De los reverendísimos del Paraguay, ó Rio de la Plata, despues que el reverendísimo fray Alonso Guerra salió de aquel obispado promovido á otro en el reino de México, como dijimos arriba, no sé cosa en particular que tractar, más que le sucedió el reverendísimo Liaño, varon apostólico y de grandes virtudes; fué Nuestro Señor servido llevarlo para sí dentro de pocos años despues que llegó á su obispado; á quien sucedió el reverendísimo don fray Ignacio de Loyola, fraile descalzo, que hasta agora lo gobierna loablemente.

[CAPITULO VII]
DE EL LICENCIADO VACA DE CASTRO, BLASCO NUÑEZ VELA Y DON ANTONIO DE MENDOZA

Habiendo brevemente tractado, no conforme á las calidades de las personas, de los reverendísimos obispos é ilustrísimos arzobispos deste reino, por no quedar cortos, con la brevedad que más pudiéremos tractaré, y con toda verdad, sin género de adulacion ni malevolencia, de los Virreyes que he conocido en estos reinos de cincuenta[5] años á esta parte, y tomando un poco atrás la corrida.

El primero que los gobernó despues de la muerte del marqués de Pizarro, por Su Majestad, fué el licenciado Vaca de Castro, el cual, cuanto al gobierno de los indios y de los españoles, lo que dél se tracta fué buen gobernador, porque desembarcó en la Buena Ventura, y de allí atravesando la gobernacion de Belalcazar vino á la ciudad de Los Reyes; vió la tierra y calidad della y de los indios, que es gran negocio y principio para acertar á gobernar; halló alterado á don Diego de Almagro, y tiranizado el reino; juntó campo contra él, habiéndole primero requerido se redujese al servicio de su rey; dióle batalla campal en Chupas, legua y media de Guamanga, donde le venció y cortó la cabeza como á traidor; allanó la tierra, hizo ordenanzas buenas, conforme al tiempo, para los indios y españoles, principalmente mandando que para el servicio de los tambos, y aderezarlos, sirviesen los mismos que el Inga tenia señalados; estas ordenanzas se guardaron algunos años; ya no hay memoria dellas.

Sucedióle el Visorrey Blasco Nuñez Vela, que luego le prendió é puso en un navio en el puerto del Callao; de allí fué á España, donde muchos dias y años estuvo preso; la causa no sé, mas despues salió de allí y fué presidente del Consejo de Indias.

Blasco Nuñez Vela, por no moderar su condicion y dejar las cosas para su tiempo, perdió en la batalla de Quito la vida, y puso el reino en riesgo de que perpétuamente se apartase de la corona de Castilla. Es suma prudencia en un Rey y en un Virrey disimular cuando no se puede hacer otra cosa, so pena que se recrecerán gravísimos males, irremediables por fuerzas humanas; desto en las divinas Escripturas leemos una prudencia digna de ser imitada, y para esto se puso y escribió por órden del mismo Dios, en David, el cual, no se hallando poderoso para castigar á su sobrino y capitan general Joab la muerte de dos capitanes generales que habia cometido, Abner, hijo de Ner, y Amasa, disimuló con él, y el castigo cometió á su hijo Salomón, el cual hízolo por superior mandado, y aunque David dilató el castigo, no por eso le reprehende la Escriptura. No es inconveniente seguir el tiempo que pide el tiempo.

Al Virrey Blasco Nuñez Vela sucedió el prudentísimo y bonísimo Visorrey don Antonio de Mendoza, primero Visorrey de Méjico; el cual, por venir muy enfermo, y acabar presto sus dias en este reino, no sé cosa notable que dél se pueda tractar, sino que así enfermo y tendido en la cama era temido y amado de los españoles y naturales.

[CAPITULO VIII]
DEL MARQUÉS DE CAÑETE

Al Visorrey don Antonio de Mendoza sucedió don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, cuya memoria permanece con alabanza perpétua; varon realmente de muchas y admirables virtudes, dignas de ser imitadas de todos sus subcesores, y alabadas de los historiadores, y puestas sobre las nubes, pues para tractar dellas se requeria otro talento qu'el mio, y facundia más aventajada; por lo cual confieso ser atrevimiento mio, criado (puedo decir) en estas remotas partes, á quien lenguaje y órden de escribir le falta, que ni he visto cortes de Reyes ni príncipes, ponerme á escribir lo que otros, haciéndome grandes ventajas, han reusado; mas viendo que no era decente que sus virtudes y hechos en el rio del olvido quedasen anegados, en breve escribiré lo que todo este reino de su gran cristiandad experimentó, ánimo generosísimo, entrañas más que de padre para los pobres, afabilidad para los humildes y pecho para rebatir los ánimos soberbios, y finalmente, mereció ser llamado padre de la patria.

Partió de España el año de 56, y llegando con buen tiempo á Tierra Firme, halló en ella muchas cartas de la Audiencia de Los Reyes, en que le avisaban que don Pedro Luis de Cabrera, vecino del Cuzco, se habia retirado medio casi rebelado á la ciudad de San Miguel de Piura, teniendo en su compañia algunos de los notablemente culpados en la rebelion y tirania de Francisco Hernandez Giron, uno ó dos de los cuales habian sido sus capitanes, por lo cual viese lo que convenia ser hecho; y porque se entienda lo que vamos tractando, don Pedro Luis de Cabrera, caballero conocido, natural de Sevilla, era vecino (como dijimos) del Cuzco, y de muy buen repartimiento; concluida la guerra de Francisco Hernandez, y tirania, donde sirvió muy bien, bajando á Lima no sé con qué ocasion, con alguno ó con todos de los Oidores se desabrió, por ventura por la compañia que sustentaba, y desabrido se vino con los suyos á Trujillo, de Trujillo á Piura, donde muchas veces fué requerido por la Audiencia de Los Reyes despidiese aquellos traidores; si no, procederian contra él.