Desde esta Villa Rica á Valdivia ponen otras quince ó veinte leguas; fué muy rica de oro que subia de la ley; parte dello se sacaba en sus términos, y parte ó lo más venia de la Villa Rica á fundirse allí y marcar. Pobló el gobernador Valdivia esta cibdad á la ribera de un rio navegable y seguro, á donde los navios llegaban á surgir tan cerca de la barranca del rio á donde se fundó el pueblo, que las gavias llegaban á las ventanas, y para embarcar y desembarcar no era necesario batel, sino echar una tabla ancha y entrar y salir por ella. Hubo hombre que á caballo entró y salió de un navio. Es abundante de mucho monte de buena madera para edificios, que era el trato desta ciudad, donde habia muchos ingenios para sacar y aserrar la madera.
El suelo, para maíz abundante; el trigo se sembraba diez y doce leguas de la ciudad en unos llanos que llaman de Valdivia, donde acudia con abundancia; traíase al pueblo parte por tierra hasta el rio, de donde en canoas se proveia la cibdad. Agora 35 años, poco más ó menos, subcedió un temblor tan vehemente que asoló cinco cibdades deste reino: La Concepcion, Imperial, Villa Rica, Osorno, y esta Valdivia; y á un navio qu'estaba surto en este rio lo sacó y echó en tierra buen trecho de donde estaba, que nunca más se aprovecharon del y allí quedó como el arca de Noé en los montes de Armenia. Este rio procede de una laguna grande de la cordillera Nevada; desemboca por entre dos cerros; con el terremoto se juntaron los cerros y el rio quedó en seco por algunos años, hasta que creciendo la laguna emparejó y rompió por medio de los dos cerros, que se juntaron con tanta vehemencia y tanta agua, que robó mucha parte de los llanos arriba dichos, y se llevó mucha cantidad de naturales y la cibdad corrió algun riesgo, y desde entonces corre el rio por su madre como antes. Permaneció esta cibdad en mucha abundancia, así de oro como de comidas, hasta que agora cinco años, víspera de Sancta Catalina, por los pecados de los que en ella vivian. Nuestro Señor la castigó, enviando sobre ella muchos indios, así de los subjetos como de los de La Imperial, despues de la muerte del gobernador Loyola, y de noche los indios dieron en la cibdad y la entraron, saquearon y mataron todos los que en ella habia varones, y se llevaron más de trescientas mujeres mayores y menores, niños y niñas; robaron las tiendas v las iglesias y en las imágenes hicieron grandes crueldades, siendo todos baptizados y casados y ladinos, y los más ladinos mayores crueldades hacian en los nuestros, y más oprobios en las imágines, y hasta hoy no se han rescatado ni podido rescatar las mujeres, niños ni niñas, porque á los varones todos los han muerto; mas como Nuestro Señor castigó aquella cibdad, tambien castiga á los naturales porque se volvieron á las antiguas bestialidades de sus padres, matándose los unos á los otros, como lo hacen, así en borracheras como con ponzoña. Será muy dificultosa reedificarse aquesta cibdad por la falta de los naturales y aspereza de la tierra, y para nosotros ser infrutífera.
[CAPITULO LXXIX]
DE LA CIBDAD DE OSORNO
De Valdivia á Osorno, que la pobló don García de Mendoza, marqués de Cañete, de mucha y muy buena gente, ha veintidós leguas de camino; cuando se pobló era abundante la comarca de naturales que fácilmente, al parecer, recibieron la fe y comenzaron á rescebir la pulicía humana, vistiéndose como nosotros y acudiendo á las iglesias en sus pueblos con algun cuidado. El suelo era muy abundante para comidas y ganados. Muerto Loyola, tambien estos indios, aunque se habian disminuido mucho, que no llegaban á 8.000, se rebelaron, cercaron la ciudad y la entraron y quemaron las iglesias, y en las imágines hacian lo mismo que los de Valdivia; pusieron á la cibdad en mucho aprieto de hambre, y cuando la entraron y saquearon se llevaron una monja profesa de Sanct Francisco, y se la tuvieron allá algunos años, hasta que el capitan...[56] la sacó y la restituyó á su Orden. Estos indios, en un recuentro mataron al coronel Francisco del Campo, yendo por comidas para la cibdad de Osorno con otros españoles, como diremos; finalmente, en tanto estrecho pusieron á Osorno, que compelieron á todos los cercados, con el mejor órden que les fué posible, dejar el pueblo y despoblarlo y irse á la cibdad de Castro, que por otro nombre llaman Chilué, de quien luego diremos, treinta y cinco leguas, poco más ó menos, de Osorno; donde en el camino padecieron mucho trabajo de hambre, ciénegas, rios, y las pobres mujeres padescian más, porque algunas caminaban á pie. Los naturales de Osorno luego consumieron todo cuanto ganado ellos tenian, y lo que guardaban de sus amos, porque habia más de 400.000 ovejas de Castilla, más de 50.000 vacas, más de 40.000 yeguas y mucha cantidad de ganado porcuno, y en tan breve tiempo lo consumieron todo, que el dia de hoy, que no ha cinco años que se despobló Osorno, no se halla en el distrito una cabeza de ningun ganado. Consumiéronlo, porque si los españoles volviesen á reedificar á Osorno no hallasen que comer. Hicieron otra cosa en gran daño suyo; que no sembraron, y faltándoles las carnes faltóles las comidas, y sobre la hambre dieron en comerse unos á otros, y así se han consumido y acabado, que no hay hoy 2.000 indios; tomaban un cuarto de indio, echábanlo en el camino y emboscábanse; pasaban otros indios de ellos mismos, arrebataban la carne, salian los emboscados y matábanlos y comiánselos. En estas bestialidades y otras han caido por sus pecados, ya políticos ladinos, vestidos como nosotros, los más dellos ricos de todo género de ganados; ninguno sabia cultivar la tierra sino con bueyes que proprios tenian.
[CAPITULO LXXX]
DE LA CIBDAD DE CASTRO
En cuarenta y dos grados de altura hay cantidad de islas, unas mayores, otras menores; unas más pobladas que otras, de á legua, de á dos leguas, entre las cuales hay una, la mayor, llamada Chilué, de tres leguas de largo y de siete ó ocho de circuito; fué muy poblada de naturales, donde los españoles poblaron una cibdad llamada Castro, á donde se recogieron los que vivian en Osorno. Esta isla, con las demás, no tienen suelo para trigo; dase poco y mal, por ser la costelacion muy lluviosa; para cebada es mejor y para papas, que son como turmas de tierra de Castilla, sino que se siembran á mano y crecen mucho, de á dos y tres libras, de razonable mantenimiento. Los ganados nuestros multiplican, no con tanta abundancia como en la tierra firme; es abudante de mucha madera, y dende esta isla al estrecho de Magallanes, que son doce grados, la tierra es muy áspera, la costa muy brava y sin puertos, poco poblada, aunque los que en ella viven son como gigantes. La isla es pobre de oro; plata, ni por imaginacion en ella se halla. Los años pasados, un pirata inglés, el tercero que desembocó por el Estrecho, llegó allí, saqueo el pueblo y mató al cura, un clérigo muy honrado y buen cristiano; predicando lo mandó arcabucear; sabido por el coronel Francisco del Campo, antes que le matasen como habemos dicho, salió de Osorno con cuarenta soldados, pocos más, y entró en Castro; vino á las manos con el pirata, matóle diez y ocho ó veinte luteranos; el pirata se escapó por la codicia de los soldados nuestros, que se ocuparon en robar lo que los luteranos enemigos habian robado. Algunos naturales de la tierra firme inquietan á los nuestros, por lo cual se ha puesto un presidio de soldados en un puerto veinte leguas de Castro, llamado Calermapo, con que se refrenan estos indios.
Y esto cuanto á los pueblos españoles deste reino de Chile.
[CAPITULO LXXXI]
DE LOS OBISPOS DESTE REINO
El primero, aunque no se consagró, fué don Rodrigo González, clérigo que se halló en la conquista deste reino con don Pedro de Valdivia, y fué su confesor; varon afable y predicador; murió de gota rescebidos los Sanctísimos Sacramentos; á quien subcedió el obispo Barrionuevo, de la Orden de San Francisco, varon religioso, de muchas y buenas partes; tambien murió en buena vejez; á quien subcedieron dos obispos, porque se dividió este reino en dos obispados; en el de Sanctiago, que llega hasta los Cauquenes, seis ó siete leguas adelante del rio de Maule.
En el de Sanctiago subcedió Fr. Diego de Medellin, deudo nuestro, varon gran religioso de la Orden de Sanct Francisco, que fué provincial en el Perú de su sagrada religion, de gran ejemplo y cristiandad, así en España como acá; acabó de hacer la iglesia mayor de Santiago y el coro, y feneció en buena vejez, casi sin calentura, hombre ya de noventa años.