Todo este reino es faltísimo de sal, desde Coquimbo á Osorno y Chilué; llevase en navios de acá del Perú y es una de las mejores mercaderias; vale en Santiago de Chile una hanega de sal, doce pesos de oro de veinte quilates, que es el de contracto. Aunque proveyó Dios en el distrito desta cibdad, doce leguas della, una laguna que es comun, donde debajo del agua (no es fábula) se cria la sal, y en el verano á tal tiempo se desacota, á donde van los indios, y vecinos envian sus carretas y traen la que pueden; andan los indios que la sacan, en el agua hasta la rodilla y con las manos sacan la sal, que en unas seras de paja echan; es negra, empero para guisar de comer y salar cecinas es bastante. Si el año ha sido lluvioso[54] hay poca sal; si un poco seco, hay mucha; empero la sal del Perú siempre tiene su precio. Cae tambien al verano á la redonda de Santiago el rocio sobre ciertas yerbas, el cual cuajándose en ellas se vuelve sal, como el rocio sobre los sauces se vuelve maná; esta es muy poca; los indios cogen estas yerbas en unas mantas, sacúdenlas y la sal despídese dellas; es como cosa de fructa. Truena poco y llueve muy suavemente, tres y cuatro dias sin cesar; miramos á la parte del Sur si comienza á aclarar un poco, y si aclara, la serenidad es cierta; es muy lodosa, por ser fundada en tanto llano, y porque el servicio es de carretas, y por el consiguiente, en el verano es de mucho polvo. Sustenta cinco conventos: el nuestro con casi treinta frailes y estudio; el de San Francisco, con otros tantos; la Merced, seis ó siete; los que tienen San Augustin y los padres de la Compañia no lo sé, porque se fundaron despues que yo salí de aquel reino. Sustenta tambien otro monasterio de monjas subjetas al Ordinario; la Orden que profesan son de las de la Encarnacion de Los Reyes; debe tener veinticinco monjas de velo. La gente de la cibdad es muy afable y bien partida, y la que sustenta y ha sustentado de cuarenta años á esta parte la guerra contra Arauco, que si no, ya se hobieran despoblado algunas cibdades de las de arriba, en particular la Conception. Los campos son abundantes de madera y muy buena, roble y otra que llaman Canela, porque huele un poco á ella y los polvos hacen estornudar bastantemente; acipreses en la cordillera muy gruesos, muy altos, y olorosísimos; yo fuí á cortar unos pocos para nuestro convento, doce leguas del pueblo, y corté aciprés y acipreses, que cuatro indios hacheros cortando uno solo, no se vian el uno al otro; traense ajorro; de aquí se proveen los mantenimientos y pertrechos para la guerra. Sobre esta pobre cibdad cargan las derramas á nunca pagar, sin perdonar á viuda ni huérfana. Es de cuando en cuando molestada de temblores vehementes, y es cosa no creible; las casas cuyos cimientos son sobre la tierra no padecen detrimento con ellos; las que los tienen fondos, éstas corren riesgo y se abren; los temblores no son de vaiven como los deste reino, sino como saltando para arriba, y son más peligrosos. Conócese fácilmente cuando ha de venir el temblor: si á la puesta del sol á dos horas antes, á la parte de la mar hay una barda (así la llaman los marineros) de nubes, que corre Norte Sur, es cierto aquella noche ó otro dia el temblor. Uno vi en esta cibdad; más miedo me puso que los que he visto en este reino.

[CAPITULO LXXVI]
DE LAS DEMÁS CIBDADES DE CHILE

De la cibdad de Santiago, de quien acabamos de decir, á la cibdad de la Concepcion, ponen setenta leguas de las buenas; todo el camino es fértil para ganados de toda suerte, para trigo y maíz y demás legumbres, y viñas, en el cual camino encontramos con algunos rios malos de vadear, y vienen crecidos al verano con mucha agua que se derrite de las nieves de la cordillera, como son Maipo, Cachapoal, Maule, Ñúble, el rio de Itata; los cuales al ivierno llevan poca agua y los arroyos cuyos nacimientos no es de las sierras nevadas, traen mucha agua. Esta cibdad de la Concepcion es puerto de mar, con abundancia de pescado, y seguro, si no es cuando reina Norte en el ivierno, y muchas veces en el verano, porque ningun mes hay en todo este tiempo que no viente poco ó mucho, y siempre trae agua, la cual azota las paredes[55] de las casas, y es necesario, por ser de adobes ó tapias, aforrarlas con alguna cosa que del agua las defienda. Su asiento es sobre una ciénega junto á un arroyo pequeño. Poblóse aquí, porque la guerra no ha dado lugar á otra cosa, y los vecinos tuviesen agua seguramente; en tiempo de paz, antes de la muerte del gobernador don Pedro de Valdivia, fué muy abundante de naturales, los cuales se han consumido con la guerra de más de 54 años á esta parte, y con matarse los unos á los otros como fácilmente lo hacen, así en las borracheras como con ponzoña, sin que se les castigue nada. Repartimientos de seiscientos indios tributarios y más no tienen hoy veinte indios, y así al respecto. Es abundante de todas comidas el suelo, y de oro, si hay quien labre la tierra y lo saque; junto al pueblo están las viñas, y se hace vino, aunque no tan bueno como el de Sanctiago, porque la uva no madura á ponerse dulce. Los edificios son pobres respecto de la guerra continua, y bajos respecto de la vehemencia de los vientos. El ivierno es asperísimo, con Nortes y lluvias; el verano es templado. Agora cuarenta años se retiró la mar, y despues salió con tanta furia y bramidos que casi anegó todo el pueblo, y luego sucedieron terremotos muy frecuentes, que echaron la mayor parte del pueblo por el suelo, y el año pasado de 604 subcedió á las cinco de la tarde otra inundacion de la mar, con tanta vehemencia y bramidos, que anegó la mayor parte del pueblo, y en el convento de señor Sanct Francisco, donde yo residia y vivo, derribó la cerca, que es de piedra, por tres ó cuatro partes, y se llevaba las piedras grandes, como si fueran paja; anegó todo el convento, y cuando se retiró dejó algunas lizas y otros peces en el claustro, y me compelió á mí y á otros salir por las paredes; y el fuerte, qu'es de tapias, arruinó, llevándoselas y dando con ellas más de veinte pasos adelante. Si esta inundacion fuera de noche pereciera mucha gente, y si algun temblor viniera se arruinara todo el pueblo; fué Nuestro Señor servido que la inundacion fuese de dia y no subcediese temblor alguno.

[CAPITULO LXXVII]
DE ALGUNOS OTROS PUEBLOS DESTE REINO

De la Concepcion, llegándonos á la cordillera Nevada, dista la cibdad de San Bartolomé de Gamboa doce leguas, cuatro de la cordillera; poblóla el gobernador Martin Ruiz de Gamboa en buen sitio, llano; la comarca de muy buen suelo, fértil de todo género de comidas y viñas, junto á un rio que cria muy buenas truchas y otros peces de buen gusto. Aquí no alcanzan tanto los temblores. Casi toda la madera de las casas es de aciprés muy oloroso, que se cria en mucha cantidad en la cordillera, en la cual, en valles que hay en ella, estaban poblados indios que llamamos Puelches, bien dispuestos, belicosos, los cuales, así por nuestra parte, defendiéndonos dellos, como por las guerras civiles que entre sí han traido, se han acabado casi todos.

Ongol.—Dista deste pueblo la cibdad de Ongol, por otro nombre llamada de los Infantes, poblada por don García de Mendoza, marqués de Cañete, siendo gobernador deste reino, de muy buena gente, es un llano cuyo suelo tiene las propiedades de San Bartolomé y de la Concepcion; hace ventaja en las viñas, porque el vino de aquí es muy bueno; tenia abundancia de indios comarcanos y belicosos, los cuales despues de la muerte del gobernador Martin García de Loyola se rebelaron y compelieron á despoblar el pueblo, el cual despobló el gobernador don Francisco de Quiñones; si fué acertado ó no, otros lo dirán.

Agora Alonso García Ramon lo pretende poblar y envia gente para ello, porque conviene así para que los pocos indios rebelados se reduzcan al servicio de Su Majestad. No se puebla donde estaba antes, aunque cerca de allí, sino más llegado al rio llamado Biobio, por impedir el pasaje á los indios de Puren y á otros.

De aquí á la cibdad Imperial ponen diez y ocho leguas, en medio de las cuales está la quebrada Honda que llaman, donde cotidianamente se hallaban indios de guerra emboscados para hacer suerte en los nuestros que caminaban por allí. Esta ciudad, antiguamente, cuando la pobló Valdivia, era abundantísima de indios más que otra alguna. Vecinos hubo que tuvieron encomendados 25.000 indios y más, como fueron el Adelantado Jerónimo de Alderete y el gobernador Villagrán, y otros 18.000, y á quince mil indios, y dende abajo; todos estos indios eran dóciles y pacíficos, y pretendiendo echar de la tierra á los españoles se concertaron de no sembrar un año; las justicias no advirtieron en ello; llegó el año de la hambre, perescieron casi todos, y se comian los unos á los otros sin perdonar padre á hijo ni hijo á padre, y se halló indio cortarse un pedazo del muslo y asarlo para lo comer.

Desta suerte los repartimientos muy grandes no quedaron en mil indios, y los menores casi en ninguno, los cuales despues de la muerte del gobernador Loyola se rebelaron, cercaron la ciudad y la tuvieron en mucho aprieto de hambre; los que persuadieron esta rebelion fueron los indios más regalados de los españoles, y criados desde niños en sus casas, más ladinos que nosotros. Salió de la Concepcion el gobernador don Francisco de Quiñones, y la despobló, y así se está hoy, y los indios con sus guerras civiles se han menoscabado y se van menoscabando, de suerte que cuando se tornen á reedificar habrá muy pocos naturales. El suelo es abundante para todo género de comidas y ganados, y es rico de oro, principalmente el rio que llaman de las Damas; aquí no llegan las uvas á madurar de suerte que se pueda hacer vino dellas. Dista de la mar aun no seis leguas, de donde se proveia de pescado; tiene cerca la provincia de Puren, que siempre la ha fatigado con guerra. De aquí á la Villa Rica, un poco más metida á la cordillera, ponen 17 leguas, con dos rios en medio, que no se dejan vadear; pásanse en balsas ó canoas; el suelo es rico de oro; por eso la llamaron la Villa Rica. Muerto Loyola, tambien se rebelaron los naturales y la pusieron en tanto aprieto de hambre, que murieron casi todos los nuestros della, y no quedaron sino doce ó quince soldados, tan sin fuerzas y flacos para defenderse, que fácilmente los indios entraron en la cibdad y mataron los pocos que habian quedado. Robáronla y quemáronla, y así se está hoy destruída; esta cibdad tuvo continuamente guerra con los indios de la cordillera, que usan de yerba casi irremediable.

[CAPITULO LXXVIII]
DE LA CIBDAD DE VALDIVIA