile; empero pocas veces salen á hacer daño, porque luego son castigados por los nuestros, como se hizo poco antes que por esta Rinconada pasásemos. Nosotros uno ningun indio vimos, y si como dicen se ha poblado la puncta de los Venados, no hay que temer, ni antes lo habia, como no les hiciesen daño. En este camino hay despoblados sin agua de á quince leguas y más, de la puncta de los Venados adelante, y casi uno tras otro, y si ha llovido no hay falta de agua; por el camino hay unas hoyas hechas á mano por los indios que allí habitaban, donde se recoge el agua; hallámoslas llenas, y el agua muy sabrosa y fria, con ser más de mediado diciembre, donde los calores son crecidos. Salimos de Córdoba á primeros de diciembre, y llegamos con nuestras carretas á Mendoza, dos dias antes de Navidad, antes de la cual corre el rio de aquella cibdad, que en este tiempo es muy grande y extendido; augméntase de las aguas que corren derretidas de la sierra Nevada, y ensánchase tanto, que debe tener más de tres cuartos de legua de ancho, en brazos; pasámosle por 37, unos con más agua que otros, y de piedra menuda; si en un brazo se juntara, era imposible vadearle; yo hobiera de correr un poco de riesgo en un brazo, que acertó á ser el mayor; iba delante; echéme al agua; el caballo era bueno, que desde la cibdad de Los Reyes casi caminé en él; tenia buen camino; sacóme en paz, pero no era tanta el agua que nadase; los que venian en pos de mí bajaron más abajo y pasaron más fácilmente, y las carretas sin mojarse cosa de las que en ellas venian. Pasado el rio, á medio cuarto de legua está la cibdad de Mendoza.
[CAPITULO LXXI]
DE LA CIBDAD DE MENDOZA
Fundó esta cibdad el general Juan Jofre, vecino de la cibdad de Santiago de Chile, por órden de don García de Mendoza, que es agora Marqués de Cañete y fué Visorrey destos reinos, de quien habemos tractado, en una provincia llamada Cuyo; no se pasó mucho trabajo, ni hobo batallas con los indios para reducirlos, porque ellos mismos vinieron á Santiago de Chile á pedir á don García de Mendoza les enviase españoles y sacerdotes porque querian ser cristianos; fué el general Juan Jofre con soldados que habian quedado sin suerte despues de llano Arauco, y pobló esta cibdad, á quien llamó Mendoza por respecto del gobernador; otro pobló veinte leguas más adelante, al Norte, llamado San Joan de la Frontera, en el mismo paraje que Mendoza, á las vertientes destas sierras nevadas; la cibdad es fresquísima, donde se dan todas las fructas nuestras, árboles y viñas, y sacan muy buen vino que llevan á Tucumán ó de allá se lo vienen á comprar; es abundante de todo género de mantenimiento y carnes de las nuestras; sola una falta tiene, que es leña para la maderacion de las casas; los indios comunmente se llaman Guarpes, mal proporcionados, desvaidos; las indias tienen mejor proporcion; es la gente que más en breve deprende nuestra lengua y la habla de cuantas hay en el mundo; las indias que se crian entre nosotros hilan el lino tan delgado como el muy delgado de Vizcaya; los indios grandes ladrones y no menos borrachos; á nuestra costa nunca se ven hartos; á la suya comen poco, como los demás del Perú; de sus juegos, grandes tahures; en sus tierras andan medio desnudos, y cuando les dan de vestir por su trabajo, luego lo juegan unos con otros; cuando están junctos se alaban de lo que han hurtado á los españoles; así son los deste Perú, que se alaban de que nos han mentido y engañado y hurtado lo que pueden, y lo cuentan como por gran hazaña. Es abundante toda la provincia de víboras y demás animales ponzoñosos, y de las hitas, importunísimas, grandes y pequeñas; las mismas calidades tiene San Joan de la Frontera. De ambos estos dos pueblos, de cada uno por su camino, salen indios todos los años para ir á trabajar á Chile; los de San Joan á Coquimbo y los de Mendoza á Santiago, del cual trabajo pagan á sus amos parte del tributo, y á ellos se les da el cuarto; en su tierra no tienen de qué tributar. Es gente poca, subjecta á sus curacas, y bárbara; túvolos el Inga subjectos, y algunos hablan la lengua del Perú, general, como en Tucumán, si no es en Córdoba, donde no alcanzó el gobierno del Inga.
[CAPITULO LXXII]
DEL CAMINO DE MENDOZA Á SANTIAGO DE CHILE
Desde estos dos pueblos (como habemos dicho) se camina para el reino de Chile, de cada cibdad por su camino, por donde se pasa la cordillera Nevada, que es la misma que llamamos en el Perú Pariacaca, y si no se aguarda á tiempo que las nieves sean derretidas, es imposible, so pena de quedarse helados. Comiénzase á pasar casi á mediado Noviembre, y dende en adelante hasta fin de Marzo, y pocos dias de Abril, porque luego se cierra con las nieves; yo la pasé á fin de Diciembre sin alguna nieve; tomase el camino desde Mendoza á Santiago, que son cincuenta leguas, y ándase en ocho dias por sus jornadas, todas despobladas, si no es la última; pasadas dos jornadas, que estamos ya á las vertientes de las faldas de la cordillera, encontramos á mano derecha el camino Real del Inga; dejelo á mano derecha antes de llegar á Salta siete ó ocho jornadas, y á la misma mano le hallé, el cual vamos siguiendo casi hasta Santiago de Chile; el camino no es malo, ni tiene despeñadero, ni es de mucha piedra; en las dormidas no faltan pastos para los caballos, ni leña; en hallando el camino del Inga vamos subiendo un valle arriba hasta nos poner al pie de la cordillera que habemos de doblar, antes de la cual, pocas leguas, no creo son cuatro, hay una fuente famosa que terná[50] de largo más de treinta pasos, toda de yeso, por debajo de la cual pasa el nacimiento del rio de Mendoza.
Esta fuente Nuestro Señor allí la puso; será de ancho más de tres varas; fuí á verla de propósito, porque está del camino Real un tiro de arcabuz apartada, y como el rio no llevaba agua, no pasamos por ella. Puestos al pie de la cordillera, donde se hace noche al reparo de unos peñascos grandes, saliendo dellos, luego casi se comienza á subir la cordillera, que no tiene una legua de subida, no agria, antes arenosa y fofa, por las nieves que tienen quemada la tierra, las cuales derretidas y seca la tierra queda casi como arena muerta. Lo alto de la cordillera que encumbramos no tiene medio cuarto de legua de llano, por lo cual en llegando arriba y comenzando á abajar, todo es uno. Por muchas partes en este reino he atravesado esta cordillera, pero por ninguna es tan buena en tiempo de verano; en ivierno ya he dicho, por las nieves, no se camina. El bajar no es dificultoso ni malo, más de que es más larga la bajada que la subida; por este camino que voy siguiendo, de cuando en cuando, á trechos, damos en unas mesas llanas, como descansaderos, y como bajamos se va moderando el tiempo hasta llegar á la dormida, siete leguas buenas, que llaman El Camarico, pero no hallaréis de comer si no lo llevais.
De unos ojos de agua que están á dos leguas ó tres encumbrada la cordillera, nace el rio del valle de Quillota, por la ribera del cual vamos prosiguiendo nuestro camino, pasándolo por poca agua, despues destos ojos de agua, el cual desde su nacimiento corre por muchos peñascos, y como va bajando se va haciendo mayor y augmentando con otros arroyos que se le llegan, de suerte que al Camarico no se puede vadear, no tanto por el agua que en este tiempo lleva, cuanto por las piedra grandes; vadéanle los caballos descargados, y con riesgo de se quebrar las piernas; este rio ya grande á cuatro leguas más abajo, ó poco menos, del Camarico, s'ensangosta mucho entre dos cerros, que no debe ser la angostura de cuatro varas en ancho, por donde todo él pasa acanalado. En esta angostura hizo el Inga una puente que hoy vive con este nombre, la Puente del Inga, pero para pasar por ella es necesario ir el hombre confesado; para bajar ha de ser por una peña tajada, y para subir lo mismo, tan tajada que se pasa desta manera: á pie con alpargates, porque no se deslice el pasajero, atadas á la cintura unas sogas, una adelante, otra atrás; la trasera tienen los que quedan atrás, y vánla largando poco á poco, porque el que pasa no resbale y dé consigo en el cárcabo del rio, y en pasando arrojan la soga delantera á los que están de la otra parte; estos indios pasan más liberalmente que nosotros, sin estas sogas, porque parecen tienen diamantes en las plantas de los pies; y así le aizan arriba, de suerte que el pasajero lleva dos sogas atadas á la cintura: una delante para subir, otra detrás para descendir, y por aquí pasan y han pasado mujeres y ninguna se ha despeñado; yo no pasé por esta puente, sino por otra de madera que se habia hecho poco más arriba, mas dende á breve tiempo la mandó el Gobernador quemar, porque no se le huyesen los soldados á la provincia de Cuyo, permaneciendo aquella puente. Ya pasada esta cordillera, no hay animal ponzoñoso en todo lo descubierto de Chile, y es tan limpia tierra cuanto de las vertientes á Tucumán es sucia. Desde esta puente á Santiago se camina en tres dias, ya por tierra apacible y fértil.